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Historia del Dólar


El término dólar (en inglés dollar) proviene de la evolución y contracción del alemán daler o thaler, abreviatura de joachimsthaler. Con el nombre de Joachimsthaler se conocía a una moneda de plata con la efigie de San Joaquín, acuñada por primera vez en 1519 en la población minera de St. Joachimsthal, en el valle de Joachims, en Bohemia (Alemania). Con este nombre se llamaba en las colonias inglesas no sólo a esta moneda sino también a las populares monedas de plata españolas conocidas como reales de a ocho, cuyo uso estaba extendido por todo el mundo debido a su gran aceptación y prestigio.

Con este nombre, además, se designa a las monedas oficiales de Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Barbados, Belice, Brunei, Canadá, Dominica, Estados Unidos de América, Fiji, Granada, Guyana, Islas Marshall, Islas Salomón, Jamaica, Kiribati, Liberia, Naurú, Nueva Zelanda, Palau, Santa Lucía, San Cristóbal-Nevis, San Vicente y Granadinas, Singapur, Taiwan, Trinidad y Tobago, Tuvalú y Zimbabwe. También lo es de algunas dependencias: Guam, Islas Vírgenes Americanas, Marianas del Norte, Midway, Puerto Rico y Samoa Americana (Estados Unidos de América); Anguilla, Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, Montserrat, Pitcairn y Turcos y Caicos (Reino Unido); Islas Cook, Niué y Tokelau (Nueva Zelanda); y Hong Kong (China).

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Dólar estadounidense

Moneda oficial en Estados Unidos, Islas Marshall, Palau, Guam, Islas Vírgenes Americanas, Marianas del Norte, Midway, Puerto Rico y Samoa Americana (Estados Unidos de América), Islas Vírgenes Británicas, Turcos y Caicos, que se divide en 100 centavos y cuyo tipo de cambio con respecto al euro, según datos de 2001, es de 0,86 dólares estadounidenses por cada euro.

Las colonias americanas, durante su guerra contra la metrópoli inglesa, necesitaron dinero para financiar sus ejércitos y para ello, durante el segundo congreso continental el 11 de mayo de 1775, John Hancock, de Massachusetts, propuso que el Congreso emitiese papel moneda convertible en reales de a ocho españoles como garantía del valor de los mismos. La aprobación de tal propuesta aparece en el Diario del Congreso Continental del 2 de junio del mismo año.

Durante esos años, en las colonias británicas se empleaban multitud de monedas inglesas, cada una con su diferente valor, aunque conocidas con el nombre de chelines (shillings) de 374-7/8 granos de plata. A la vez, circulaba el real de a ocho español proveniente de la colonia española de Luisiana, que se había constituido en la principal moneda del comercio por ser comúnmente aceptada. Los reales de a ocho contenían 24,29 gramos de plata (374-7/8 granos).

El Congreso Continental del 19 de abril de 1776 encargó a un comité que estudiase las monedas que circulaban en las colonias y los diferentes cambios entre ellas. Después de este informe, Thomas Jefferson recomendó al Congreso, el 2 de septiembre de 1776, que los Estados Unidos adoptasen como unidad monetaria los “Spanish Milled Dollars” de plata, las conocidas piezas de a ocho reales, debido a su uso principal y cotidiano en el comercio de las colonias. De estas piezas de a ocho reales, las más modernas y populares en esos momentos se conocían en España como columnarios, ya que en una de sus caras aparecían las columnas de Hércules.

Siguiendo estas iniciativas, el Congreso Continental estableció, el 6 de julio de 1785, el dólar como moneda de Estados Unidos de América. El 8 de agosto de 1786 se fijó que la moneda debía tener 11 partes de plata por una de cobre y que un dólar debía contener 375-64/100 granos (grains) de plata pura (24,34 g). El acta del 2 de abril de 1792 autorizó la acuñación del dólar de plata (del valor de la moneda española de a ocho) y estableció que debía contener 371-4/16 granos de plata pura (24,28 g) o 416 granos de plata corriente (26,95 g). Fijó la ley de la plata para acuñar monedas en 0,8925 (1485/1664) y la equivalencia entre el oro y la plata en 1 a 15, es decir, que un peso en oro equivale a 15 veces ese peso en plata. Según esta ley, se rebaja ligeramente el contenido en plata respecto al acta anterior. La acuñación de dólares comenzó en 1794 en la ceca de Filadelfia, y hasta 1805 se acuñaron 1.439.517 monedas de dólar de plata con estas características, que tuvieron una favorable acogida. El dólar frenó el uso de la moneda de plata española en los Estados Unidos e incluso se exportó a las áreas colindantes de México y otras colonias españolas.

