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Hiram Bingham


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Escuchando el gran programa de la Cadena Ser (Ser Historia) de Nacho Ares he descubierto a este aventurero sobre el cuál se inspiraron en la creación de Indiana Jones.

Hiram Bingham, formalmente Hiram Bingham III (19 de noviembre de 1875 – 6 de junio de 1956) fue un explorador y político de los Estados Unidos. Se le conoce debido a que redescubrió el asentamiento inca de Machu Picchu en 1911. Más tarde, fue gobernador de Connecticut y miembro del Senado de los Estados Unidos.

Comienzos

Bingham nació en Honolulu, Hawaii y era hijo y nieto de los primeros misioneros protestantes del Reino de Hawaii. Cuando era adolescente se estableció en los Estados Unidos con el propósito de completar sus estudios. Entró en la Phillips Academy en Andover, Massachusetts donde se graduó en 1894. Obtuvo la licenciatura en Adminisitracion de Empresas por la Universidad de Yale en 1898, un Titulo de Grado de la Universidad de California, Berkeley en 1900, y el Titulo de Doctor en la Universidad de Harvard en 1905. Trabajó como profesor de historia en Harvard y luego en la Universidad de Princeton.

Arqueología

Era profesor en Yale cuando encabezó una exploración por América del Sur en donde gracias a las indicaciones de un indígena, redescubrió las ruinas incaicas de Machu Picchu desde donde sustrajo cincuenta mil piezas arqueológicas que hoy se encuentran ilegalmente en la Universidad de Yale siendo reclamadas desde hace décadas por el gobierno peruano..

Actualmente, crece la opinión de que Bingham debiera ser considerado como uno de los mayores ejemplos de expoliación del patrimonio cultural que ha sufrido el Perú.

Su descubrimiento le costó mucho tiempo y dinero, pero tras dos expediciones, logró encontrar las ruinas. En 1908 se desempeñó como delegado del Primer Congreso Panamericano Científico en Santiago de Chile. Un artículo del semanario Los Angeles Times manifestó que la vida de Bingham como profesor y explorador fue usada como inspiración para los fundamentos del personaje de Indiana Jones como hemos comentado antes.
El 24 de julio de 1911 Hiram Bingham, un político y aventrurero norteamericano llegó, sin saberlo, a las ruinas de la “Ciudad Perdida de los Incas”: Machu Picchu. 100 años después se le menciona como el descubridor de la “Ciudad Sagrada”. Afirmación cuestionable en la medida que el lugar era habitado por algunos agricultores que seguían utilizando las terrazas de cultivos. Bingham no solo logró la fama, sino depredó la riqueza arqueológica del lugar y todo fue a dar a la Universidad Norteamericana de Yale.


Controversia de descubrimiento

El hacendado cusqueño Agustín Lizárraga descubrió la llamada “ciudad perdida de los Incas” en un viaje que realizó a la zona selvática del departamento sureño del Cusco el 14 de julio de 1902, nueve años antes que Bingham, reveló el diario limeño “La República”. La historiadora peruana Mariana Mould de Pease mantuvo, por su parte, que el propio Bingham aceptó que el hacendado cusqueño fue el primero en visitar la ciudadela Inca.

Mould señaló que el testimonio se puede encontrar en la biografía del investigador que escribió su tercer hijo, Alfred M. Bingham, titulada “Retrato de un explorador: Hiram Bingham descubridor de Machu Picchu”.

Según esa versión, Alfred M. Bingham descubrió en la libreta de su padre una inscripción que decía “Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu y vive en el pueblo de San Miguel”. Según esa versión, Alfred M. Bingham descubrió en la libreta de su padre una inscripción que decía “Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu y vive en el pueblo de San Miguel”.

Además, señaló que en una de las paredes del templo de las Tres Ventanas de la ciudadela figuraba una inscripción hecha a carbón que decía “Lizárraga 14 de julio de 1902”.

La historiadora añadió que años después de su primer viaje, Lizárraga intentó retornar a Machu Picchu por el mismo trayecto de la expedición de 1902.

“Esta vez lo hizo durante la temporada de lluvias y cuando pretendió cruzar el río Urubamba para trepar hasta las alturas de Machu Picchu, las turbulentas aguas lo arrastraron y nunca se pudo encontrar su cuerpo”, afirmó.

El propio hijo de Bingham remarcó que su padre fue “modificando” su historia del descubrimiento hasta eliminar totalmente la mención a Lizárraga en su libro “La ciudad perdida de los Incas”.

