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Antoni Gaudí


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(1852-1926), arquitecto catalán, máximo representante del modernismo y uno de los principales pioneros de las vanguardias artísticas del siglo XX. Su figura es una de las más sorprendentes de la historia de la arquitectura, tanto por sus sugestivas innovaciones formales como por su asombrosa dedicación personal, iluminada por una inquebrantable fe católica y el mito romántico de los canteros medievales.

COMIENZOS

Gaudí nació el 25 de junio de 1852 en la ciudad tarraconense de Reus. El 19 de octubre de 1869, después de pasar el verano a Reus, Gaudí llega fuera de plazo para matricularse en la Escuela de Arquitectura. Redacta una petición de prórroga de matriculación, justificada por “las graves circunstancias políticas habidas” -la abolición del reinado de Isabel II y la proclamación de la Republica-. Una vez admitido en la Escuela de Arquitectura, Gaudí aprovecha todo lo que pueda enriquecer su espíritu: además de estudiar, asiste a clases de otras cátedras o se queda en la biblioteca del centro instruyéndose en otros conocimientos. Sostiene su vida en Barcelona trabajando por cuenta de otros arquitectos o artesanos. Es en esta etapa cuando Gaudí desarrolla su auténtica vocación: la arquitectura. Y la convierte en su opción de vida.

Se graduó en 1878. Aunque comenzó a colaborar en algunos proyectos barceloneses siendo estudiante, como el parque de la Ciudadela, donde diseñó las puertas y la fuente monumental, su carrera comenzó con el premio del concurso para las farolas de la plaza Real (1878). Luego realizó la iluminación de la muralla del mar (1880) y, por fin, su primer encargo privado, la casa Vicens (1883-1888), un edificio neomudéjar proyectado para un fabricante de azulejos, en el que ya se aprecia su fuerte personalidad creativa.

Relacionado con los círculos de la revista La Renaixença, el joven Gaudí comenzó a contactar con la emergente burguesía catalana, a la búsqueda de un estilo nacional. Así conoció a su principal mecenas, el empresario textil Eusebi Güell i Bacigalupi, para quien el arquitecto diseñó primero los pabellones de caballerizas de su finca en Pedralbes (1884-1887), y más tarde el palacio Güell (1885-1889) en Barcelona, un edificio neogótico donde ya se intuyen sus obsesiones personales, como el trencadís o mosaico de cerámica fragmentada, los arcos y las cúpulas parabólicas. En estos primeros años, caracterizados por las reminiscencias medievales, se suceden los encargos para la oligarquía y la iglesia catalanas, incluso fuera de Cataluña: villa “El Capricho” de Comillas (1883-1885), palacio episcopal de Astorga (1887-1893), colegio de las Teresianas en Barcelona (1888-1889) y casa de los Botines en León (1891-1892).

MADUREZ

El estilo de Gaudí fue madurando hasta alcanzar una versión personal del modernismo europeo. La expresividad formal fue ganando terreno a las referencias históricas en sus obras del final de siglo XIX: la cripta de la iglesia de la colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló (1898-1917) y las barcelonesas casa Calvet (1898-1899) y torre de Bellesguard (1900-1909). Ya a comienzos del siglo XX, levantó una serie de obras sorprendentes en la capital catalana, que le consagraron como maestro de la arquitectura internacional.

El parque Güell (1900-1914) fue un proyecto frustrado de ciudad jardín, donde el paisajismo mediterráneo se combina con sugerentes elementos arquitectónicos, como la gran sala hipóstila sobre la que se asienta la plaza principal —conocida como el ‘teatro griego’—, el banco sinuoso que delimita esta explanada o los soportales inclinados sobre los que discurre el viaducto. En la casa Batlló (1904-1906), reforma de un edificio del Eixample barcelonés, Gaudí sólo pudo proponer operaciones periféricas, como la nueva fachada ondulada, con sus sugestivos balcones y galerías, o la cubierta en forma de lomo de dragón, revestida de piezas cerámicas que simulan escamas. Pero su proyecto más polémico fue la casa Milá (1906-1912), conocida por los barceloneses como La Pedrera —cantera en castellano— y criticada en su época como edificio desnudo de ornamentación, en contraste con las fachadas eclécticas del resto del paseo de Gracia. Pero además de sus formas orgánicas, incorporó numerosas innovaciones como la piedra sustentada por la estructura metálica, para poder abrir grandes vanos, la planta libre, las rampas helicoidales que conducen al aparcamiento inferior o los desvanes abuhardillados con arcos catenarios. Otra obra pionera de la arquitectura moderna fueron las escuelas provisionales de la Sagrada Familia (1909), construida como sucesión de paraboloides hiperbólicos de ladrillo que conforman por igual las fachadas y la cubierta del edificio.

