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Carlos II


reyborcarIICarlos II (1661-1700), rey de España (1665-1700), último de la dinastía Habsburgo. Hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, fue toda su vida un ser débil y enfermizo, poco dotado física y mentalmente, lo que no le impidió tener capacidad moral y sentido de la realeza. Su inteligencia estuvo probablemente dentro de los límites de la normalidad, aunque su formación y su cultura fueron escasas. Casado en dos ocasiones, con María Luisa de Orleans (1679) y Mariana de Neoburgo (1689), no logró tener hijos. Su carácter débil, que no excluía esporádicos accesos de cólera y una cierta terquedad, le hizo depender, en exceso, de las opiniones o caprichos de su madre y esposas.

REINADO

Carlos II heredó el trono cuando aún no había cumplido los cuatro años, por lo que, de acuerdo con el testamento de Felipe IV, su madre, Mariana de Austria, ejerció la regencia, asesorada por una Junta de Gobierno. El periodo de la regencia (1665-1675/77) estuvo dominado por las luchas entre la reina y sus favoritos (Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela) y la oposición política, capitaneada por el hermanastro del rey, don Juan José de Austria. En 1676, bajo el influjo de su madre, Carlos nombró primer ministro y grande de España a Valenzuela, lo que provocó la reacción de la aristocracia y el golpe de Estado de don Juan José, quien alejó a la reina madre y gobernó como primer ministro durante algo más de dos años (1677-1679) hasta su muerte.

El gobierno de don Juan José supuso el fin de la regencia y el inicio del reformismo aristocrático, que fue continuado por sus sucesores, el duque de Medinaceli (1680-1685) y el conde de Oropesa (1685-1691). Tras la caída de éste, la última década del reinado se caracterizó por el debilitamiento del reformismo, el paso al primer plano del problema sucesorio y la intromisión constante de la reina, Mariana de Neoburgo, en la vida política.

Durante la época de Carlos II, las iniciativas reformistas pusieron las bases para la recuperación económica de Castilla. En el exterior, la Monarquía se vio envuelta en cuatro guerras determinadas por el expansionismo de Luis XIV. Sin embargo, no fueron tan largas y agotadoras como las anteriores, y los gobernantes españoles supieron desarrollar, frente a Francia, una hábil política exterior que les llevó a unirse a sus enemigos de la víspera: Países Bajos y Gran Bretaña. Al final del reinado, la Monarquía se mantenía casi intacta, con las únicas pérdidas del Franco Condado (1678) y una serie de plazas en la zona fronteriza entre Francia y los Países Bajos, así como del reino de Portugal (1668), al cual se había intentado anexionar a la Monarquía Hispánica desde tiempos de Felipe IV.

EL PROBLEMA SUCESORIO

Las frecuentes enfermedades del rey y la falta de sucesión alimentaron durante su reinado las negociaciones entre los príncipes europeos para el reparto de los territorios de la Monarquía. Pero la obsesión por mantener unida la herencia de sus mayores fue seguramente uno de los motivos que determinaron el último testamento de Carlos II, en el que, a pesar de las pretensiones de los Habsburgo, declaró heredero al duque de Anjou, futuro Felipe V. Para ello, hubo de vencer, sin duda, la aversión que durante toda su vida le inspiró todo lo francés, alimentada por las constantes agresiones de Luis XIV.

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