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El crecimiento industrial



Durante este período, Estados Unidos se estaba convirtiendo en la potencia industrial más importante del mundo, y hombres de negocios sagaces amasaron grandes fortunas. El primer ferrocarril trascontinental se terminó en 1869. Entre 1860 y 1900 el kilometraje total de vías férreas aumentó de 50.000 a casi 322.000: más que en toda Europa en su conjunto. Para estimular esta expansión, el gobierno federal otorgó préstamos y regaló tierras a los ferrocarriles del oeste.

La industria del petróleo prosperó, dominada por la gigantesca Standard Oil Company de John D. Rockefeller. Andrew Carnegie, quien emigró de Escocia a Estados Unidos sin un centavo, erigió un vasto imperio de fundiciones de acero y minas de hierro que vendió en 1901 por casi US$500.000 millones. En el sur se multiplicaron las fábricas de textiles, y en Chicago y sus alrededores surgieron empacadoras de carne. La industria eléctrica se creó gracias a una serie de inventos: el teléfono, el fonógrafo, el bombillo, las películas animadas, el motor y el trasformador de corriente alterna. En Chicago, el arquitecto Louis Sullivan introdujo la construcción a base de estructuras de acero para dar forma a las ciudades del mundo con una contribución característicamente estadounidense: el rascacielos.

Los estadounidenses del siglo XIX señalaban con orgullo estos logros, y no les faltaba razón. Estados Unidos siempre ha sido hospitalario con los inventores, los experimentadores y los empresarios. La libertad para crear empresas nuevas se debe, en gran medida, a la vitalidad de la economía estadounidense. Pero el crecimiento económico irrestricto creó muchos y muy graves problemas. Algunos negocios crecieron demasiado y se volvieron extremadamente poderosos. La United States Steel Corporation, creada en 1901, era la mayor sociedad mercantil del mundo y producía el 60% del acero de la nación. Para limitar la competencia, los ferrocarriles convinieron en fusionarse y uniformar sus tarifas de embarque. Los “consorcios” (enormes combinaciones de sociedades mercantiles) trataron de establecer un control monopólico sobre algunas industrias, especialmente el petróleo.

Estas empresas gigantes podían producir bienes eficientemente y venderlos a precios bajos, pero también podían fijar dichos precios y destruir a los competidores pequeños. Los agricultores en especial se quejaban de que los ferrocarriles cobraban tarifas altas por transportar sus productos. Entonces como ahora, casi todos los estadounidenses admiraban el éxito en los negocios y creían en la libre empresa; pero también pensaban que el poder de las sociedades monopó1icas debía limitarse para proteger los derechos del individuo.

Una respuesta a este problema era la regulación gubemamental. La Comisión para el Comercio Interestatal se creó en 1887 para controlar las tarifas ferrocarrileras. En 1890, la Ley Antimonopólica Sherman proscribió los consorcios, las fusiones y los acuerdos de negocios”que limitaran el comercio”. Inicialmente, ninguna de estas medidas fue muy efectiva, pero establecieron el principio de que el gobierno federal podía regular la industria para bien de todos.

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