Gaudí también fue un destacado diseñador, tanto por las imaginativas forjas que caracterizan sus balcones y cancelas, como por el excepcional mobiliario que fabricó para distintos encargos privados. Al igual que sus coetáneos Victor Horta o Henri Clemens van de Velde, practicó la arquitectura desde la concepción wagneriana del arte total, esmerándose en la concreción de cada detalle y proponiendo el mobiliario completo de cada vivienda que proyectaba. Entre sus piezas más relevantes se encuentran la bancada del parque Güell, compuesta por piezas prefabricadas revestidas de trencadís; el sillón Calvet, la silla y el banco Batlló, fabricados en roble tallado, donde su exuberante genio se alió a las exigencias ergonómicas en una armonía insólita, que anticipó en más de medio siglo algunas innovaciones del diseño moderno.

LA SAGRADA FAMILIA

En 1883 Gaudí se hizo cargo de la continuación en Barcelona del templo expiatorio de la Sagrada Familia, un proyecto historicista firmado por Francisco de Paula Villar Lozano. Aunque heredó la composición medieval en su templo de cinco naves y tres portadas monumentales, los dibujos más completos que salieron de su estudio ofrecen una imagen futurista, como un bosque de torres parabólicas que se elevan hasta los 150 m sobre el crucero. Hacia el año 1900 se concluyó la cara interior de la portada del Nacimiento, de estilo más neogótico. Pero como supervisaba personalmente cada detalle, los trabajos siguieron avanzando con lentitud. En 1911, un año después de la exposición sobre su obra en París, decidió retirarse al pequeño despacho de la Sagrada Familia, habilitado como vivienda de extrema austeridad. Desde allí pudo completar el proyecto completo de la fachada del Nacimiento (1917) y dirigir a sus obreros y escultores, aunque no llegó a ver completas las cuatro torres.

