Anuncios

Petra – La Capital del Reino Nabateo


Antiguo enclave nabateo, junto al Wadi Musa, situado a unos 260 km al sur de Amán (Jordania), ubicado en el margen oriental del Wadi Arabah, en la parte del valle del Rift que discurre entre el Mar Muerto y el golfo de Aqaba.

Su privilegiada situación geográfica, dentro de un entorno caracterizado por cadenas montañosas y una gran depresión geográfica, fue la causa de su nacimiento y harían de ella un núcleo urbano de gran importancia estratégica, comercial e histórica.

NabateensRoutes

PetraMap

Leyenda detallada 1. Hotel, centro turístico 2. Tumba « Djinn » 3. Tumba de los obeliscos (Imagen) 4. Túnel de conducción de agua. 5. Sector de Al-Madras 6. El Sîq (Imagen) 7. El Tesoro o Khazné (Imagen) 8. Terrazas con fachadas de tumbas 9. Teatro romano (Imagen) 10. Tumba de Uneishu (Imagen) 11. Tumba de la urna 12. Tumba corintia 13. Tumba de los pisos 14. Muralla norte 15. Tumba de Sextius Florentinus (Imagen) 16. Torre Conway 17. Tumba llamada de « Turkmaniyeh » 18. Ninfeo 19. Vía con columnas (Imagen) 20. Templo de los leones alados 21. Arco de Trajano (Triple arcco) 22. Qasr al-Bint (Imagen) 23. Museo 24. Canteras (Imagen) 25. Necrópolis de Umm al-Biyarah 26. El Deir (Imagen) 27. Qattar ad-Deir 5 28. Alto lugar de Madhbah 29. Muralla sur 30. Acueducto (Imagen) 31. Casa de Dorotheos 32. Necrópolis de Mughr an-Nasarah 33. Santuario de Al-M’aysrah 34. Biclinium de la urna 35. Triclinum de los leones 36. Santuario de Isis 37. Santuario de Umm al-Biyarah 38. Monumento de la serpiente 39. Alto lugar de Jabal Al-Nmayr 40. Tumbas de Wâdi Al-Nmayr 41. Wadi Farasah (Imagen de la tumba del jardinero) 42. Tumbas 43. Nicho del águila 44. Fortaleza Al-Wu’ayrah de los Cruzados 45. Gran Templo 46. Alto lugar y fortaleza de Al-Habis 47. Dique (Imagen) 48. Iglesia (Imagen) 49. Alto lugar de Djebel Khubtha (Vista desde la cumbre) 50. Wadi Siyagh (Imagen) Del 2 y 3 al 50. Khazne al-Firaun

El nombre de Petra

El actual nombre de Petra proviene de los griegos. El vocablo Petra significa “piedra”, traduciendo la propia realidad de la ciudad. Su nombre semítico fue el de Rqm (Reqem), según recordó el historiador Flavio Josefo (Antigüedades judías, IV, 7, 1) y que ha refrendado una inscripción nabatea del siglo I de nuestra era. En la Biblia se la designó como Selah (“Roca”), de donde pasaría al griego en su traducción de “piedra”.

A partir del siglo XII la ciudad pasó a llamarse Wadi Musa (Valle de Moisés), por creerse conectada la ciudad con alguno de los avatares del Éxodo judío narrado en la Biblia. La tradición islámica conservó aquel nombre, reflejado en el actual enclave de Wadi Musa.

El descubrimiento de Petra

El emplazamiento de Petra permaneció ignorado para la cultura occidental desde el siglo XII hasta el comienzo del siglo XIX. Las primeras indagaciones sobre su ubicación fueron realizadas por el alemán Ulrich J. Seetzen. Tal estudioso, basándose en los textos que la citaban (sobre todo la Biblia), propuso identificarla con el monte Hor, en donde se creía que se hallaba la tumba de Aarón, el hermano de Moisés (en las cercanías de Petra se halla el Gebel Harun o “Montaña de Aarón”). Sería, sin embargo, su descubridor el suizo Johann Ludwig Burckhardt (1784-1817), quien, embebiéndose de las costumbres árabes y haciéndose pasar por uno de ellos, se hacía llamar Ibrahim ibn Abdallah, y tras haber recorrido parte del Cercano Oriente, trabajaba para una asociación científica británica, luego de haber oído hablar de la existencia de una misteriosa ciudad que estaba en medio de las montañas del Gebel Harun, fingió ser un peregrino que quería llegar a dicho lugar para tributar su sacrificio a Aarón, allí enterrado. Acompañado por un guía nativo, Burckhardt pudo acceder a la misteriosa ciudad, a Petra. Atravesando el Wadi Musa y tomando mentalmente buena nota de cuanto veía para no levantar sospechas en su acompañante, se hizo llevar hasta el Gebel Harun y allí para justificar el motivo de su viaje efectuó un sacrificio al profeta. Aquel descubrimiento tuvo lugar en agosto del año 1812.

