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La Invasión del Canal de Panamá


Durante el gobierno de Richard Nixon, el Secretario de Estado, Kissinger firmó con el Ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Juan A. Tack, un acuerdo de principios que serviría de base para las nuevas negociaciones. Pero la administración Carter fue aún más flexible y contemporizadora, así que se reiniciaron las negociaciones para nuevos Tratados y el 7 de septiembre de 1977, en un solemne acto, en la sede de la OEA, Carter y Torrijos estamparon su firma. Se eliminaba el Tratado de 1903 y, en consecuencia, la cláusula de la perpetuidad; las bases militares y diversas áreas en uso por el canal revertirían gradualmente hasta pasar enteramente a manos panameñas el último día del siglo XX. Otro tratado proclamaba la neutralidad de Panamá como medio de garantizar la seguridad del Canal; pero este triunfo, sin duda notable, quedaba empañado por una cláusula según la cual el Pentágono podía enviar en cualquier tiempo fuerzas armadas al Canal para garantizar su neutralidad.

Como parte de los acuerdos entre ambos países, Torrijos se comprometió a restablecer la democracia en el Istmo, la libertad de prensa, los partidos políticos y a celebrar elecciones para elegir un nuevo gobierno. En realidad, no perdió el control del país, sino que se replegó a un plano menos visible.

Tras la muerte de Torrijos en un no aclarado accidente aéreo que su familia imputa al general Manuel A. Noriega en asociacion con la CIA, le sucedieron al frente de la Comandancia de las ahora Fuerzas de Defensa otros dos oficiales, que duraron muy poco tiempo. En 1983, Noriega asumió la Comandancia, la dictadura adquirió un carácter mucho más férreo y sangriento y la corrupción alcanzó niveles nunca antes conocidos, al igual que el tráfico de inmigrantes, en especial cubanos y chinos; pero, lo peor fue el incremento del narcotráfico que, protegido por Noriega y sus secuaces, hinchó las cuentas bancarias de la oficialidad y de los civiles que les servían.

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La presidencia de la República la ocupaba Ardito Barletta, pero el descontento popular era cada vez mayor y, una tras otra, se sucedían las manifestaciones multitudinarias y constantes de los gremios de educadores, médicos, odontólogos y afines. Incluso el progobiernista Consejo Nacional de Trabajadores se echó a la calle. Noriega utilizó como recurso de disuasión el terror: en primer lugar ordenó apresar al líder de los médicos Mauro Zúñiga, quien fue secuestrado y torturado; poco después ordenó arrestar al médico guerrillero Hugo Spadafora, cuyo cadáver, degollado por las Fuerzas de Defensa tras haber sido cruelmente torturado hasta la mutilación, apareció en Costa Rica el 14 de septiembre de 1985. Desde el extranjero el Presidente Ardito Barletta ordenó investigar dicho crimen, que había conmovido profundamente la sensibilidad panameña, no acostumbrada a estas atrocidades. A su regreso a Panamá, el presidente fue obligado a renunciar a su cargo, que pasó a ocupar entonces el primer vicepresidente, Eric Arturo del Valle, cuyo gobierno se plegó sumisa e incondicionalmente a Noriega.

Tras la caída de Ardito, algunos sectores gubernamentales de Estados Unidos acorralaron a Noriega debido a sus probados vínculos con el narcotráfico, que se habían hecho divulgado en la prensa internacional, y a sus equívocas relaciones con Cuba; otros, sin embargo, preferían dejar las cosas como estaban, puesto que Noriega era un agente de confianza a sueldo de la CIA desde los tiempos en que era teniente (“Our Man in Panamá”, así que era mejor dejarlo allí).

En este estado de cosas, el 6 de junio de 1987 estalló la crisis que acabaría con Noriega y su dictadura. Ese día, uno de los miembros del Estado Mayor, Roberto Díaz Herrera, primo de Torrijos y resentido con Noriega por haberle jubilado, hizo pública toda la corrupción del régimen y sus nexos con el negocio de la droga; la importancia de esta denuncia residía en que se ponía sobre la mesa una situación tácitamente conocida y, además, que era hecha por un hombre del círculo íntimo de las Fuerzas de Defensa. Sus declaraciones a la prensa produjeron el efecto de un incendio y todo el país se movilizó. Pronto, las multitudes invadieron las calles por cientos de millares de personas, vestidas de blanco, que ondeaban pañuelos del mismo color (el blanco fue el símbolo de la resistencia civilista). La fuerza de estas manifestaciones contuvo durante las primeras semanas al Dictador, que no atinaba a definir una línea de actuación, mientras que el gobierno y la economía se paralizaban. El viernes, 10 de julio, la protesta popular fue tan impresionante que la represión cayó sobre la población con fuerza abrumadora. Se apresaron sin distinción viejos, mujeres y adolescentes que fueron arrastrados a las cárceles atiborradas de delincuentes comunes, drogadictos y enfermos de sida, donde fueron torturados y violados. El régimen de terror empezaba. Las marchas multitudinarias continuaron sucediéndose con fuerza creciente en octubre, pero cada protesta era seguida por una represión cada vez más brutal. Muchos de los líderes de oposición fueron detenidos, torturados y, posteriormente, deportados al extranjero.

