Anuncios

Desarrollo Militar de la Guerra Civil Española


El 17 de julio de 1936 se iniciaba la sublevación en los territorios que formaban el Protectorado Español en Marruecos. En días sucesivos, la rebelión se extendió a varias guarniciones instaladas en la Península.

A finales del mismo mes, España quedaba dividida en dos zonas: los rebeldes dominaban toda Galicia, León, Castilla la Vieja, salvo Santander, la mayor parte de Aragón, las Islas Baleares, excepto Menorca, las Islas Canarias, Cádiz, el Protectorado marroquí, Navarra, y algunos núcleos aislados en Oviedo, Sevilla, Granada y Córdoba.

El Gobierno controlaba el resto de España, con la problemática de que la franja costera al Mar Cantábrico quedaba aislada del grupo central. En total, los militares gobernaban unos 175.000 kilómetros cuadrados, Marruecos incluido, y la República unos 350.000 kilómetros cuadrados con el triple de población. Lo que resultaba evidente era que el Pronunciamiento como tal había fracasado y degenerado en una Guerra Civil.

liberacion

Esta división de España en dos bloques corresponde con la que el país ofrecía en las elecciones de febrero de 1936. Casi toda la España conservadora se alineó con el Alzamiento, mientras que las regiones con fuerte censo proletario o de partidos del Frente Popular continuaron leales al gobierno republicano.

El objetivo prioritario de las fuerzas nacionales era la toma de Madrid. En los primeros días de agosto, 14.000 hombres del ejército de África, bien pertrechados, cruzaban el estrecho de Gibraltar con la importante colaboración de la aviación italiana y del acorazado alemán Deutschland. Franco, al mando de estas tropas, estableció pronto contacto con Queipo de Llano en Sevilla. Rápidamente se inició la marcha hacia Madrid a través de Extremadura, por el valle del Tajo. Con la caída de Talavera, el peligro sobre Madrid se cernió de una forma total.

El 30 de septiembre los nacionalistas tomaban Toledo, donde el alcázar había resistido un asedio de 70 días por parte de los republicanos. La Batalla de Madrid consta de varias fases:

Después de la conquista de Getafe el 5 de noviembre, llegaban los nacionales a los arrabales de Madrid. El 6 el gobierno republicano abandonaba Madrid con lo que prácticamente era declarada ciudad abierta. En su lugar se instaló una Junta de Defensa presidida por el General Miaja. De todas formas, su papel hubiera sido nulo sin la colaboración del pueblo madrileño, que a la consigna de No pasarán, se lanzó a la defensa de su ciudad de una forma sorprendente. Pocos días después entraban en liza las primeras Brigadas Internacionales. A principios de diciembre el ataque frontal a Madrid fracasaba.

A partir de este momento, se comprendió que la guerra iba a ser larga. El rápido avance del ejército nacional se había visto facilitado por la inexperiencia de las animosas Milicias Republicanas, pero ya empezaban a surgir los embriones del Ejército Popular y el enfrentamiento de dos ejércitos. La Batalla del Jarama es el segundo intento de conquistar Madrid, que igualmente acabaría en fracaso para los nacionales, a pesar de algunas ganancias territoriales, llevando las Brigadas Internacionales el mayor peso.

La Batalla de Guadalajara en marzo de 1937 fue el último intento importante de los nacionales para conquistar Madrid. La batalla fue cuidadosamente preparada por el cuerpo de tropas voluntarias de Mussolini. El 8 de marzo, 50.000 italianos rompían el frente republicano y avanzaron a lo largo de la carretera Zaragoza-Madrid, mientras que el general Moscardó llegaba a Torija. La reacción republicana fue total. Detuvo el ataque italiano y contraatacó recuperando casi todo el territorio perdido y recogiendo abundante material que los italianos dejaron en su desbandada. El 21 quedaba nuevamente estabilizado el frente. Madrid se había salvado de nuevo.

Entre el 6 y el 26 de julio de l937 se desarrolló la Batalla de Brunete. Fue la última de las grandes batallas en torno a Madrid y fue de iniciativa republicana en el intento de cercar a las tropas nacionales en la Ciudad Universitaria y en la Casa de Campo. A pesar de alguna ganancia territorial, los objetivos republicanos no fueron cubiertos.