Divulgado por Europa dicho descubrimiento, la enigmática Petra suscitó un extraordinario interés. En 1818 llegaría a ella el aristócrata inglés W. J. Bankes, asimismo junto a sus compañeros C. L. Irby y J. Mangles, disfrazados todos de árabes. A lo largo del siglo XIX se sucedieron las visitas a Petra por viajeros occidentales que mediante grabados y litografías, sobre todo de L. De Laborde, David Roberts y Edward Leal, difundieron las bellezas de tal ciudad. En 1860 Francis Frith pudo fotografiar Petra por primera vez.

A ellos les siguieron otros estudiosos y viajeros, como E. Robinson, A. H. Layard, H. Martineu, E. Brünnow y A. V. Domaszewski. Estos últimos constataron que hasta un total de 76 viajeros habían dejado grabados sus nombres en Petra como testimonio de su presencia en ella.

al_deir petra-16 petra

Trabajos científicos y excavaciones arqueológicas

A comienzos del siglo XX se iniciaron los viajes de carácter científico, destacando la obra de Alouis Musil, Arabia Petrea, aparecida en Viena (1904-1907) y la de Brünnow y Domaszewski, Die Provincia Arabia, en tres volúmenes, editados en Estrasburgo (1904-1909) que sigue siendo todavía la gran obra clásica sobre la ciudad.

Los trabajos de exploración, catalogación y descripción de G. Dalman, Th. Wiegand, W. Bachmann, C. Watzinger, y A. Kennedy darían paso en la década de 1930 a las excavaciones arqueológicas. El primer arqueólogo que excavó la ciudad fue George Horsfield, efectuando diferentes campañas entre 1929 y 1936. A él le seguirían A. Conway, W. F. Albright y J. C. Ellis. En 1954 P. J. Parr y D. Kirkbride, de la Escuela Británica de Arqueología en Jerusalén, con los auspicios del Estado jordano, trabajaron en el centro de la ciudad, logrando encontrar los restos de la más antigua ocupación nabatea. Importantes también las excavaciones de Ph. C. Hammond y de C.-M. Bennet, efectuadas en las décadas de 1960 y 1970. En 1978 comenzaron también a excavar arqueólogos jordanos, entre ellos, Fawzi Zayadine y Nabil Khairy. En la década de 1990, el estadounidense M. Joukowsky emprendió la excavación del Gran Templo.

La importancia de Petra, cada vez más visitada por turistas de todo el mundo, hizo que en 1985 la Unesco la declara Patrimonio de la Humanidad.

Fuentes para el estudio de Petra

Lamentablemente, no existen fuentes directas para el estudio de la historia de Petra. Por razones obvias no se conocen textos de antiguos autores nabateos ni tampoco relatos sobre ella. Sólo se dispone de noticias indirectas, facilitadas por algunos historiadores clásicos greco-romanos, que la citaron de oídas, y siempre en el contexto de la dominación romana, caso de Diodoro de Sicilia y de Estrabón. Una, tal vez, de las fuentes más significativas sea la obra de Flavio Josefo, quien narró los conflictos habidos entre los judíos y los nabateos. Algunas referencias en Plinio el Viejo, Tácito, Apiano y Dión Casio permiten precisar algunos detalles, nunca importantes, dado que Petra perteneció durante un tiempo al Imperio Romano. Lo mismo cabe decir de las citas que aparecen en la Biblia (Libros I y II de los Macabeos).

De época islámica tan solo se poseen dos fuentes de información: las parcas referencias del historiador del siglo X, conocido como An-Nabati y la del cronista Nuwairi (1279-1332), quien la describe como una ciudad deshabitada, en estado de ruinas.

Muy distintas son las fuentes arqueológicas que han facilitado textos epigráficos, papirológicos, numismáticos y artísticos.

Hasta ahora se han detectado más de tres mil inscripciones nabateas, por lo general de muy corta extensión. De ellas hay que señalar dos: la existente en la fachada de la tumba conocida como Turkmaniya y la que se halla en la base de una estatua. La primera constituye un epitafio de gran interés religioso y la segunda una dedicatoria al último de los reyes de Petra, de nombre Rabel II. Ésta nos permite conocer, aunque de modo incompleto, la genealogía de la casa real nabatea.

