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Trabajadores, inmigrantes




La industrialización trajo consigo el surgimiento de los trabajadores organizados. La Federación Norteamericana del Trabajo, fundada en 1881, era una coalición de sindicatos para obreros calificados. No se pronunciaba por el socialismo, sino en favor de mejores salarios y menos horas de trabajo. Alrededor de 1900, un obrero no calificado trabajaba 52 horas semanales por un salario de nueve dólares. En la década de 1890, el descontento por los salarios bajos y las condiciones insalubres de trabajo desató una ola de paros en el trabajo industrial, algunos de ellos violentos. Varios obreros y guardias resultaron muertos durante una huelga de la fábrica de Carnegie Steel en Homestead, Pennsylvania, en 1892. En 1894 se enviaron tropas del ejército a Chicago para poner fin a una huelga de trabajadores ferrocarrileros.

Entre 1819 y 1955, más de 40 millones de inmigrantes entraron a Estados Unidos, lo que constituye la más grande inmigración de la historia. En el corto lapso de unos 350 años se pobló todo un continente y se construyó una sociedad industrial con un grado elevado de diversificación y de pericia. De todas las tradiciones, costumbres e instituciones heredadas de muchos países, el idioma inglés se convirtió en la principal influencia unificadora. Hoy, los 260 millones de habitantes de Estados Unidos, en sus 50 estados, hablan el inglés.

Con frecuencia encontraban prejuicio de los nativos, quienes desde luego eran a su vez descendientes de otros inmigrantes. Ante la insistencia de los trabajadores que veían con temor a los inmigrantes asiáticos debido a su disposición a aceptar salarios bajos por el trabajo no calificado, la legislación federal prohibió la entrada a los chinos en 1882. Los japoneses fueron excluidos en 1907, pero muchos otros inmigrantes tenían libertad para entrar a Estados Unidos. Aun así, Estados Unidos les ofrecía mayor libertad religiosa y política, y mayores oportunidades económicas de las que podían encontrar en sus países de origen. El inmigrante de primera generación normalmente tenía que luchar contra la pobreza, pero sus hijos y nietos podían alcanzar bienestar económico y éxito profesional. Desde la fundación de Jamestown, la primera colonia europea permanente en Norteamérica, en 1607, Estados Unidos ha acogido a dos terceras partes de todos los inmigrantes del mundo: un total de 50 millones de individuos.

Para los agricultores de Estados Unidos, la última parte del siglo XIX fue un período difícil. Los precios de los alimentos bajaban, y el agricultor tenía que soportar el peso de las altas tarifas de embarque por ferrocarril, hipotecas caras, e impuestos y aranceles elevados sobre los bienes de consumo. Se crearon varias organizaciones nacionales para defender los intereses de los pequeños agricultores: los Granjeros en 1867, la Alianza Nacional de Agricultores en 1877, y el Partido Populista en la década de 1890. Los populistas pedían la nacionalización de los ferrocarriles, un impuesto progresivo sobre el ingreso y una relorma monetaria. En 1896 apoyaron al candidato presidencial demócrata, William Jennings Bryan, de Nebraska. Gran orador, Bryan realizó una activa campaña nacional, denunciando los consorcios, los bancos y los ferrocarriles. Obtuvo los votos de los estados agrícolas del sur y del oeste, pero perdió las elecciones frente a William McKinley, republicano conservador.

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