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El movimiento progresista



Mientras los estadounidenses probaban suerte en el extranjero, tarnbién veían con nuevos ojos los problemas sociales que tenían en casa. Aunque la economía se hallaba en pleno auge y la prosperidad se extendía, la mitad de la totalidad de los trabajadores industriales aún vivía en la pobreza; muchos de esos trabajadores eran mujeres y niños. New York, Boston, Chicago y San Francisco podían enorgullecerse de sus impresionantes museos, universidades, bibliotecas públicas. . . y atestados barrios bajos. Antes de 1900, el dogma económico vigente había sido el laissez-faire: la menor intervención posible del gobierno en la empresa privada. Despué de 1900, la ideología de moda era el “progresismo”: un movimiento para reformar la sociedad y los individuos mediante la acción del gobierno.

Los trabajadores sociales empezaron a acudir a los barrios bajos para levantar centros de asistencia social que proporcionaban servicios de salud e instalaciones recreativas para los pobres. Los prohibicionistas exigieron que se pusiera fin a la venta de bebidas alcohólicas, en parte para evitar el sufrimiento que los trabajadores en estado de ebriedad imponían a sus esposas e hijos. En las ciudades, los políticos de la reforma lucharon contra la corrupción, reglamentaron el transporte público, crearon empresas municipales de servicio público y redujeron los impuestos mediante un gobierno más eficiente. Muchos estados promulgaron leyes que restringían el trabajo de menores, protegían a las obreras, limitaban las horas de trabajo y estipulaban la compensación de los trabajadores. Las mujeres se manifestaron por el derecho al voto, y para 1914 varios estados habían reconocido ese derecho.

Las revistas populares divulgaron artículos sensacionalistas escritos por los “descubridores de escándalos” (“muckrakers”), periodistas que investigaban y exponían los negocios turbios, la corrupción oficial y la pobreza de las ciudades). En 1906, Upton Sinclair atacó a la industria empacadora de carnes en su novela The Jungle (La jungla). Los lectores de la clase media se sintieron aterrados al saber lo que contenían las salchichas de su desayuno, y pronto se estableció un decreto federal para la inspección de la carne. La Ley de Alimentos y Fármacos Puros (1906) puso freno a la venta de alimentos adulterados y medicinas de patente fraudulenta: y la Ley Harrison (1914) impuso los primeros controles federales efectivos a los narcóticos.

El Presidente Theodore Roosevelt fortaleció la reglamentación federal de los ferrocarriles e hizo cumplir la Ley Antimonopólica Sherman en contra de varias sociedades mercantiles de gran tamaño, incluida la Standard Oil Company. En 1902, Roosevelt puso fin a una huelga del carbón mediante amenazas de intervención armada, no contra los trabajadores, sino contra los inflexibles propietarios de las minas. Este fue un punto decisivo en la política industrial de Estados Unidos: en lo sucesivo, el gobierno ya no se aliaría automáticamente con la parte patronal en las disputas laborales. La Administración Roosevelt también promovió la conservación de los recursos naturales. Se guardaron para las generaciones futuras vastas reservas de bosques, carbón, petróleo, minerales y agua. El Movimiento Progresista fue principalmente un movimiento de economistas, sociólogos, técnicos y servidores públicos: ingenieros sociales que creían en encontrar soluciones científicas y eficientes en cuanto a costos, para todos los problernas políticos.

Algunos ciudadanos preferían ideologías más radicales. El Partido Socialista, con Eugene V. Debs a la cabeza, propugnaba una transición pacífica, gradual y democrática a una economía regida por el estado. Los Trabajadores Industriales del Mundo (o “Wobblies”) convocaron a una huelga general para derrocar al sistema capitalista. Sin embargo, esta organización jamás gozó de un número importante de adeptos, y prácticamente dejó de existir para 1920.

Algunos socialistas fueron elegidos para ocupar cargos locales, pero su partido jamás obtuvo más del 6% de los votos en las contiendas presidenciales. El socialismo nunca ha gozado de mucha simpatía en Estados Unidos, donde los debates económicos generalmente han girado en torno a la cuestión de si el gobierno debe reglamentar a la empresa privada, y hasta qué punto.

Woodrow Wilson, demócrata quien fue elegido presidente en 1912, creía que el gobierno federal tenía la responsabilidad de proteger a la pequeña industria de las sociedades mercantiles de gran magnitud. Como parte de su programa “Nueva Libertad”, Wilson decretó un impuesto personal sobre el ingreso, hizo más rígidas las leyes antimonopólicas contra enormes fusiones corporativas y creó la Comisión Federal de Comercio pará vigilar la competencia industrial injusta. La Ley de la Reserva Federal, de 1913, creó un sistema con control gubernamental, de 12 bancos regionales de reserva, que fortaleció el control público del crédito de la nación. Wilson también promulgó leyes que restringían el trabajo de los menores, otorgaban préstamos con intereses bajos a los agricultores y fijaban una jornada laboral de ocho horas como máximo para los trabajadores ferrocarrileros.

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