En Petra también han aparecido algunas inscripciones escritas en griego y en latín, de carácter funerario, destacando el epitafio presente en la tumba del legado romano Sextius Florentinus.

Los papiros alusivos a Petra o hallados en ella tampoco han aportado mucha información. Son de cierto interés, tan solo por habernos transmitido pequeños aconteceres de la vida cotidiana de algunas familias nativas o extranjeras. Algunos de los papiros más destacables son los aparecidos en el llamado “Archivo de Zenón”, localizado en El Fayum (Egipto). Uno de ellos, en el contexto de unas actividades comerciales, contiene la referencia documental más antigua sobre los nabateos (año 259 a.C.). En el denominado “Archivo de Babatha”, perteneciente a una mujer judía, archivo localizado en Nahal Hever, cerca del Mar Muerto, han aparecido papiros en nabateo, arameo y griego, conteniendo información entre los años 90 y 130 d. C.. Finalmente, en la Iglesia bizantina de los Mosaicos, existente en Petra, se localizaron en 1993 un total de 152 rollos, redactados en griego, parcialmente carbonizados, correspondientes al archivo de un tal Teodoro. Los mismos han facilitado información de la Petra del siglo VI de nuestra era. Aluden a la vida económica, social y religiosa de la Petra bizantina.

Muy importantes, por otro lado, han sido los hallazgos numismáticos. Muchas de sus monedas han permitido identificar a reyes nabateos y determinar su cronología, aparte de deducirse a través de ellas la situación económica de cada uno de los reinados que han podido determinarse. Fueron estudiadas por Y. Meshorer en 1975.

Las excavaciones arqueológicas han permitido precisar no pocos aspectos de la vida de Petra. Desde su sistema de defensas a sus viviendas rupestres, pasando por sus más emblemáticos edificios religiosos y civiles así como sus tumbas, sin olvidar su cerámica, su flora e incluso su original geología. En París se está elaborando una nueva y definitiva Carta Arqueológica de Petra que permitirá el estudio en profundidad de dicha ciudad.

plano_petra

Los primeros habitantes de Petra

La existencia de varios manantiales y el refugio que facilitaba las rocas hicieron que la zona del Wadi Musa se viera ya ocupada en tiempos neolíticos, de hacia el 9000 a.C., de acuerdo con los restos localizados en el yacimiento de Al Beidha, muy cercano a Petra, por Diana Kirkbridge en 1965.

Durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, esto es, hasta el 2500 a.C. aproximadamente, el lugar se vio habitado por comunidades tanto sedentarias como nómadas. Sería hacia el 1500 a.C. cuando llegarían a Petra los oritas, pueblo que fue muy pronto expulsado del lugar por los edomitas. Este pueblo, de origen semita, aparece citado en el Antiguo Testamento, remontándose su origen, según tal fuente, a Esaú, hijo de Isaac. El capítulo 36 del Génesis recoge la genealogía mítica de patriarca Esaú, dirigente del pueblo edomita. Por razones que se derivaban de tiempos previos los edomitas fueron casi siempre rivales de los israelitas, enfrentándose a ellos en numerosas ocasiones. No tuvieron inconveniente en atacar el sur de Israel cuando convenía ni en asaltar cuantas caravanas pasaran por sus territorios.

La presencia del Imperio Asirio significó un serio revés para los edomitas, debiendo uno de sus reyes, de nombre Qaush-Gaber, tributar al rey Asarhaddon. No obstante, Petra, si bien destruida por el fuego, pudo sobrevivir.

Hacia el año 580 a.C. un nuevo pueblo, los nabateos (nabatu), proveniente de Arabia, comenzó a arribar a Petra, en donde acabó por instalarse, aprovechando la debilidad de los edomitas con quienes acabaron mezclándose. En tal fusión hubo de pesar mucho los planteamientos religiosos de las dos etnias, pues ambas se creían descendientes, si bien de dos ramas diferenciadas, de un mismo profeta, Ismael, hijo de Abraham y de su esclava egipcia Agar.

En un principio los nabateos vivieron del pastoreo hasta establecerse de modo sedentario en el Wadi Musa, hecho ocurrido hacia el año 350 a.C. Después, viendo la extraordinaria situación de Petra, cruce de varias rutas comerciales entre Palmira, Damasco y Aqaba, entre Teima y Gaza, y entre las costas del Mar Rojo y el Océano Índico, se dedicaron, sin abandonar del todo su vida anterior, al lucrativo negocio de proteger tales rutas a cambio de los correspondientes impuestos. A ellos se debe la construcción de Petra y el establecimiento de un amplio reino, la Nabatea, extendido por la península Arábiga, el Neguev y la meseta de Edom hasta el sur del Mar Muerto.

