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Carlos IV


Carlos_IV_de_rojoCarlos IV (1748-1819), rey de España (1788-1808), sus gobiernos hubieron de hacer frente a las consecuencias de la vecina Revolución Francesa. Hijo de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, nació el 11 de noviembre de 1748 en Portici (residencia real de su padre, entonces rey de Nápoles, y en la actualidad perteneciente al área suburbana de la ciudad italiana de Nápoles). En 1765, contrajo matrimonio con María Luisa de Parma. Llegó al trono con cuarenta años, tras el fallecimiento paterno, y, aunque no estaba exento de experiencia política, carecía del talento y la energía que las circunstancias en que iba a verse envuelto requerían.

PRIMEROS AÑOS DE SU REINADO

El inicio del reinado de Carlos IV, con el gobierno en manos de José Moñino, conde de Floridablanca, marcó un intento de continuidad, cada vez más controlada, del reformismo ilustrado. Se trató de poner trabas a la acumulación de bienes en manos muertas civiles y eclesiásticas, se tomaron medidas para impedir el acaparamiento y la especulación de grano, derivados de las crisis agrícolas, y se fomentó la libertad industrial y comercial. El periodo estuvo definido por la oposición radical a las ideas de la Revolución Francesa, razón por la cual se adoptó la denominada política de ‘cordón sanitario’, destinada a impedir su penetración en España.

El conde de Aranda, sucesor de Floridablanca desde febrero de 1792, tuvo como objetivo primordial el mantenimiento de una sólida neutralidad armada en los escasos meses de su gestión, la cual apenas duró hasta noviembre de ese año.

EL GOBIERNO DE GODOY

A partir de este momento y salvo un corto intervalo, Manuel Godoy dominó el panorama político español; los acontecimientos precipitaron su encumbramiento desde la Secretaría de Estado. Godoy era un asiduo en los ambientes de la corte, un hombre de ideas ilustradas que se mostraba tradicional y antirrevolucionario en lo que afectaba a la estructura política del Estado. No contaba, sin embargo, con la simpatía de los círculos de la ilustración española.

El progreso de las reformas, aunque con sobresaltos, continuó. Adquirió un gran desarrollo la obra cultural emprendida durante el gobierno de Carlos III, y surgieron nuevas instituciones de corte moderno como el Real Colegio de Medicina o el Observatorio Astronómico, junto con no pocas escuelas de artes y oficios. La promoción de las manufacturas o el fomento de las Sociedades Económicas de Amigos del País marcaron también una línea de continuidad de la política ilustrada.

Pero el gobierno de Godoy tuvo una piedra de toque fundamental en sus relaciones con la Francia revolucionaria, que determinaron la política interior y exterior, extraordinariamente unidas. Esta circunstancia, agravada por el ajusticiamiento de Luis XVI en enero de 1793, dio lugar a largos años de desastrosa guerra. En una primera fase, España emprendió la denominada guerra de la Convención (o guerra de los Pirineos) que se saldó con la Paz de Basilea de 1795. Posteriormente, entró en la órbita de Francia, lo que implicó, después de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796), la ruptura con Gran Bretaña. La lucha planteada en el mar en los años siguientes le fue desfavorable. Además, Godoy se vio en la difícil situación de mantener una alianza con Francia al tiempo que, en el interior, se llevaba a cabo un verdadero combate frente a las ideas revolucionarias promovidas por aquélla. Todo ello provocó, en 1798, su caída.

Vuelto al poder en 1801, Godoy intentó desvincularse de la política francesa, en manos ya de Napoleón Bonaparte, sin demasiado éxito, hasta que, en 1804, la aparición del partido fernandino, liderado por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), le orientó de nuevo a la colaboración con el país vecino. La alianza trajo la guerra, y ésta el desastre de Trafalgar (1805), que supuso un golpe durísimo para la Marina de guerra española.

ABDICACIONES DE CARLOS IV

A partir de 1806, la situación política fue cada vez más difícil, y ello condujo a los sucesos de marzo de 1808 (motín de Aranjuez), los cuales provocaron la primera abdicación de Carlos IV en la persona de su hijo Fernando. Su segunda abdicación tuvo lugar el 6 de mayo de ese año, en la localidad francesa de Bayona, y benefició al emperador Napoleón I Bonaparte, en quien depositó la autoridad regia española, forzado tanto por la presencia de tropas francesas en España, en tránsito teórico hacia Portugal, como por la posición de su hijo Fernando, quien, a su vez, había abdicado en su propio padre en la misma fecha.

Desde entonces, comenzó para Carlos, y para su esposa, un verdadero exilio que habría de comenzar en territorio francés (Compiègne y Marsella) y que finalizaría en Italia, en cuya ciudad de Roma falleció el 20 de enero de 1819, sin que su hijo, el entonces rey español Fernando VII (reinstaurado tras el triunfo de la guerra de la Independencia española), se aviniera a poner fin al destierro de sus progenitores a causa del temor al uso que, en su contra, pudieran hacer sus enemigos liberales de las personas de sus padres.

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