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La Nueva Frontera y la Gran Sociedad




En 1960 el demócrata John F. Kennedy fue elegido presidente. Joven, vigoroso y atractivo, Kennedy prometió “poner de nuevo en marcha al país”; avanzar sin descanso hacía una Nueva Frontera. Pero uno de sus primeros experimentos en política exterior fue un desastre. En un esfuerzo por echar abajo la dictadura comunista de Fidel Castro en Cuba, Kennedy apoyó una invasión de la isla por un grupo de exiliados cubanos que habían sido adiestrados por la Agencia Central de Inteligencia. En abril de 1961 los exiliados llegaron a la Bahía de Cochinos donde fueron capturados casi inmediatamente.

En octubre de 1962 aviones de observación descubrieron que la Unión Soviética instalaba proyectiles nucleares en Cuba, lo suficientemente cerca pare atacar ciudades norteamericanas en cuestión de minutos. Kennedy impuso un bloqueo a Cuba y el primer ministro, Nikita Khrushchev, finalmente accedió a retirar los proyectiles a cambio de la promesa de los estadounidenses de no invadir a Cuba.

En abril de 1961 los soviéticos se anotaron otro triunfo en el espacio: Yuri Gagarin pasó a ser el primer hombre en describir una órbita en torno a la Tierra. El Presidente Kennedy respondió con la promesa de poner un hombre en la Luna antes de terminar la década. En febrero de

1962 John Glenn hizo el primer viaje orbital de Estados Unidos y fue aclamado como héroe a su regreso (de la misma forma como Charles Lindbergh había sido aplaudido 35 años antes cuando realizó el primer vuelo solo y sin escalas a través del Atlántico). Costó US$24 millones de y años de investigación, pero la promesa de Kennedy se cumplió en julio de 1969 cuando Neil Armstrong sacó un pie fuera de la nave Apolo 11 y lo posó sobre la superficie lunar.

En la década de 1960, Martin Luther King Jr., encabezó una campaña no violenta para desagregar en el sur restaurantes, buses interestatales, salas de teatro y hoteles. Sus seguidores tuvieron que enfrentarse a la policía hostil, las turbas violentas, el gas lacrimógeno, las mangueras de agua y los aguijones eléctricos usados para arrear al ganado. La Administración Kennedy trató de proteger a quienes trabajaban en favor de los derechos civiles, y de obtener el derecho al voto para los negros del sur. En junio de 1963 el Gobernador George Wallace, de Alabama, simbólicamente se paró ante las puertas de la universidad estatal para blancos a fin de impedir la admisión de dos estudiantes negros, pero el gobierno federal lo obligó a franquearles el paso. Hablando esa noche ante la nación, el Presidente Kennedy exigió la promulgación de una estricta ley federal de derechos civiles. El 22 de noviembre, antes de poder lograr ese objetivo, Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas. Aunque no fue un presidente al que todos quisieran, su muerte fue un golpe terrible para el pueblo estadounidense.

Lyndon Johnson, vicepresidente que asumió la presidencia a la muerte de Kennedy, aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1964, la cual prohibió la discriminación racial en establecimientos públicos y en cualquier negocio o institución que recibiera fondos federales. Johnson fue elegido para un nuevo período presidencial con amplio apoyo popular en 1964. Alentado por su gran victoria electoral, Johnson envió al Congreso muchos programas sociales que fueron aprobados por este: ayuda federal para la educación, las artes y las humanidades; seguro de salud para los ancianos (Medicare) y para los pobres (Medicaid); viviendas de bajo costo y renovación urbana. La Ley de Derecho al Voto de 1965 finalmente permitió a los negros estadounidenses acudir a las urnas. La discriminación en la inmigración también llegó a su fin: se abolieron las cuotas por origen nacional, lo cual permitió un gran aumento en el número de visas de inmigrante para los asiáticos.

Aunque para entonces la mayoría de los estadounidenses había alcanzado la prosperidad, el libro de Michael Harrington The Other America (Los otros Estados Unidos), de 1962, identificó persistente pobreza: en los barrios bajos urbanos, en la mayoría de los vecindarios de negros y entre los blancos pobres de las montañas Apalaches orientales. El Presidente Johnson respondió con su programa Guerra contra la Pobreza, que incluía educación preescolar especial para los niños pobres, capacitación vocacional para quienes habían abandonado la escuela y empleos de servicio comunitario para los jóvenes de los barrios bajos.

Con todos estos programas, el objetivo de Johnson era construir una gran sociedad: una nación donde la igualdad de oportunidades y una alta calidad de vida fueran el patrimonio de todos. Y en 1965 había muchas razones para sentirse optimista acerca del futuro de la nación. Todas las formas de discriminación racial legal se habían eliminado, la pobreza iba en descenso, y los estadounidenses gozaban de mayor prosperidad y mejor educación que en cualquier período anterior de su historia. Sólo tres años después, la gran sociedad yacía en ruinas, destrozada por la Guerra de Vietnam.

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