El reino de los nabateos

El Estado nabateo hubo de ser testigo de las luchas entre los sucesores de Alejandro Magno. Y fue en este contexto histórico cuando aparece citada por vez primera en las fuentes clásicas el reino nabateo (Diodoro de Sicilia, XIX, 94-100). El motivo se debió al deseo que tuvo en el 312 a.C. el rey Antígono Monoftalmos de apoderarse del país de los árabes llamados nabateos dado que eran hostiles a sus intereses. Aquel deseo no lo vio cumplido pues los nabateos a pesar de haber sido derrotados en un primer encuentro (batalla en Umm al-Biyara) lograron luego sorprender al ejército griego. Por su parte, el hijo del anterior, Demetrio Poliorcetes, tampoco pudo conquistar Petra, optando por retirarse de ella a cambio de regalos de mucho valor.

A partir de entonces Petra, que no dudó en pagar por la paz, desarrolló su vida dedicada al pastoreo (ovejas y dromedarios) y al comercio, al tiempo que remodelaba su primitivo hábitat. Coincidiendo con ello la ciudad se dotó de un régimen monárquico. La primera noticia acerca de un rey nabateo procede también de la Biblia (Libro II de los Macabeos), citándose al rey Aretas I (ca. 168 a.C.), a quien se le calificaba de “tirano de los árabes”.

Este rey, que ofreció cobijo a Jasón, Sumo Sacerdote de Jerusalén y que colaboró años después con los judíos en sus luchas contra los seléucidas, pudo transmitir su reino a sus sucesores Aretas II (115-96 a.C.), Obodas I (96-86 a.C.), que daría muerte al rey seléucida Antíoco XII, y Rabbel I (86 a.C.) en muy buenas condiciones económicas. El reino, notablemente enriquecido por las ganancias caravaneras, se extendió territorialmente, alcanzando incluso Siria.

Sin embargo, la hora de Roma había llegado, siendo más evidente su presencia a partir del siglo I a.C.. El primer contacto entre Roma y el reino nabateo fue por un asunto de herencia entre dos hermanos judíos, los príncipes Aristóbulo e Hircano, uno de ellos descontento con el reparto. El primer ministro de Hircano, llamado Antípater, estaba casado con una noble nabatea llamada Cypros. Este hecho, y el consiguiente juego de influencias, llevaría a que el rey nabateo Aretas III (86-62 a.C.) apoyara la causa de Hircano, llegando a sitiar Jerusalén. Sin embargo, en tal lucha también intervino Pompeyo el Grande que acababa de anexionar para Roma el reino seléucida, convertido en el 64 a.C. en la provincia de Siria. Pompeyo logró que Hircano y Aretas III levantaran el sitio de Jerusalén. A cambio de su independencia Artetas III hubo de pagar a los romanos un tributo de 300 talentos.

Bajo los reyes Obodas II (62-59 a.C.) y Malico I (59-30 a.C.) su erróneo planteamiento diplomático al apoyar a los enemigos de Roma, a la sazón enfrascada en una Guerra Civil, hizo que se proyectara en el devenir de Petra, iniciándose una evidente decadencia, pues Roma hizo que las caravanas tomaran otras rutas, orillando Petra.

Con Obodas III (30-8 a.C.), y sobre todo con Aretas IV (9 a.C.- 40 d.C.), Petra viviría sus últimos días de prosperidad, a pesar de verse obligada a tolerar la independencia de las ciudades de la Decápolis, creada por Pompeyo, dentro del territorio nabateo. La revuelta judía de los años 60 contra Roma, que coincidió con el reinado de Malico II (40-70 d.C.), trajo fatales consecuencias para Petra. La presencia de las tropas romanas motivaron al último rey nabateo, Rabel II (70-106 d.C.), a trasladar la capital de su reino a Bosra, abandonando Petra a su suerte. Al morir dicho rey, las tropas romanas del emperador Trajano entraron en Petra y anexionaron todo el territorio al Imperio con el nombre de Provincia Arabia Petrea, situando la capital en la propia Bosra, llamada Nea Traiana Bostra.

Por su parte, Petra conoció un nuevo impulso constructivo, pues los romanos edificaron una calle columnada y un ninfeo o fuente pública. El emperador Adriano llegó a visitarla también en el año 131 d.C., emitiendo con tal ocasión una moneda con la leyenda Petra Hadrianea Metropolis. En tiempos de Heliogábalo, en el año 220, Petra obtuvo el rango de Colonia. Con Diocleciano, en el año 293, Petra se convertiría en la capital de la provincia llamada Palestina Tertia.

