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St. Louis 1904


Un espectáculo bochornoso

Los Estados Unidos habían apoyado decididamente el movimiento olímpico y la celebración de los dos primeros Juegos, por lo que Pierre de Coubertin veía con ilusión que la tercera edición de los mismos se disputase en la potencia emergente de la época. De hecho, eran dos las ciudades que habían presentado su candidatura: Chicago y San Luis. Coubertin y el CIO se decantaron por Chicago, pero San Luis interfirió: organizaba otra exposición universal, exigió los Juegos y amenazó con montar otros parelalos, con profesionales. Como Chicago tuvo problemas organizativos, el presidente Theodore Roosevelt se decantó por Chicago ante la desesperación de Coubertin.

interiorAl igual que en París, las competiciones olímpicas se alargaron durante cuatro meses y medio y se perdieron en el caos de la Feria. Además, muy pocos atletas de fuera de los Estados Unidos pudieron acudir. Sólo menos de la mitad de los eventos previstos tuvieron participación internacional.

Sin embargo, los Juegos de San Luis aportaron importantes novedades: la entrega de medallas incluyó por primera vez a los terceros clasificados. Se incorporaron al programa olímpico el boxeo y la lucha libre y, por primera vez y pese al racismo del sur de los Estados Unidos, donde estaba San Luis, ganaron medallas varios atletas negros: los atletas estadounidenses George Poage y Frederic Stadler, en 400 vallas y longitud, respectivamente.

Pero los Juegos de San Luis se recuerdan, sobre todo, por las Jornadas Antropológicas: Se trajeron a la ciudad estadounidense personas de distintas etnias exóticas, como pigmeos, indios cocopas o sioux, moros e igoratas de Filipinas, sirios… para exhibirles en pleno ejercicio de actividades deportivas propias de su país, o practicando deportes olímpicos. Coubertin las calificó como “espectáculo bochornoso” y profetizó que “el día que estas razas aprendan a practicar deporte, superarán a quienes hoy se ríen de ellos”.

Tres atletas y seis medallas

Tres norteamericanos compartieron el honor de lograr el mayor número de medallas. En gimnasia, Heida logró cinco oros (potro con arcos, barra fija, salto largo, combinado y sexatlón por equipos), y una plata (paralelas); Eyser consiguió 3 oros (sexatlón equipos, paralelas y subir cuerda de 25 pies), dos platas (salto largo y potro con arcos) y un bronce (barra fija). En ciclismo, Dowling se hizo con 2 oros (2 y 25 millas); 3 platas (cuarto, tercio y una milla) y un bronce (media milla).

Pero la prueba más recordada de los Juegos de San Luis fue el maratón. Normalmente se alude a que quien entró primero en meta, Fred Lorz, se burló del público porque realizó parte del camino en coche, pero también hay que resenar que el vencedor real, Thomas Hicks, recibió varias inyecciones de estricnina durante la carrera y que todos los participantes sufrieron los rigores de una ruta sin asfaltar en la que se combinaron un sofocante calor y las polvaredas levantadas por los modernísimos vehículos con los que periodistas y jueces seguían la carrera: los automóviles.

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