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Robert Surcouf (Saint-Malo)


Tras mi visita a la ciudad Bretona de St. Malo me interesé por saber toda la historia que rodea a esta ciudad ya que según parece es la única ciudad francesa donde en el Hotel de la Ville (Ayuntamiento) ondea la bandera de la ciudad por encima de la bandera francesa. El personaje histórico de St Malo es Robert Surcouf (Saint-Malo, diciembre de 1773 – 8 de julio de 1827) que fue un corsario francés al servicio de Napoleón I.

Fue famoso por enfrentarse al bloqueo continental inglés y por la captura de 47 naves. En 1815 se le nombró coronel de la Guardia Nacional en su población natal, y llevó a cabo expediciones a Angola y Zanzíbar. Los ingleses consiguieron detenerlo, pero en 1817 escapó y regresó al ducado de Bretaña, donde alcanzó el título de barón.

Era reconocido por su galantería y caballerosidad, por lo que fue apodado Roi des Corsaires o rey de los corsarios. Sin embargo, se dedicó con ahínco al lucrativo negocio del tráfico de esclavos, incluso tras la abolición de la esclavitud por la República.

La Armada francesa bautizó como Surcouf a cinco de sus navíos en su honor.

Y, ¿que son los corsarios? (del latín cursus [‘carrera’]) era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.

La actividad de corsario es tan antigua como la navegación. Nació en el Mediterráneo y se remonta a los tiempos homéricos, pero es a partir del siglo XVI, y sobre todo en América, donde adquiere nuevas modalidades, un carácter legendario y nombres que se han hecho muy famosos.

Con frecuencia se suelen emplear distintos nombres para señalar actividades diversas de piratería. Por pirata solía designarse al ladrón que robaba en cualquier mar. Corsario, sin embargo, era aquel pirata que robaba en una embarcación armada, con patente o permiso de su gobierno (carta de marca o patente de corso).

Durante las edades antigua y media, los estados, al carecer de flotas militares, tenían que recurrir a las naves de particulares, los cuales actuaban legalmente atacando a los enemigos y beneficiándose de las riquezas obtenidas. Hasta fines del siglo XVIII, la actividad de corso no empezó a ser condenada.

Otra modalidad de piratería era la ejercida por los bucaneros, inicialmente una especie de aventureros europeos, bastante salvajes, que robaban reses y cerdos en la isla de Santo Domingo y los vendían después a los barcos que atravesaban la zona. Posteriormente se transformaron en feroces piratas. Por último, también se habla del filibustero, nombre dado a ciertos piratas del siglo XVII en las Antillas que lucharon por la emancipación de los dominios españoles de ultramar.

Bucaneros y filibusteros deben mucho a la obra de Alexandre Olivier Oexmelin (o Exquemelin) titulada Bucaneros de América, publicada en Amsterdam, en 1678, reimpresa muchas veces y traducida a varias lenguas. Por ella conocemos a muchos personajes legendarios. Andando el tiempo, las islas de la Tortuga y de Jamaica se convirtieron en importantes fortines y almacenes de bucaneros y filibusteros, entrando también en la leyenda.

Los piratas y corsarios perturbaron gravemente la navegación española a las Indias desde el comienzo, y solían intensificar su actividad en tiempos de guerra. Entre 1520 y 1559 predominaron los piratas y corsarios franceses (en 1522, el corsario francés Jean Florin se apoderó del tesoro de Moctezuma enviado por Hernán Cortés al emperador Carlos V). De 1560 a 1648, fueron los corsarios ingleses y holandeses, con personajes como Jacques Sore, François Le Clec, ‘Pie de Palo’, los Hawkins (William y su hijo John), y Francis Drake, protegido de la reina Isabel I de Inglaterra. Durante el siglo XVII, cabe recordar a Bartolomé Portugués, Rock Brasiliano, Francisco l’Olonais, Lorencillo y Henry John Morgan. Cuando la Corona española quería proteger la flota de las Indias que transportaba los tesoros americanos, organizaba unos convoyes bien defendidos contra los que no se atrevían los corsarios. Pero, generalmente, los particulares solían incumplir las ordenanzas de seguridad y sufrían a veces asaltos y extorsiones. Las zonas más vulnerables del Atlántico y en las que solían atacar los corsarios eran los aledaños del Caribe y, al llegar a Europa, la zona comprendida entre las Azores y el golfo de Cádiz.


Saint Malo Ubicación : 48°38’53?N 2°00’27?W

Saint-Malo (Saent-Malo en galó y Sant-Maloù en bretón) es municipio del departamento de Ille-et-Vilaine, en Bretaña (Francia). Situada cerca del canal de la Mancha en la desembocadura del río Rance es una ciudad amurallada de gran valor histórico, además de ser un centro turístico, zona portuaria y terminal del ferry que la comunica con Portsmouth (Gran Bretaña). Se encuentra junto a la D-355 entre Dinard (12 Km.) y Cancale (14 Km.), a 23 Km. de Dinan, 65 Km. de Cap Fréhel, 69 Km. de Rennes, 160 Km. de Lannion y a 330 Km. de La Rochelle. Es conocida como la ciudad corsaria. Sus habitantes no se consideran ni franceses ni bretones, sino de Saint-Malo, por lo que se denominas los Malouins.

En 1967, las ciudades vecinas de Servan y Paramé quedaron incorporadas al moderno Saint-Malo. Aunque esta ciudad data del siglo VI, la mayor parte de sus edificios son réplicas modernas de los originales, construidos durante la década de 1950, al ser destruidos por completo durante la II Guerra Mundial. Saint-Malo fue centro de operaciones durante la ocupación alemana de Francia en la II Guerra Mundial, y en la que las fuerzas alemanas resistieron de forma tenaz los ataques de los aliados en agosto de 1944, lo que provocó su bombardeo hasta su rendición.

La ciudad cuenta con una importante historia naval que se desarrolla en torno a su puerto. Aquí nacieron marinos tan famosos como Jacques Cartier (1491-1557) y René Duguay-Trouin (1673-1736). Hoy la ciudad es básicamente industrial y el puerto da cobijo a la flota atlántica de pesca de bacalao, además de ser un alto en el trayecto de varios cruceros turísticos. Saint-Malo proviene del nombre de un santo galés, Maclou o Malo, quien vivió aquí en el siglo VI y fue además el primer obispo de Aleth (hoy Saint Servan). La ciudad tuvo su último arzobispo en el siglo XVIII. Con una población de 53.000 habitantes recibe casi 200000 turistas en verano.

Podemos ver en St. Malo el FORT NATIONAL que f ue construido en 1689 por Garangeau de acuerdo con los planos de Vauban, sobre un pequeño islote que se encuentra cerca de la orilla.  Se puede acceder andando cuando baja la marea.

Garangeau también construyó otros fuertes sobre islotes próximos (Fort du Petit Bé, Fort de la Conchée …) haciendo así que las entradas del puerto resultaran imposibles de tomar.

TORREÓN DEL HOMENAJE, Se encuentra junto a la Porte St. Vicent y fue construido en el S.XV con forma de herradura. Es conocida como la “Gran Torre del Homenaje del Duque Jean V”.

Pertenece al castillo construido por los Duques de Bretaña y en 1590 fue asediado por los habitantes de la ciudad, declarándose “República independiente” durante cuatro años.  La ciudad que se encuentra en el interior amurallado se llama “Intramuros”.

Verdaderamente merece la pena visitar esta ciudad.

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