Asiria - Carro e infantería siglo IX a.C.

Petra en tiempos bizantinos

El cristianismo también arribó a Petra según han demostrado las ruinas de iglesias (caso de la Iglesia de los Mosaicos) y algunos de sus monumentos transformados en lugares de culto. La nueva creencia fue de lenta implantación y sus seguidores sufrieron persecuciones, sobre todo por parte del prefecto Máximo, que llegaría a ser gobernador de Arabia. Se conoce el nombre de alguno de sus obispos cristianos, entre ellos, el de Asterio, que participó en el Concilio de Alejandría en el año 362, o el de Jasón, obispo en el 445 y enterrado en una tumba rupestre. A pesar de una serie de terremotos que la afectaron muy seriamente, como los acontecidos en los años 363, 419 y 551, la ciudad pudo recuperarse, recibiendo incluso el apelativo de “Madre de las colonias”, debido a su todavía relativa importancia. En ella residía un colegio de Recolectores de tasas, según se sabe por la documentación papirológica llegada.

De todas maneras, la Petra bizantina, que vivía de la agricultura y de la ganadería, fue muy distinta de la nabatea, no solo en cuanto a importancia sino también en cuanto a núcleo habitado, pues los terremotos habían causado en ella lamentables destrozos.

Petra en tiempos islámicos

Entre los años 614 y 629 los persas sasánidas, que invadieron amplios territorios del Próximo Oriente al parecer no alcanzaron Petra. La ciudad fue conquistada por los musulmanes tal vez alrededor del año 635, momento de la batalla de Yarmuk, habida en la actual frontera jordano-siria. Aquella ocupación significó el ocaso de la misma, pues tan solo en algunos momentos de la época Omeya y de la Abásida, pudo ser habitada parcialmente.

Las Crónicas de los Cruzados no mencionan a Petra, sino tan solo al Wadi Musa y a los monjes que vivían en el monasterio de San Aarón, en Gebel Harun. En los años 1101 y 1107 dichos monjes pidieron ayuda al monarca Balduino I, hermano de Godofredo de Bouillon, para hacer frente a los ataques de los sarracenos. De tal fecha data la fortaleza de Al-Weirah, edificada para defender el acceso a la ciudad por su lado este. En 1116 se levantó otra fortaleza, ahora en el interior.

Petra quedó abandonada definitivamente después de la derrota del ejército cristiano a manos de Saladino, a comienzos del siglo XII.

La presencia de los beduinos bdul

En un momento que no se puede determinar cronológicamente, las ruinas de Petra pasaron a ser ocupadas durante los inviernos por los beduinos bdul, que subsistían gracias a la ganadería y a la caza. Muchas de las tumbas fueron nuevamente reutilizadas por tales beduinos, lo que les llevaría a convertirse en sedentarios, volviendo a ocupar las viviendas rupestres nabateas. A mediados del pasado siglo, los bdul se dedicaron también a la agricultura (trigo, cebada y tabaco) y al comercio, utilizándose las viviendas rupestres como almacenes. El arribo del turismo transformó la existencia de tal pueblo, que había comenzado a modificar el entorno urbano nabateo. En 1985, el gobierno jordano trasladó a los bdul a un poblado de nueva planta, a Umm Saihun, situado en la antigua entrada al norte de Petra.

La sociedad y las instituciones

Lo limitado de las fuentes escritas sobre Petra no permiten conocer con exactitud cómo se estructuraron socialmente los nabateos ni cómo fueron las instituciones de que se dotaron. No obstante, las referencias de Diodoro de Sicilia y de Estrabón permiten aseverar que Petra conoció evidentes transformaciones sociales durante su historia.

De una población nómada y seminómada se pasó a un sedentarismo evidente al abrigo de la excelente posición geográfica de la ciudad. Tal sedentarización les llevó a construir sus viviendas tanto rupestres como de piedra y latericias, logrando destacar en sus planteamientos plásticos monumentales.

Asimismo, los nabateos se dotaron de un régimen monárquico (el rey se llamó mlk), en principio en contradicción con su carácter de sociedad nómada. Fue el contacto con otros pueblos, sobre todo con los reinos helenísticos, el que les hizo adoptar planteamientos monárquicos, estableciendo una dinastía de diez reyes como mínimo. Junto al rey aparece la figura de su visir o ministro, con amplios poderes, y que recibía el título honorífico de hermano. El reino nabateo quedó dividido en distritos, de pequeña extensión, controlados por estrategos (strg) con poderes civiles y militares. La sociedad quedó estructurada en clases, llegando incluso a existir esclavos, si bien en escaso número al decir de Estrabón (XVI, 4). Papel muy significativo alcanzó el ejército, cuyos cargos nos son conocidos a través de la terminología griega (hprk = hipparchos = comandante de caballería) y en alguna ocasión nabatea (psry = jinete de caballería). Entre las clases elevadas fue corriente comer en común formando grupos de trece comensales asistidos por dos mujeres cantantes en cada uno de los banquetes.