Bingham alcanzó el rango de capitán dentro de la Guardia Nacional de Connecticut en 1916 . En 1917 se convirtió en aviador y organizó la Escuela Militar de Aeronáutica de los Estados Unidos. Estuvo al servicio de la sección aeronáutica de la Armada de los Estados Unidos en donde alcanzó el rango de coronel lugarteniente. En Issoudun, Francia comandó una escuela de aviación.

Desempeño en política

En 1922 fue electo gobernador lugarteniente de Connecticut, un cargo que mantuvo hasta 1924. En noviembre de 1924 fue elegido gobernador. El 16 de diciembre fue elegido como representate republicano del Senado para completar una vacante debido al suicidio de Frank Bosworth Brandegee. Debido a esto, Bingham estuvo sólo un día como gobernador, el período más corto que cualquier otro gobernante de Connecticut, pero estuvo en el Senado hasta 1933. No ganó la reelección. En 1929 fue censurado por el Senado con los cargos de poner un cabildero en su nómina.

El presidente de los Estados Unidos Calvin Coolidge designó a Bingham Presidente del Cuerpo de Aviación. Durante la Segunda Guerra Mundial impartió conferencias en muchas escuelas de entrenamiento navales.

El 6 de junio de 1956 falleció en su casa de Washington. Fue enterrado en el Cementerio Nacional Arlington en Virginia, Estados Unidos. Su hijo Hiram Bingham IV fue un diplomático y héroe de la Segunda Guerra Mundial, mientras que su otro hijo Jonathan Brewster Bingham fue miembro del Congreso de los Estados Unidos dentro del partido demócrata.

Bingham publicó varios libros sobre sus expediciones:

  • The Journal of an expedition across Venezuela and Colombia, 1906-1907; and exploration of the route of Bolivar’s celebrated march of 1819 ad of the batlefields of Boyaca and Carabobo by Hiram Bingham … with map and 133 illustraions from photographs taken by the Author. New Haven, Conn. Yale publishing association; [etc., etc.] 1909.
  • “Across South América: an account of a journey from Buenos Aires to Lima by way of Potosí, with notes on Brazil, Argentina, Bolivia, Chile, and Peru”, Houghton Mifflin Company, Boston, 1911;
  • “Inca land, Explorations in the Highlands of Peru”, Boston, 1922;
  • “Machu Picchu, a Citadel of the Incas”, New Haven, 1930
  • “In the Wonderland of Peru; Further Explorations in the Land of the Incas; The Story of Machu Picchu, the Peruvian Expeditions of the National Geographic Society and Yale University”, see below for full list. Washington, The National Geographic Society, 1913-1919,
  • “Lost City of the Incas”, NY, 1948, de la que hay traducciones en castellano (La ciudad perdida de los incas, Zig-Zag, Chile, 1948)

Controversia

Bingham es considerado culpable de extraer de manera ilegal 46.332 piezas arqueológicas incas, propiedad del pueblo peruano, llevándoselas a la Universidad de Yale, en Estados Unidos, país que todavía de manera unilateral retiene.1 El 16 de septiembre de 2007, los diarios informan la devolución de lo solicitado por Perú. Dice Página 12 de Buenos Aires: “Tomó años de reclamos y meses de negociaciones. Pero el día 15 de septiembre, el ministro de Vivienda peruano, Hernán Garrido Lecca, pudo anunciar en Lima que la Universidad de Yale va a devolver casi 50000 piezas retiradas de Machu Picchu hace casi un siglo. Los artefactos fueron excavados por Hiram Bingham, que descubrió la ciudad perdida de los incas, y llevados a la prestigiosa universidad norteamericana. “Nos tomó catorce horas hablar, pero lo logramos”, dijo el ministro”.

Los Ultimos Años del Descubridor

La política fue para Bingham una actividad dominante en los últimos 30 años, su éxito como explorador, descubridor de Machu picchu, así como por su participación en la primera guerra mundial le facilitó el éxito en la política de su país; pero descuidando sus relaciones familiares.

El proceso de divorcio se había iniciado hacía algunos años, la preferencia de Alfreda su esposa fue siempre la música clásica y eventualmente contrató a Henry Gregor, un profesor de órgano y piano. En 1936 Alfreda estableció su residencia legal en La Florida y pidió la sentencia de divorcio, siendo uno de sus argumentos, la crueldad mental a la que era sometida, así como las muchas discusiones. Dos de sus hijos testificarón en favor de su madre y en marzo de 1937 La Corte de Florida otorgó el divorcio. Un mes después Hiran Bingham contraería matrimonio con Suzanne Carro quien también obtuvo su divorcio esos meses, un mes después Alfreda y el profesor de piano contraerían matrimonio. Ambos, Alfreda y Hiram fueron felices en sus nuevos matrimonios. Hiram fijó su residencia en Washington. Después de la segunda guerra mundial Hiram Bingham escribió su líbro “La Ciudad Perdida de los Incas”, dedicado a su esposa Suzanne, transcurridos 37 años después del descubrimiento de esta Ciudad, a los 73 años de edad en 1948, el historiador volvió por última vez a Machu picchu e inauguró la carretera Hiram Bingham entre el llamado Puente Ruinas sobre el río Vilcanota y la entrada a ciudad de Machupicchu, Bingham fue escuchado y aplaudido.