Dibujo del Templo acabado

Dibujo del Templo acabado

SIMBOLOGÍA de LA SAGRADA FAMILIA

  • EL TEMPLO: es como un libro abierto que nos cuenta la historia de una Fe. Su exterior nos muestra la iglesia católica: Jesús y los fieles representantes de María, los apóstoles y los Santos. A sus fachadas hay representadas la vida humana de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte. Y en su interior nos sugiere la Jerusalén celestial, habitada por el Cordero. Sin embargo combina la plástica naturista y el movimiento modernista, con la alma de la arquitectura religiosa y la cultura mediterránea. Fusionadas en un compendio que conforma una obra única en el mundo.
  • CAMPANARIOS: Los doce campanarios representan los doce apóstoles y son coronados con los símbolos episcopales de la cruz, la mitra, el anillo y el báculo. Su forma vertical pretende ser la unión entre la tierra y la luz. Leyendo el Sanctus que asciende a las torres, la mirada nos lleva hasta el cielo.
  • EL COMBORIO, según Gaudí, es el alzamiento del Templo. El campanario más importante es el de Jesucristo -de 170 m.- y será coronado por una gran cruz que brillará de día por los mosaicos y de noche por la luz proyectada hacia los otros campanarios, donde se puede leer “Amen. Aleluya”. Igual que en la vida de Jesús, este campanario será velado de cerca por la Madre de Dios, coronado con una estrella luminosa. Al que acompañarán los cuatro campanarios de los evangelistas coronados con un ángel, un toro, un león y una águila.
  • FACHADA DEL NACIMIENTO: La fachada encarada a la salida el sol, es la fachada de la Vida y del Gozo. Es como un milagro conseguido gracias a la fuerza plástica de las piedras cargadas de vida y de significado. Sus puertas simbolizan la Fe, la Esperanza y la Caridad, tres aspectos importantes de la vida de Jesús, en analogía a San José, la Madre de Dios y Jesús. Los cuatro campanarios que nacen de esta fachada, están dedicados a los Apóstoles San Matías, San Judas, San Simón, y San Bernabé.
    A su esquema gótico se le unen ondulaciones modernistas y la flora y fauna naturalistas de inspiración más mediterránea -tortugas de tierra, caracoles, patos, gallos, búhos, gorrión… – capaz de expresar toda su vitalidad. Tal como lo hacen los terminales de los ventanales, rellenos de frutos de primavera y de verano que conjugan con el lirismo de los pájaros y de las flores del resto del conjunto.
  • FACHADA DE LA PASIÓN: Esta fachada, desnuda, de formas simples y ornamentos, es el símbolo de la desolación, del dolor y de la muerte de Jesucristo. Todo lo que lo envuelve es absurdo, desde los elementos arquitectónicos -como las columnas que parecen huesos-, a la marca de ornamentación floral y animal, siempre con el intento de representar el sentimiento de la perdida irreversible de la muerte.
    Esta fachada se compone también de tres portales representativos de las virtudes teologales, y cuatro campanarios dedicados a los Apóstoles: San Jaime, San Bartomeu, San Tomás y San Felipe. En los terminales de los ventanales se ofrecen los frutos de invierno y otoño: castañas, granadas y naranjas, otra muestra bien clara de la influencia del mediterráneo en la obra.
  • FACHADA DE LA GLORIA: Esta fachada, orientada a mediodía, presenta al hombre dentro el orden de la Creación: su origen, su problemática, los caminos que tiene que seguir y su fin. La Gloria nos muestra así la consecuencia del pecado, de la virtud y del cielo, donde solo se llega con la oración y el sacramento.
    Por eso que la fachada muestre, por orden de ascensión, el infierno, la muerte, las virtudes, los dones del Espíritu Santo… hasta llegar a la cumbre donde se encuentra la Trinidad augusta. Las siete columnas exteriores del porche simbolizan los siete dones del Espíritu Santo.
    Esta fachada incorpora en su ornamentación, además de referentes religiosos, temas del imaginario popular, de antiguas mitologías y de temáticas paganas, como los monstruos de la parte del infierno.
  • SACRISTIAS: El Templo tiene dos sacristías, ubicadas en los ángulos norte y oeste del claustro. Sus linternas coinciden con los puntos cardinales y enlazan las virtudes con las Témporas -los ayunos que en cada estación hace el pueblo cristiano- en agradecimiento por los frutos de la tierra. Así, su representación es la siguiente; la linterna de Invierno, encarada al norte, con la serpiente y la hucha simbolizan la prudencia; el Otoño, al oeste, con un yelmo y una coraza, representa la fortaleza; la de Verano, al sur, con una báscula y una espada, simboliza la justicia. Y la Primavera, al este, surge de la templanza, a través de un cuchillo, pan y porrón, símbolos claros de la cultura catalana.
  • NAVE CENTRAL: Según Gaudí, el interior del Templo “será como un bosque”, y en efecto así es. Porque la disposición y la naturaleza de las columnas rememora los troncos de los árboles, con sus ramas. La luz, dará un toque bucólico filtrándose entre las columnas a diferentes alturas a través de los ventanales, creando una fresca atmósfera de sotobosque.
    Las columnas que soportan las vueltas y las cubiertas también representan los Apóstoles y las iglesias de todo el mundo. De las columnas que circundan el crucero y el ábside, destacan las de los Apóstoles Pedro y Pablo, que unen el arco triunfal con el Calvario: un conjunto con el Cristo Crucificado, la Virgen María y San Juan. La representación de la Trinidad se completa con el Padre Eterno en la cúpula del ábside y con la lámpara de siete brazos representando al Espíritu Santo.
  • CRIPTA: La cripta, cubierta por una cúpula que representa la Anunciación de María, contiene las capillas dedicadas a los componentes de la Sagrada Familia de Jesús. Está circundada por un mosaico donde están representados los viñedos y el trigo, símbolos mediterráneos de la fertilidad.
    El altar mayor muestra el tiempo litúrgico de la Pascua, y en él destaca un relieve del escultor Josep Llimona dedicado a la Sagrada Familia.
  • CAPILLA DE LA ASUNCIÓN: La Capilla de la Asunción de la Virgen María – todavía no construida- es la glosa de la Salve. Su leyenda aparece en el frontón principal con una gran coraza, símbolo de realeza.
    Su cúpula, dispuesta como un gran mantel, representa la misericordia y está levantada por los ángeles de los pináculos del frontón. A la cúpula del interior la Trinidad corona María en ascensión al cielo, envuelta por las jerarquías angélicas.

ESTILO

Gaudí suele ser considerado el gran maestro del modernismo español en cataluña, pero su obra va más allá de cualquier estilo o intento de clasificación, es una obra personal e imaginativa que encuentra su principal inspiración en la naturaleza. Gaudí estudió con profundidad las formas orgánicas y anárquicamente geométricas de la naturaleza, buscando un lenguaje para poder plasmar estas formas en la arquitectura. Algunas de sus mayores inspiraciones vendrán de la montaña de Montserrat, las cuevas de Mallorca o la Cueva del Salnitre, en Collbató (Barcelona). Este estudio de la naturaleza se traduce en el empleo de formas geométricas regladas como son el paraboloide hiperbólico, el hiperboloide, el helicoide y el conoide de plano director, que reflejan exactamente las formas que Gaudí encuentra en la naturaleza; decía que no existe mejor estructura que un tronco de árbol o un esqueleto humano.