Las inscripciones nos han transmitido la serie de oficios y ocupaciones de los nabateos. De ellos muchos están vinculados con el mundo del comercio y con los más variados quehaceres artesanales. El control del agua y su almacenamiento, fundamental en un medio desértico, fue tarea principal de los responsables, que supieron articular un complejo sistema de embalses y presas. Petra no tuvo problema con el líquido elemento dada la existencia de cuatro manantiales perennes (dos de ellos en el interior de la ciudad y otros dos en sus inmediaciones).

Socialmente, se sabe que mantuvieron una estructura patrilineal, teniendo la mujer sus capacidades jurídicas plenas. Notabilísima importancia alcanzaron las reinas nabateas, a las que se les daba el título de hermana del rey, dado que sus efigies aparecen en las monedas junto a la de los reyes y que en ocasiones, caso de la reina Shaqilat, pudieron ejercer la regencia.

Igualmente se sabe que los nabateos conocieron la escritura, adoptando un sistema propio, derivado del alfabeto cursivo arameo, idioma que adoptaron al entrar en contacto con el Imperio persa. La importancia de su escritura se evidencia en que la más notable inscripción árabe preislámica fue escrita con caracteres nabateos.

Del alfabeto nabateo derivaría toda una familia de alfabetos que a través del cúfico y el nesji pasaron a convertirse en la escritura árabe actual.

Aspectos religiosos

Muy poco es lo que se conoce acerca de la religión de los nabateos, pues se carecen de relatos mitológicos y de listas de dioses. Por Estrabón se sabe que adoraban al sol a quien le construían altares en la parte alta de las casas y le ofrecían libaciones, además de quemarle incienso. Se sabe, igualmente, que fueron politeístas, adorando a un panteón organizado en torno a un dios principal llamado Dushara (de Dhu = señor, y shara = montañas), de origen edomita y dios protector de la monarquía nabatea y principio de fertilidad. Dicho dios quedó identificado posteriormente tanto a divinidades semitas (Baal) como griegas (Zeus). Su paredra fue Al-Uzza, específicamente nabatea y asociada a la fertilidad (titular de los manantiales y del agua). Junto a ella, también se rindió culto a las diosas Allath y Manat (estas tres diosas aparecerían luego recogidas en el Corán, 53, 19-20).

Otra serie de dioses nos son conocidos a través de sus epítetos, dado que las inscripciones no mencionan sus nombres. El contacto con otros pueblos también tuvo su reflejo en su panteón, aceptándose los cultos de Atargatis, Isis, Baalshamin, Dionisos, Hermes, Helios entre otros. Uno de sus reyes, de nombre Obodas llegó a ser divinizado. Creyeron igualmente en dioses personales y en espíritus (djins), especie de elementos protectores. Uno de ellos protegía a las caravanas (Shea-alqum).

Los dioses fueron adorados bajo la forma de un betilo (nsb), piedra sagrada sin adornos antropomórficos (aunque también los hubo con ellos). Fueron muy abundantes en el desfiladero del Siq y en los lugares altos donde recibían culto.

Tal culto se dispensaba bien en los lugares altos, al aire libre, bien en templos específicos (Templo de los leones alados, Qasr al-Bint Faroun, Gran Templo, por ejemplo) y de modo tanto público como privado.

Cuando el cristianismo alcanzó Petra se construyeron varias iglesias, sobresaliendo la llamada Iglesia de los Mosaicos, obra del siglo V.

Petra y sus monumentos

Dejada atrás la pequeña villa actual de Wadi Musa, se alcanzan tres monumentos funerarios del tipo nefesh (a modo de cipos que representan al difunto) y se llega a la garganta del Siq, paso obligado para acceder a Petra. Se trata de un desfiladero de 1.200 metros de largo, unos 100 de alto y apenas 8 o 10 de ancho en algunos puntos. Este corredor fue formado por las fuertes corrientes de agua que ocasionalmente inundaban el sector y que le han facilitado su aspecto único. Un arco, que hacía las veces de puerta de ingreso, se levantaba a modo de entrada triunfal. El mismo se mantuvo en pie hasta 1896, momento en que cayó a causa de un terremoto. El desfiladero del Siq, impresionante, es en cierto modo un trayecto iniciático que prepara al espíritu del visitante para admirar algo único: las ruinas de Petra.