Ocho años más tarde, el 6 de junio de 1956, se extinguió la vida de este magnifico explorador, enterrado con honores militares en el cementerio de Arlington. El hombre de acción y letras al que el Cusco y el Perú estarán siempre agradecidos por su decidido interés en dar a conocer la ciudad de Machupicchu al mundo.


RUINAS DE MACHU PICCHU

Este reducto del Imperio inca, acerca de cuya historia se desconocen muchos datos, pervivió aislado tras la invasión española gracias a la inaccesibilidad que le proporcionaban las altas cotas de la cordillera andina en las que estaba ubicado. La foto muestra la distribución urbanística de esta antigua ciudad, de la que han pervivido restos de más de 150 edificios que incluyen desde viviendas hasta centros religiosos en los que sus habitantes adorarían a las distintas divinidades incaicas.

LA MONTAÑA VIEJA. En sus primeras expediciones por los Andes, Hiram Bingham, oyó hablar de una ciudad perdida, al noroeste de Cuzco, que los conquistadores nunca habían conseguido encontrar. Bingham siguió muchos senderos, pero al final de ellos sólo encontró chozas en ruinas. Durante tres días, mientras los indios iban abriendo un camino por la selva, fueron subiendo trabajosamente por sendas casi impracticables. Una mañana apareció en su campamento un campesino que les refirió un relato sobre ciertas ruinas que yacían en la cima de la montaña al otro lado del río. El 24 de julio era un día frío y lluvioso, y los compañeros de Bingham estaban exhaustos, sin ánimos de continuar la ascensión. Bingham, que no tenía muchas esperanzas, logró convencer al campesino Melchor Arteaga y al sargento Carrasco para que le acompañaran. Primero cruzaron el río, mediante un frágil puente construido por los indios y atado con ramas. Después, subieron la ladera a gatas. Por fin, después de una ascensión agotadora de más de 700 metros, llegaron a una choza de paja, donde dos indios que allí había les ofrecieron agua fresca y patatas hervidas, y les dijeron que justo a la vuelta había unas viejas casas y muros. Bingham dio la vuelta a la colina y se quedó maravillado con el espectáculo que tenía ante sus ojos. Primero vio cerca de cien terrazas de piedra escalonadas, admirablemente construidas, que medían centenares de metros: Una especie de granja gigantesca que cubría la ladera y se alzaba hacia el cielo.

Todo ello se encontraba medio oculto por un espeso entramado de árboles y matorrales, infestado de serpientes. Uno de los descubrimientos más importantes realizado por Hiram Bingham, fue el hallazgo de los muros de una mansión, primorosamente tallados, que tienen tres ventanas que miran hacia el sol naciente, tal como la legendaria casa real de donde se dice que partió el primer inca para fundar su dinastía No se sabe cuántos siglos antes, ejércitos de albañiles habían construido estos muros, cortando las rocas y transportándolas a mano. Otros tantos obreros habrían llevado hasta allí, quizás desde el valle inferior, toneladas de tierra, para convertir aquel lugar, que aún hoy es fértil, en cultivable. Detrás de las terrazas, parcialmente escondidas por la maleza, había más maravillas. Tal vez la mayor joya arquitectónica que encierra Machu Picchu, sea su conjunto de muros inclinados. En lo alto de la ciudad, donde se cree que los incas rendían culto al Sol, los distintos templos, que constituyen uno de los ejemplos más admirables de sillería primitiva que existe en el mundo, representan el trabajo de generaciones de maestros artesanos. No hay dos piedras iguales; cada una fue tallada para ocupar un determinado lugar, con ángulos caprichosos y protuberancias meticulosamente labradas que encajan unas con otras, como si se tratara de las piezas de un rompecabezas. En diversos puntos arrancan escalinatas laterales. Algunas escaleras de seis, ocho y diez peldaños, que conducen a un palacio, fueron talladas con su balaustrada de un solo bloque de granito.  Nuestros únicos conocimientos sobre su civilización nos llegan a través de las crónicas escritas durante la conquista de Perú, pero en ninguna de ellas se menciona nada sobre esta fortaleza Inca, lo cual demuestra que los conquistadores nunca llegaron a descubrirla.

Como diría Indiana : “FORTUNA Y GLORIA”

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