Desde principios del siglo XIX, las autorizaciones de emisión de papel moneda a los bancos aumentaron sobremanera. Estas emisiones no tenían un respaldo sólido, por lo que su aceptación era cuestionada y las quiebras de los bancos frecuentes. En 1832 se acabó con la autorización al Banco del Congreso y se produjo una gran turbulencia monetaria por la libertad de emisión. El número de bancos aumentó y con él las quiebras y las estafas. En consecuencia, la regulación de la banca se hizo más dura y el control mucho mayor. Asimismo, la aceptación de los billetes sufrió fluctuaciones en función del banco emisor a lo largo del siglo, por lo que continuamente cambiaban los ratios a los que un billete era aceptado por las diferentes entidades.

El acta del 18 de enero de 1837 cambió ligeramente las características del dólar, y fijó la ley de la plata en 0,900, es decir, nueve partes de plata por una de aleación, subiendo el peso de la moneda hasta 412,5 granos, de manera que el contenido en plata, y por lo tanto el valor, fuese el mismo. Con estas características se siguieron acuñando dólares de plata sin interrupción (salvo en 1858) hasta 1873. En 1873 se acuñó una moneda de dólar internacional con un peso ligeramente superior a 420 granos, destinada a competir con otras monedas, y especialmente con el peso mexicano en el mercado internacional. Se acuñaron casi 36 millones de piezas, la mayor parte de las cuales se exportaron a China, Japón y otros países asiáticos.

Estados Unidos adoptó el patrón oro como el resto de los países de Europa y en 1900 se unió formalmente al patrón oro disponiendo una legislación sobre el particular. En el patrón oro, el papel moneda tenía solamente la consideración de certificado convertible ante el tesoro federal, en cualquier momento, en lingotes de oro. Cada país establecía una paridad de su moneda en oro. Así, los Estados Unidos mantenían una paridad por cada dólar de 23,22 granos de oro. El Reino Unido establecía la suya, y el tipo de cambio de las dos monedas se obtenía de la relación de ambos con el oro. Además, podían tener, en lugar de metal, reservas de divisas convertibles en oro, habitualmente en libras esterlinas. Los tipos de cambio sólo podían variar en la cuantía de los fletes correspondientes al trasladar el oro de una plaza a otra. Las variaciones se medían en puntos oro y por arbitraje entre los mercados éstos se ajustaban a un tipo de cambio estable.

En lo que se refiere al mercado monetario interno estadounidense, se sucedieron diferentes legislaciones que dirigían las compras y acuñaciones de monedas de plata. La legislación de 1878 dirigió las adquisiciones de plata a precios de mercado, sin exceder los 371,25 granos de plata, que acuñaba según los patrones de dólares de plata y que autorizaba las emisiones de certificados del tesoro como título valor por la compra de lingotes. Bajo el acta Sherman, que sustituyó en 1890 a la legislación anterior, fueron compradas 168.674.682,53 onzas de plata fina a un precio de 155.931.002,25 por los que se emitieron certificados del tesoro equivalentes. De aquella plata, se acuñaron 144.653.722,68 onzas de plata fina aprovechando el saldo de la operación para más emisiones. Hasta 1898 se acuñaron monedas con cargo a las compras de plata realizadas en el acta del 14 de julio de 1890. En 1900, por medio del acta Pittman, se autorizó la acuñación de onzas de plata hasta un valor de 350.000.000 dólares, así como la venta. Con esa disposición se compró plata en el interior del país (de las familias e instituciones) por el equivalente a 209.000.000 onzas de oro fino.

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, los países europeos se enfrentaron a dificultades monetarias por los costes de financiación de la guerra. Aunque Estados Unidos no entró en el conflicto hasta 1917, las circunstancias del comercio internacional le afectaron e incidieron sobre su moneda con la quiebra del patrón oro. En este contexto nació la Reserva Federal Estadounidense como autoridad monetaria del país en 1914, con funciones de control sobre la masa monetaria en circulación.

A Estados Unidos le afectaron los desajustes cambiarios y la crisis de posguerra europea (con estancamiento industrial, inflación y desempleo) al no encontrar mercados exteriores que absorbieran sus exportaciones. Tras la conferencia de Génova, en 1922, el Gobierno británico reintrodujo la paridad de la libra esterlina con respecto al oro. Esta estructura se conoció como patrón de cambios-oro y basaba su confianza en la moneda británica, para más tarde hacerlo también en el dólar y el franco. Se mantuvo el valor nominal de las divisas, aunque no toda la emisión en esta moneda era convertible en oro.