En sus inicios Gaudí recibió influencia del arte oriental (India, Persia, Japón) a través del estudio de los teóricos de la arquitectura historicista, Walter Pater y John Ruskin; vemos esta corriente orientalizante en obras como el Capricho de Comillas, el Palacio Güell o la Casa Vicens. Más tarde sigue la corriente neogótica de moda en el momento, siguiendo los dictámenes del arquitecto francés Viollet-le-Duc; se puede percibir en el Colegio de las Teresianas, el Palacio Episcopal de Astorga, la Casa Botines y la Casa Bellesguard. Así hasta desembocar en su etapa más personal, con un estilo naturalista, individual, orgánico, inspirado en la naturaleza, en el que realizará sus obras maestras.

OBRAS

Antoni Gaudí es el mejor exponente de la arquitectura total. Sus obras no distinguen entre estructura y decoración y uno no sabe dónde acaba una y empieza la otra.

Esta creatividad brillante hay que buscarla en su vida, en su amor por la tierra, en su misticismo y su fe. Porque es cierto que nadie más ha sido capaz de recrear las formas naturales -que son parte de nuestro mundo desde su génesis- con tanta grandeza y riqueza como las plasmó él.

” Nada es arte si no procede de la naturaleza, de ella provienen las formas más bellas y extraordinarias.

Y, la naturaleza, es la gran obra del Creador” Gaudí

Casa Vicens

Finca Güell

Palacio d’Astorga

Casa Botines

Casa Calvet

Parque Güell

Sede de Mallorca

Colonia Güell

El Capricho

Palacio Güell

Las Teresianas

Bodegas Güell

Casa Batlló

Bellesguard

La Pedrera


SECRETO GAUDÍ

Muy pocos hombres son capaces de alcanzar la genialidad, otros la llevan dentro. El decía que el Mediterráneo era la cuna del arte, ya que su significado es “mitad de la tierra” y por tanto, según Gaudí los objetos por este motivo, en el Mediterráneo eran iluminados con la luz perfecta.

En la Barcelona de principios de siglo se vivían momentos de cambio, reinaba en el ambiente una efervescencia social y cultural, pero también el descontrol y el caos alentado por las revueltas obreras y los atentados anarquistas, mientras tanto el sabio alquimista trabajaba día y noche en la construcción de su obra magna, LA SAGRADA FAMILIA, hoy un siglo después continúa su construcción siguiendo los dictados del maestro. De marcado carácter religioso dejó en todas sus obras algunas pistas de un conocimiento tan antiguo como innato al hombre.

Incluso los detractores de toda esta corriente de pensamiento asumen con indignación lo inexplicable de la simbología que encierran otros edificios emblemáticos del ensanche además del Templo, lugares como la Casa Batlló, construida con miles de cristales de colores y la Casa Milà ‘La Pedrera’ en su interior alberga un museo pero lo interesante se encuentra en su extraña azotea, donde el arco que vemos en la foto señala directamente a La Sagrada Familia, ¿Qué nos quería decir Gaudí? .

La Pedrera

La Pedrera

La Pedrera

La Pedrera

Y lo que parece un inocente parque de recreo infantil para adultos, como es el Parque Güell alberga una información muy interesante que pasa desapercibida para casi todo el mundo, ¿los elementos son ornamentales o nos querían decir algo más? Por ejemplo, la escalinata es un símbolo de la obra masónica y alquímica, no están construidas porque sí, ya que observamos que tienen 33 peldaños, que es el grado máximo de la masonería, nos encontramos también de forma muy llamativa a un dragón o salamandra que también sabemos que es un símbolo del fuego alquímico y detrás de el de forma muy curiosa encontramos un atanor, que el orno de los alquimistas y además como curiosidad el atanor que tenemos en el parque Güell es una copia del que tenemos en Notre Dame.

Pero lo que de verdad no tiene explicación son las constelaciones fijadas en la fachada principal del Templo, en el pórtico del Nacimiento, la única que le dio tiempo a terminar en 40 años; en esta especie de Capilla Sixtina en piedra se encuentra grabada la posición de los astros en un momento muy concreto de la historia el nacimiento de Jesús de Nazaret. Sus obras están llenas de simbología y otra curiosidad que nos deja boquiabiertos es saber que la situación de sus obras más representativas en Barcelona forman una constelación, fijaos en el mapa.

gaudimapa

  1. Parque Güell
  2. Casa de Vicens
  3. Sagrada Familia
  4. La Pedrera
  5. Casa Batlló
  6. Casa Calvés
  7. Palacio Güell

La figura de Gaudí para muchos desconocida deja un montón de puertas abiertas con misterios, secretos y simbologías que nunca sabremos que nos quiso decir. Hoy en día visitar La Sagrada Familia de Barcelona te hace conocer algo, aunque sólo sea un mínimo resquicio del pensamiento del maestro, la verdad es que lo aconsejo porque es una obra única y uno de los museos vivientes, inacabados más visitados del mundo.

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