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La Conquista de Italia por los Lombardos


Los Lombardos fueron un antiguo pueblo germano perteneciente, junto con los frisios, anglos y sajones, al grupo de los ingevones. Las primeras fuentes romanas que se refieren a este pueblo lo denominan longobardo. Su historia fue reflejada por el escritor del siglo VIII Paulo Diácono, de origen lombardo, quien recogió las leyendas tradicionales de los lombardos desde su emigración de Escandinavia. Desde 568 a 774 formaron un reino que controlaba la mayor parte de la península itálica.

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Orígenes

Según la leyenda, fueron dominados por los marcomanos. Durante el siglo I habitaron en el noroeste de Germania, en el curso bajo del río Elba. La base de su economía era la actividad ganadera. Desde sus asentamientos realizaban numerosas incursiones en el territorio romano y el de las tribus vecinas. A comienzos del siglo IV empezaron a desplazarse hacia el sur. Liderados por Agelmundo, cruzaron el Vístula en el año 370, y cuatro años más tarde se establecieron en el norte de los Cárpatos. A finales del siglo V, encabezados por Godeoch, se establecieron en los territorios abandonados por los rugios en el norte del Danubio, en el territorio de la actual Austria. Allí, parte de los lombardos fueron convertidos al arrianismo por los misioneros. En 490 fueron sometidos por sus vecinos, los hérulos, de cuyo dominio se libraron en el 510 gracias a la acción del cacique Tato. Gracias a su victoria pudieron ocupar la orilla izquierda del Danubio. Los reyes Wacho y Waltari lograron conquistar las llanuras húngaras. El primero de ellos estableció relaciones matrimoniales con los reyes merovingios. Tras ellos, una nueva dinastía cuyo primer líder fue Audoino alcanzó el poder.

Conquista de Italia

El nuevo rey, tras conquistar la provincia de Norico, negoció con el emperador de Oriente Justiniano, quien concedió a los lombardos el estatuto de federados y la soberanía sobre la provincia de Panonia. Tenían como misión frenar las incursiones de los gépidos. Establecieron una corte al estilo romano. El soberano comenzó a repartir entre los miembros  de las principales familias lombardas títulos de duques y condes. Entablaron una serie de luchas con sus vecinos los gépidos para hacerse con el control de la región y tales enfrentamientos se prolongaron por espacio de veinte años. Lograron destruir a esta tribu bajo el reinado del sucesor de Audoino, Alboino, quien se alió con los ávaros. El nuevo rey contrajo matrimonio con Rosamunda, hija del rey de los ávaros. Alboino cruzó en la Pascua de 568 al frente de las huestes lombardas los Alpes Julianos e invadió la Italia bizantina. Su primera conquista fue la ciudad de Forumjulii. Los lombardos conquistaron Milán el 4 de septiembre de 569. Sin encontrar apenas oposición, a finales de 569 ya se habían apoderado de las principales ciudades situadas al norte del río Po, con la excepción de Pavía, ciudad que se rindió en 572. Cruzaron los Apeninos y poco a poco fueron conquistando el oeste de Emilia y la Toscana.

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Establecimiento del reino lombardo

Los lombardos, algunos de los cuales eran paganos y otros arrianos, comenzaron a perseguir a los católicos. Algunas bandas de lombardos consiguieron adueñarse de los territorios de Espoleto y Benevento. Audoino fue asesinado en 572 y fue sustituido por Clef, quien contaba con el apoyo de los latifundistas italianos. El nuevo rey sólo gobernó por un período de dieciocho meses. A su muerte, los 35 duques lombardos no eligieron sucesor y prefirieron ejercer la soberanía cada uno en sus propios territorios. Los duques de Benevento y Espoleto se expandieron hacia el sur, por lo que se separaron del resto del territorio lombardo. Mientras, Bizancio conservó en su poder las ciudades de Génova, Venecia, Rávena y el sur de Italia. Cuando en 584 se produjo la invasión de los francos, los lombardos se vieron obligados a elegir un nuevo monarca con el fin de que organizase la resistencia. El elegido fue el hijo de Clef, Autario, que estaba casado con Teodelinda, hija de Gaubaldo, duque de Baviera. El rey, tras adoptar el título de Flavius, consiguió que los duques, salvo los de Espoleto y Benevento, dedicasen la mitad de lo producido en sus ducados a mantener al rey y su corte, por lo que el rey se convirtió en el más importante de los propietarios del reino.

