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Manuel Azaña


azana_manuel(Alcalá de Henares, 1880-Montauban, Francia, 1940)

político y escritor español; presidente del gobierno (1931-1933; 1936) y presidente de la II República (1936-1939), periodo histórico del que fue uno de sus principales protagonistas.

Nació en la localidad madrileña de Alcalá de Henares el 10 de enero de 1880, hijo de una familia liberal de clase media alta. Huérfano de madre a los nueve años y de padre a los diez, quedó al cuidado de su abuela paterna. Desde 1893 estudió en el colegio de los agustinos de El Escorial (Madrid) y, cinco años después, se licenció en Derecho en la Universidad de Zaragoza. En 1900, su tesis, titulada La responsabilidad de las multitudes, le permitió doctorarse en la Universidad Central de Madrid.

Trabajó en sus primeros tiempos de licenciado como pasante en un despacho de abogados, pero posteriormente, en 1910, obtuvo por oposición una plaza en el cuerpo de letrados de la Dirección General de Registros en el Ministerio de Justicia. En 1911, una beca de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le permitió conocer la vida política e intelectual francesa y estudiar su Ejército, conocimientos que expondría en 1919 en Estudios de política francesa contemporánea. La política militar. En 1912 regresó a España.

INICIO DE SU CARRERA POLÍTICA Y LITERARIA

Comenzó su actividad política en 1914, al afiliarse al Partido Reformista de Melquíades Álvarez, y fue secretario del Ateneo de Madrid entre 1913 y 1920. Este último año fundó con su cuñado Cipriano Rivas Cherif la revista de crítica literaria La Pluma (que apareció hasta 1924) y colaboró en la publicación España (1923-1924), de la que fue incluso director. Realizó asimismo estudios sobre el escritor español Juan Valera (Vida de don Juan Valera; Valera en Italia. Amores, política y literatura). En 1927 escribió la novela El jardín de los frailes, y en 1928 una obra teatral, La Corona. Tradujo las Memorias del filósofo francés Voltaire y La Biblia en España del escritor inglés George Henry Borrow. Publicó también el ensayo Plumas y palabras (1930) y, años más tarde, La invención del Quijote (1934).

Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, tras cuyo inicio en septiembre de 1923 abandonó el Partido Reformista, desarrolló una gran actividad política: en 1925 fundó el partido Acción Republicana, que integró en la Alianza Republicana al año siguiente, y en agosto de 1930 (poco después de ser elegido presidente del Ateneo madrileño) firmó el Pacto de San Sebastián acordado por las principales fuerzas democráticas opuestas al reinado de Alfonso XIII y a la monarquía misma como forma de gobierno.

LA II REPÚBLICA

Después de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que acabaron por suponer el advenimiento de la II República, se convirtió en ministro de la Guerra en el gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora. Desde ese cargo, que desempeñó entre el 14 de abril y septiembre de 1933, acometió una reforma militar que le atrajo la animadversión de numerosos miembros del Ejército. Fue elegido diputado en las tres legislaturas del régimen republicano. Destacó en las Cortes (Parlamento) por su oratoria, que aunaba, en buena síntesis, contenido y forma.

Después de la dimisión de Alcalá Zamora por la cuestión religiosa debatida en el proceso de elaboración de la Constitución de 1931, se convirtió el 14 de octubre del mismo año en presidente del segundo gobierno provisional, al tiempo que seguía ejerciendo el Ministerio de la Guerra. Ese gabinete estuvo compuesto, como el primero, por distinguidas figuras del republicanismo (Alejandro Lerroux, Santiago Casares Quiroga, Marcelino Domingo o Diego Martínez Barrio, a quienes se unió José Giral) y por tres miembros del Partido Socialista Obrero Español (PSOE): Fernando de los Ríos, en el Ministerio de Justicia; Indalecio Prieto, en el de Hacienda; y Francisco Largo Caballero, en el de Trabajo.

El 16 de diciembre siguiente pasó a ser el primer presidente de gobierno constitucional de la II República, sin abandonar el desempeño del Ministerio de la Guerra. Impulsó una serie de reformas (además de la ya mencionada) en la educación y en la propiedad agraria, con el objetivo de encauzar a España hacia una sociedad moderna. Los enfrentamientos con la Iglesia, con muchos sectores del Ejército y con las insurrecciones anarquistas, cuyo símbolo más representativo fueron los sucesos ocurridos en enero de 1933 en la localidad gaditana de Casas Viejas, desestabilizaron su gobierno y dimitió el 12 de septiembre de ese año.