En 1988 las protestas seguían, pero la situación se iba tornando cada vez más intolerable para el pueblo panameño, que sentía como se destruía su proyecto de vida. Familias enteras emigraron; otros huyeron de grado o fueron forzados a exiliarse. Agotados todos los recursos de la resistencia pacífica, con la economía paralizada y carente de los medios más elementales, la sociedad empezó a perder esperanza. Las fuerzas cívicas del país reconocían su impotencia para ganar la batalla contra Noriega y comenzaron los primeros signos de agotamiento. Este año, tras la acusación contra Noriega en una Corte de los Estados Unidos por sus nexos con el narcotráfico, y en un débil intento de frenar el acelerado deterioro que iba ahogando al país, el presidente Del Valle trató de destituir al Comandante, pero éste dio una vuelta de torno a la situación e hizo que la Asamblea Nacional destituyera al presidente, que reemplazó por otro títere, Manuel Solís Palma, que igualmente fue sustituido por otro presidente servil, Francisco Rodríguez. No quedaba la menor sombra de institucionalidad. En las elecciones de mayo de 1989 la sangrienta paliza que tropas de choque norieguistas dieron a algunos líderes de la oposición, incluyendo a uno de los principales candidatos, así como el asesinato de un guardaespaldas, fue filmada y recorrió las pantallas del mundo. La situación era cada vez más angustiosa.

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Se comprende que para la inmensa mayoría de los panameños fuese un alivio que, el 20 de diciembre de 1989, el ejército de Estados Unidos invadiese el país con intención de someter el régimen dictatorial y apresar a Noriega. En la operación “Just Cause” participaron veintiséis mil soldados, que utilizaron las técnicas militares más sofisticadas y avanzadas, probadas por primera vez en una población civil. Los ataques por aire y tierra se concentraron en los centros urbanos de Panamá, Colón y Chorrera. Las fuentes oficiales reconocen la muerte de veintitrés soldados norteamericanos, mientras que los cálculos más objetivos estiman en varios centenares los panameños muertos y pérdidas materiales por encima de los doscientos millones de dólares. Dadas las circunstancias en que se produjo la invasión y el estado de desesperación en que se encontraba el país bajo la opresión norieguista, “Just Cause” no produjo un gran trauma psicológico ni tampoco se consideró una herida irreparable a la soberanía nacional, percepción que no es compartida por los familiares de las víctimas y sus allegados, ni por algunos intelectuales nacionalistas, ni por los miembros del partido entonces en el poder, el PRD, muchos de los cuales perdieron la vida y quedaron políticamente defenestrados.

Noriega fue capturado el 3 de enero de 1990, tras lo cual, agentes de la DEA lo trasladaron a Tampa (Florida), donde fue enjuiciado y condenado por sus nexos con el narcotráfico internacional.

Tras la muerte de Arnulfo Arias sus seguidores, que habían logrado preservar el partido panameñista, vencieron por abrumadora mayoría en las turbulentas elecciones de 1989, al igual que los demás partidos de oposición a la dictadura. Ante la imposibilidad de amañar los resultados, Noriega ordenó declarar nula la elección. Pero tras la invasión norteamericana de diciembre de ese mismo año, el gabinete electo tomó posesión del gobierno. Al frente de éste se situó al fiel seguidor de Arias, Guillermo Endara Galimani, quien restableció prácticas democráticas que no se reconocían desde el golpe militar de 1968. Además restablecer la institucionalidad democrática, el gobierno de Endara consiguió levantar la economía del país, virtualmente en ruinas después de los tres últimos años de crisis y de la invasión militar norteamericana. Sin embargo, tanto el Partido Arnulfista como los demás partidos de oposición a la dictadura perdieron la siguiente contienda electoral que se celebró en 1994, debido a su incapacidad de establecer una alianza efectiva que ofreciera un frente común contra del Partido Revolucionario Democrático (PRD), poderosa agrupación política creada por el torrijismo y defensor del régimen dictatorial de Noriega. El PRD venció así con el 33% de los votos emitidos en un torneo que se celebró en un festivo y sereno ambiente democrático. El Presidente elegido fue Ernesto Pérez Balladares, que perdió en agosto de 1998 un referéndum convocado para permitir su reelección. En las elecciones celebradas en 1999 resultó ganadora la candidatura opositora del Partido Unión por Panamá, encabezada por Mireya Moscoso, viuda del antiguo presidente Arnulfo Arias. Esta administración asumió el control en el año 2000 del Canal interoceánico.

Estudios recientes han periodizado la historia económica del último cuarto de siglo en cuatro fases. La primera, de 1974 a 1982, tuvo lugar durante el llamado “proceso revolucionario” de la dictadura torrijista, momento durante el cual el gobierno asumió préstamos cuantiosos del exterior, lo que permitió que el gasto público jugara un papel anticíclico frente a la crisis petrolera mundial de 1973-1974. La presencia de este ingente financiamiento externo permitió a la vez que se acometieran grandes inversiones públicas, orientadas al fortalecimiento de infraestructuras económicas y sociales y a la creación de diversas empresas estatales. Durante este período, según los analistas, el producto interno bruto se elevó al 6.8%, cuando en la década anterior había sido de 4.3%.

La siguiente fase se extiende de 1983 a 1987, y ha sido calificada como de “agotamiento del modelo”. Aumentó la deuda externa y se produjo la crisis socio-política que estalló en junio de 1987. Durante el breve lapso de tiempo comprendido entre 1988 a 1989, la economía panameña se deprimió aceleradamente debido a las sanciones aplicadas por los Estados Unidos contra la dictadura norieguista. Tras la invasión norteamericana de diciembre de 1989, los negocios fueron saqueados masivamente y la economía quedó literalmente en ruinas. El restablecimiento de la democracia a partir de 1990 inicia una nueva etapa en la historia del país, en la que se aplicó un modelo de desarrollo inspirado en los modernos conceptos neoliberales de globalización. En todo caso, lo mas destacable es el gradual proceso de normalización política y económica. Afortunadamente, Panamá ha vuelto ha ser el país de intercambio y relación que siempre había sido.

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