Los primeros ataques contra la zona republicana del Norte de España provinieron de Navarra, ya en los comienzos de la guerra con el intento de aislar este territorio de la frontera francesa. En el mes de agosto de 1936, los nacionales tomaron Irún y San Sebastián. Pero será después de la Batalla de Guadalajara cuando los nacionales comiencen su verdadero ataque.

El 20 de abril se retiraba el ejército vasco hasta Bilbao. El 26 se producía el bombardeo de Guernica.

El 28 del mismo mes de abril los nacionales entraban en Durango. El 14 de agosto comenzaba el ataque a Santander, que fue tomado el 24 del mismo mes. El 1 de septiembre, comenzaba la conquista de Asturias. El avance, en un principio, fue lento debido a la resistencia de los asturianos republicanos y a que los nacionales tuvieron que destinar parte de dichas tropas y también aviación para contener la ofensiva republicana en Belchite.

A partir del 14 de octubre, con la ruptura del frente en Infiesto, el avance nacional se convirtió en un paseo militar.

El frente aragonés se había mantenido en una gran calma hasta la batalla de Belchite. Fueron las tropas republicanas las que tomaron la iniciativa con el objetivo de tomar Zaragoza. El l5 de diciembre nuevamente tomaban la iniciativa las tropas republicanas, comenzando el ataque a Teruel, que fue tomado el 8 de enero de l938 pero que nuevamente sería retomado por los nacionales el 20 de febrero.

La batalla de Teruel significó un profundo desgaste para el ejército republicano. La desmoralización llegaba, incluso, el propio ministro de Defensa, Indalecio Prieto, hecho que facilitó enormemente la siguiente ofensiva nacionalista en Aragón. El día 3 de abril caía Lérida, días después Castellón. La batalla del Ebro sería el último gran intento de la República para poner en contacto ambas zonas leales.

El 25 de julio cruzaban el Ebro, por sorpresa, las unidades republicanas del recién organizado Ejército del Ebro, logrando la posesión de una bolsa de varias decenas de kilómetros de profundidad. Pero la rápida reacción de los nacionales detuvo el ataque republicano. El éxito republicano en el paso del Ebro demostró una vez más la disposición de la República de resistir hasta el fin.

Pero los republicanos quedaron totalmente agotados y sin posibilidad de renovar su material bélico debido al nuevo cierre de la frontera francesa. En cambio los nacionales, gracias a los nuevos acuerdos mineros entre Salamanca y Berlín, recibieron nuevos suministros. El 4 de febrero, los nacionales ocuparon Gerona; el día 6 los dirigentes de la República, Azaña, Negrín, Companys, Aguirre y Martínez Barrio cruzaron la frontera.

El desenlace final de la Guerra Civil constituyó una trágica ironía: terminó como había empezado, con el pronunciamiento de un militar. En sus propios resentimientos y ambiciones, el coronel Casado, jefe del Ejército del Centro, el único todavía en pie de guerra, soportaba con disgusto el monopolio comunista de cinco de los ocho mandos operacionales y estaba despechado por la interferencia soviética en su plana mayor. Cuando estuvo claro que los comunistas proyectaban destituirle, implantó en Madrid un Comité de Defensa compuesto por grupos anticomunistas de los socialistas reformistas de Besteiro y de la CNT.

El Comité rechazó la autoridad de Negrín, y con ella su intención declarada de resistir hasta el fin. Madrid quería la paz y sobre este sentir común se levantaba la popularidad de Casado, que esperaba pactar él mismo con Franco y aparecer como el soldado de la paz, ambición que no se cumplió, como ninguno de los intentos de una paz negociada, debido a la insistencia de Franco en una rendición incondicional.

Para coronar su semejanza con Franco, Casado pretendía salvar a España del comunismo. El resultado de la rebelión fueron seis días de guerra civil en la capital republicana entre los comunistas y las fuerzas leales al Comité de Defensa. Cuando finalizó esa lucha, había desaparecido el último ejército republicano. La Guerra Civil había terminado.

Anuncios