EL BIENIO NEGRO

Tras el triunfo electoral de la derecha en las elecciones de noviembre de 1933 se dedicó a reconstruir el republicanismo de izquierda. Fundó en 1934 Izquierda Republicana, donde integró a su propio partido, así como a los radical-socialistas de Marcelino Domingo y a la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA), dirigida por Santiago Casares Quiroga. Los gobiernos radical-cedistas (formados por miembros del Partido Radical y de la Confederación Española de Derechas Autónomas, CEDA) intentaron rectificar la obra del bienio progresista, atribuyéndole toda serie de desmanes.

Azaña fue detenido en Barcelona a raíz de la insurrección del 6 de octubre de 1934. Los sucesos de Asturias y de Barcelona (la llamada Revolución de Octubre) le sorprendieron cuando se encontraba en la capital catalana para asistir al entierro del que fuera ministro de Hacienda durante su primer gobierno constitucional, Jaume Carner. Acusado de instigar a la insurrección, se le confinó durante un mes en el buque de la Armada Alcalá Galiano. La falta de pruebas permitió su liberación. Con esas experiencias escribiría el libro Mi rebelión en Barcelona (1935). Su posterior defensa política en las Cortes le dio mayor fuerza política.

Durante 1935 dio una serie de mítines que tuvieron gran audiencia popular y aparecieron recogidos un año más tarde en la obra Discursos de campo abierto. Insistió en recuperar el reformismo republicano-socialista del primer bienio (1931-1933), por cuanto entendía que la labor de los gobiernos de la derecha (formados por miembros de la CEDA y por los radicales liderados por Lerroux) había paralizado los avances emprendidos desde la proclamación de la II República.

GOBIERNO DEL FRENTE POPULAR Y GUERRA CIVIL

Se erigió en el eje de la coalición política del Frente Popular, que triunfó en las elecciones de febrero de 1936, y el día 19 de ese mes formó de nuevo gobierno, compuesto exclusivamente por personalidades de los partidos republicanos de izquierda. Reanudó la aplicación de la reforma agraria y posibilitó la reapertura del Parlamento de Cataluña, suspendido por los distintos gobiernos radical-cedistas desde los sucesos de octubre de 1934. Dimitió el 10 de mayo de 1936 para presentar su candidatura a la presidencia de la República. Elegido por las Cortes, comenzó a ejercer ésta pocos días después, en sustitución de Diego Martínez Barrio, quien a su vez había desempeñado brevemente el cargo con carácter interino tras la destitución de Alcalá Zamora. La Guerra Civil, iniciada en julio de ese año, lo marginó políticamente de alguna manera y cayó en fases depresivas, enfrentándose con otros líderes de la República.

Azaña abandonó el Madrid asediado por las tropas del general Francisco Franco, en octubre de 1936, para instalarse en la provincia de Barcelona y residir en la abadía de Montserrat. En este periodo escribió La velada de Benicarló (1937), obra en la que varios personajes reflexionan sobre la tragedia española. Después de los sucesos de mayo de 1937 (enfrentamientos entre anarcosindicalistas y trotskistas, de un lado, y comunistas del otro) y de la caída del gobierno de Francisco Largo Caballero, se instaló en la finca de La Pobleta (en la localidad valenciana de Serra, a 27 km de la capital), y allí continuó con sus diarios (etapa reflejada en Los cuadernos de La Pobleta).

Sus reiterados intentos de llegar a una paz negociada fracasaron. En julio de 1938, en el segundo aniversario del inicio de la insurrección militar y de la propia Guerra Civil, pronunció su famoso discurso de las tres “P” (“Paz, piedad y perdón”). Hizo en él una reflexión sobre las repercusiones del conflicto para el país y sobre el cansancio que sentían los españoles por aquellos años de luchas, hambre y represión, al tiempo que se identificaba con el anhelo de la mayor parte de la población de que la guerra acabara lo más pronto posible.

El 27 de febrero de 1939 presentó su dimisión después de que, días antes, se refugiara en Francia ante el avance decidido de los ejércitos franquistas. Adoptó esa decisión debido al reconocimiento de la imposibilidad de obtener una negociación de paz con las fuerzas sublevadas contra el legítimo gobierno republicano. Falleció el 4 de noviembre de 1940, en su exilio francés en Montauban, a donde se había dirigido para evitar el territorio dominado por las tropas invasoras alemanas.

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