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Francisco de Figueroa


images2 (Alcalá de Henares, 1530-1588)

Poeta español del Renacimiento, Estuvo en Italia como soldado y, como llegó a dominar la lengua toscana como la suya propia, escribió poesía tanto en italiano como en español y realizó estudios universitarios en dicho país. En 1579 viajó por Flandes con don Carlos de Aragón, primer duque de Terranova; recorrió además Francia, Alemania y Valencia. Fue contino del rey Felipe II desde 1561, y repartió su residencia entre la Corte y Alcalá, adonde finalmente se retiró, junto a su esposa, María de Vargas, con quien contrajo matrimonio en 1575. Se relacionó con los poetas y escritores más importantes de su tiempo, como Pedro Laínez y Miguel de Cervantes. El humanista Luis Tribaldos de Toledo editó su obra en 1625 en Lisboa, y la salvó así de perecer, ya que el autor mandó quemarla antes de morir.

La trayectoria poética de Figueroa es muy personal, pese a inspirarse en la tradición estilnovista y petrarquista y su continuación garcilasiana, que lleva a su punto más alto; es nulo su parentesco con la lírica de Fray Luis de León, por más que se le haya solido situar dentro de la escuela salmantina. Le influye poderosamente el neoplatonismo de León Hebreo. Miguel de Cervantes, alcalaíno como él, casi de su misma promoción y gran lector suyo, nos cuenta en su Galatea que en la obra de su coterráneo aparece Figueroa bajo el nombre de Tirsi y su amada bajo el de Filis. Cultivó la canción, la elegía y la glosa, aunque son los más recordados sus sonetos, en especial uno cuyo primer verso es Perdido ando, señora, entre la gente…, inspirado en un mote medieval, y que fue refundido por Bernardo de Balbuena. Redactó además el epitafio de don Diego de Espinosa, presidente del Consejo Real y obispo de Sigüenza. Sus epístolas son también muy interesantes porque revelan la personalidad de un hombre culto y curioso, interesado por los problemas de lengua; entre ellas destaca la enviada en 1560 desde Chartres al humanista Ambrosio de Morales, en la que se diserta sobre cómo hablar y pronunciar el castellano. También hay huellas clásicas en su poesía, como la de Horacio en su canción Cuitada navecilla.

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