El Khaznéh al-Faroun

Recorrido parte del desfiladero se llega a la fachada del más hermoso y divulgado monumento de Petra, el Khaznéh al-Faroun (el Tesoro del faraón). Se trata de una tumba real, tal vez de Aretas IV o de su esposa. Su fachada es de dos niveles y está totalmente tallada en la roca viva. Alcanza una altura de 40 metros (trece pisos modernos) y tiene una base de 28. Está adornada con doce columnas de hermosos capiteles corintios, seis que soportan el pórtico finalizado en frontón triangular y otras seis en su parte superior, formada por un tholos y dos semifrontones. Este tholos está coronado con una urna, sobre la cual los beduinos de antaño descargaban sus fusiles pensando que en su interior se hallaba oculto el tesoro de un faraón.

Toda la facha está vaciada y cincelada en la roca de tonalidad rosa y presenta una profusa decoración de tipo helenizante. Se sabe que empezó a tallarse desde arriba, según han revelado otros monumentos dejados a medio tallar.

Interiormente, presenta un vestíbulo y tres salas, todas ellas excavadas en la roca. La sala central tiene 120 metros cuadrados y en la misma se hallaba el triclinum para celebrar ceremonias.

El Gebel Attuf

No lejos del anterior monumento, sobre una alta roca que domina la ciudad se halla área del Gebel Attuf, con la presencia de un lugar de culto al aire libre. Para acceder al mismo se utilizaba un camino procesional, cuyos peldaños de acceso se excavaron en la roca. En su explanada se hallan dos obeliscos de siete metros de altura, que para ser tallados se tuvieron que rebajar muchos metros cúbicos de piedra. Funcionaron como betilos y se sabe que estuvieron dedicados a los dioses nabateos Dushara y Al-Uzza, dioses masculino y femenino respectivamente, asociados a la fertilidad. Un último tramo de escalinatas posibilita el acceso al lugar de los sacrificios. Este santuario al aire libre adopta forma de rectángulo (14,5 por 6,5 metros aproximadamente). Del patio central, en el que sobresale una mesa sagrada (motab), sale un pequeño canal de desagüe. Frente a la mesa de piedra hay un altar de unos 90 cm de altura y junto a él otro más pequeño de estructura circular.

Las construcciones civiles

No lejos de este sector se halla también un interesante teatro romano, excavado igualmente en la roca, con capacidad para siete mil espectadores en las 45 gradas de su cavea. Parece ser que fue levantado en tiempos de Aretas IV.

Continuando por el desfiladero del Siq con fachadas rupestres de tumbas a modo de viviendas trogloditas, se llega finalmente a una amplia cubeta natural, por donde discurría el wadi, rodeada de acantilados. Aquí se ubicó la ciudad de Petra, sobre todo la de tiempos del precitado Aretas IV. De la misma subsisten en dirección oeste-este, un ninfeo, una avenida porticada, hoy derruida, tres mercados, denominados por su situación: superior, medio e inferior, todavía no excavados totalmente; un Gran templo (Templo del sur, de planta tetrástila períptera, datable del siglo I y en donde se veneraría al dios protector de la ciudad: Manathu) y frente a él, en la otra acera, el Palacio real, muy cercano a otro importante templo: el llamado Templo de los leones alados, denominado así por los capiteles con leones alados situados alrededor del altar. En él apareció un betilo con rasgos antropomorfos, sin duda personificación de la diosa Al-Uzza. Un magno arco triunfal, del que solo quedan sus bases, cerraba este importante sector urbano, que contó incluso con excelente pavimentación.

Un poco más adelante, en otra zona del roquedo se halla el Qasr al-Bint Faroun (Castillo de la hija del faraón), objeto de una leyenda beduina y templo del siglo primero, cuyo pórtico está formado por dos cuerpos con cuatro columnas dóricas. Levantado sobre un podio al que se llega por una escalinata, estuvo en activo durante algo más de cinco siglos. Aunque le afectaron alguno de los terremotos sufridos por Petra, el templo fue reconstruido. El seísmo del 551 puso fin, no obstante, a su existencia. Su excelente conservación hacen de él un monumento extraordinario.

Los monumentos funerarios

En Petra se han localizado más de seiscientas tumbas de las catalogadas como de fachada así como centenares de tumbas mucho más sencillas. Los especialistas han establecido sus tipologías de acuerdo con las diversas estructuras frontales y elementos decorativos que pueden observarse (tipo asirio, tipo cavetto, tipo doble cornisa, etc.).