A finales de la década de los años veinte, el dólar se encontraba integrado en el patrón cambios-oro, pero la Crisis de 1929, provocada por un mal manejo del crédito en un sistema financiero desprotegido ante las inestabilidades, volvió a incidir en lo quebradizo del sistema de cambios. Los años de la gran depresión se caracterizaron por el desempleo, el incremento del valor real de las deudas y la caída salarial. La coyuntura económica presionó sobre el sistema cambiario hasta que Estados Unidos desvinculó el tipo de cambio de su moneda de los flujos internacionales y de las reservas de oro. En esa época, el gobierno de Roosevelt lanzó el New Deal, que tomó como medidas de política monetaria el aumento de la oferta monetaria para dar liquidez al sistema y la devaluación del valor del dólar en un 50%.

En cuanto a la política de acuñación para uso interior, por la enmienda Thomas al acta de ajuste agrario, aprobada el 13 de mayo de 1933, el presidente Roosevelt autorizó por un periodo de 5 meses la emisión de monedas de plata con cargo a la cuenta de los bonos de guerra, hasta un precio máximo de 50 céntimos por onza más los costes de acuñación. La cantidad aceptada fue de 200 millones de dólares. En la proclama presidencial de 1933, se acuñaron nuevas monedas con las compras de plata en las nuevas prospecciones mineras norteamericanas. La cantidad total acuñada por la enmienda Thomas y la proclama presidencial fue de 7.021.528 piezas.

Por el acta de compra de 1934, todos los certificados pudieron ser convertidos por su poseedor frente al tesoro de los Estados Unidos en dólares de plata, que el secretario del tesoro autorizó acuñar para la amortización de los certificados; se nacionalizó la plata y las cantidades de metal recibidas se añadieron a las reservas federales, que se amonedaron en función de las necesidades. Entre 1934 y 1935 se acuñaron por esta razón 53.029 piezas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en el mercado interno se eliminó la plata progresivamente de la circulación. A partir de marzo de 1964 ya no se pudo emitir certificados del Tesoro contra los dólares de plata. Sin embargo, a los poseedores de certificados de plata se les permitió convertirlos al haberlos adquirido con anterioridad. En 1965 el presidente Lyndon B. Johnson firmó una orden que eliminaba la plata de las monedas de 10 centavos (dime) y del cuarto de dólar (quarter) al tiempo que reducía sustancialmente el contenido en plata de la moneda de medio dólar. Esta medida se llevó a cabo para eliminar plata de la circulación y así satisfacer las demandas del metal en la industria. Cinco años después, el 31 de diciembre de 1970, el presidente Nixon firmó la ley que eliminaba la plata también de la moneda de dólar, que a partir de entonces se acuñaría en una aleación de cobre y níquel. Todos los dólares de plata, salvo los de coleccionistas, se retiraron de la circulación. Se acuñaron una serie de dólares con un contenido de sólo un 40% de plata para colección.

La casa de moneda norteamericana es la mayor acuñadora de monedas del mundo y también produce papel moneda, que se imprime en la oficina de impresión y grabado. Se producen entre 14.000 y 20.000 millones de monedas de circulación además de monedas conmemorativas en las plantas de producción de Denver, Filadelfia, San Francisco, West Point, Nueva York y Fort Knox.

El dólar estadounidense como patrón monetario

Tras la Conferencia de Bretton Woods y el final de la Segunda Guerra Mundial, se estableció el sistema monetario internacional de cambios-dolar que sustituyó definitivamente al patrón de cambios-oro. El dólar, a partir de ese momento, fue considerado como unidad de cuenta con una paridad contra oro de 35 dólares por onza. Todas las monedas establecían sus paridades en oro utilizando el tipo de cambio correspondiente respecto a la moneda estadounidense. Dicha conversión sólo se podía realizar entre los bancos centrales y nunca entre particulares. Durante los años 50, las emisiones de dólares provocaron una inflación en los demás países, y los costes de extracción del oro apreciaron la moneda norteamericana, generando desajustes cambiarios en otras divisas. En esta época se realizó una política destinada a convertir la moneda norteamericana en fiduciaria (sin valor proporcional de plata).

En 1971, Nixon decretó la no-convertibilidad directa del dólar provocando desajustes en todo el sistema de cambios internacional. Lo anteriormente mencionado, junto a la crisis energética, acabó con el sistema de cambios fijos y condujo a todas las divisas a la flotación libre en los mercados de cambios.

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