Entre las más significativas hay que citar la Tumba de la Urna, llamada así por la urna que remata su frontón, excavada en profundidad y con terraza porticada. Parece ser que fue la tumba del precitado rey Aretas IV. En el año 446 fue transformada en iglesia cristiana.

Otra notable tumba, cerca de ésta es la Tumba Corintia, muy afectada por la erosión, que intentaba copiar el esquema frontal del Khazneh, incluido su tholos. Sus tres puertas de acceso dan a otras tantas cámaras interiores. A pesar de haberse inspirado en el monumento más hermoso de Petra, esta tumba daría origen a otras cuatro más, al copiar su fachada.

Muy cerca de ella se halla la Tumba Palacio, llamada así por su magnificencia palacial, con dos pisos de diferente diseño y cinco niveles. Es de grandes dimensiones (en realidad, se trata de la tumba de mayor tamaño de la ciudad: 45 metros de alto por 49 de ancho). La erosión ha perjudicado sobre todo su parte alta que fue completada con obra de cantería. Sus cuatro puertas de acceso abocan a otras tantas cámaras.

Un poco más adelante está la Tumba de Sextius Florentinus, inspirada en la Tumba Corintia y llamada así por la inscripción latina que presenta, alusiva a tal legado romano.

Otras tumbas que deben ser citadas son la Tumba de Uneishu, la Tumba Renacimiento, la Tumba del soldado romano y ya, muchísimo más alejada, en el wadi Abu Ollegah, la Tumba Turkmaniya.

La Tumba de Uneishu, situada enfrente del teatro romano, puede fecharse gracias al descubrimiento de una inscripción relativa a tal personaje que fue ministro de la reina Shaqilat, regente durante la minoría del rey Rabel II. Presenta fachada de doble cornisa con columnas de capiteles nabateos. Su cámara funeraria tiene tres nichos.

La Tumba Renacimiento presenta puerta doble, coronada con un arco inspirado en la Tumba Corintia. La Tumba del soldado romano, situada en el wadi Farasah, es llamada así por la presencia de una estatua ubicada en un nicho sobre la puerta de acceso.

Finalmente, la Tumba Turkmaniya, con una larga inscripción en nabateo sobre su puerta, se talló en el siglo I d.C.

Todavía deben recordarse dos Tumbas inacabadas que han posibilitado comprender las técnicas constructivas de las tumbas de Petra. Una de ellas está situada en la ladera de al-Habis (sólo se talló la parte superior de la misma) y otra en la ladera noroccidental del Gebel al-Kubthah (se llegó a alisar la totalidad de lo que debía ser su fachada y a tallar alguna parte de la decoración frontal).

El templo rupestre ed-Deir

En el Gebel ed-Deir, ya en las afueras de Petra y tras haber dejado el Triclinio de los leones, se halla el extraordinario templo de ed-Deir (El monasterio) al que se accede mediante 800 escalones. Su prototipo hay que buscarlo en el Khazneh. Tal templo, excavado en un enorme montículo rocoso presenta una fachada de 47 metros de ancho por 42 de alto, sin duda el templo rupestre de mayores dimensiones de todo Petra. Su fábrica está totalmente tallada en la roca. Presenta dos pisos y un tholos central con una urna de 9 metros de altura, elemento que remata decorativamente el monumento. En su interior tan solo existe una cámara con bancos laterales y un motab (una mesa) sobre el que se depositaba el betilo. Se ignoran qué divinidades recibían aquí culto, si bien el hallazgo de una inscripción con la mención de Obodas, el dios ha hecho pensar en que tal vez se rendiría culto a tal rey divinizado. Tampoco se descarta que este monumento hubiese servido como tumba de tal rey o como cenotafio del mismo.

Aunque de Petra han llegado sobre todo sus tumbas rupestres y unos pocos templos, Petra no fue una ciudad de los muertos. Contó con una bulliciosa población que alcanzó en algunos momentos los 20.000 habitantes, dedicados al pastoreo, la agricultura y sobre todo al comercio.

Su magnificencia, los enigmas de todo tipo que presenta, la joya de sus construcciones, los colores de sus piedras, motivados por las filtraciones de las aguas en la caliza y las areniscas de sus rocas han provocado las más extrañas figuraciones plásticas, haciendo de muchos de sus rincones verdaderas obras abstractas, con formas que ninguna mente humana hubiese sido capaz de significar. Todo ello ha hecho de Petra un foco turístico internacional de primera magnitud.

Fuente: Federico Lara Peinado

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s