El ejército pasó a depender del monarca y no de los duques, quienes estuvieron controlados desde entonces por los llamados gastaldi, un grupo de oficiales creado con esa función. Para gobernar, el rey se apoyaba en un grupo de adictos, los gazindi. Convertido al catolicismo por influencia de su esposa, el monarca estableció en Pavía la capital del reino lombardo y firmó la paz con los francos, a quienes se comprometió a pagar un tributo anual, además de concederles los valles de Aosta y Susa. Fue sucedido en 590 por Agilulfo, duque de Turín, quien contrajo matrimonio con la viuda del anterior rey. El nuevo monarca pudo recuperar el terreno perdido a manos de la alianza que habían formado los francos y los bizantinos. Reconquistó las ciudades de Padua, Parma y Mantua, parte del territorio de Venecia, el valle del Po y el este de Emilia. Atacó los territorios de Roma y obligó al papa Gregorio I a firmar un acuerdo de paz.

En 612 llegó al norte de Italia el monje irlandés Columbanus, que extendió entre los lombardos el catolicismo. Agilulfo fue sustituido en 616 por su hijo Adovaldo, criticado y depuesto por su política filobizantina. Fue reemplazado en 626 por su cuñado Ariovaldo, que era de religión arriana. Rotario, duque de Brescia, al ser elevado al trono en 636 y con el fin de legitimizar su situación, contrajo matrimonio con Gundeberga, viuda de su predecesor. Sumó a las posesiones del reino la ciudad de Génova y lanzó un gran ataque sobre el territorio imperial, que le permitió adueñarse de la costa de Liguria.

Edicto de Rotario y el establecimiento del cristianismo

En 643, Rotario publicó un edicto en el que por primera vez se realizaba una codificación sistemática de las leyes lombardas. El codigo de Rotario, muy influido por el derecho común romano, estaba escrito en latín y su fin principal era garantizar la paz y la justicia, a la vez que evitar los abusos y venganzas privadas. Tras el breve reinado de Rodoaldo ascendió al trono en 653 Ariberto I, duque de Asti, quien de forma definitiva proscribió el arrianismo y estableció el catolicismo como religión oficial del reino lombardo. Sus dos hijos, Godeberto y Pertarito, lucharon entre sí por hacerse con el trono. El primero de ellos era apoyado por los arrianos y estableció su capital en Pavía, mientras que el segundo fue apoyado por los católicos y se estableció en Milán. Godeberto murió en el campo de batalla y Pertarito fue expulsado por Grimoaldo, duque de Benevento (a quien por cierto había solicitado ayuda) en 662. Este monarca llevó a cabo una profunda reorganización de la administración del país. Tuvo que hacer frente a un ataque conjunto de las fuerzas bizantinas y francas. Defendió Benevento de los ataques del emperador Constante II y, a su muerte, Pertarito pudo recuperar el trono.

El hijo de Pertarito, llamado Cuniberto, tuvo que hacer frente a un gran número de crisis internas que desestabilizaron su gobierno, pero gracias a su actuación consiguió consolidar de forma definitiva el poder de los reyes sobre el de los duques. Firmó un acuerdo con el emperador de Oriente, de forma que éste por primera vez reconocía al reino lombardo como una potencia legítima. Tras el reinado brutal de Ariberto II, finalizado en 712, subió al trono Ansprando, primer representante de una nueva dinastía lombarda. El nuevo rey reinó apenas tres meses, pues falleció en el mismo año de su coronación, por lo que hubo de sucederle su hijo Luitprando. Éste gobernó entre 712 y 744 y llevó al reino lombardo a su máximo esplendor. Tras conseguir el afianzamiento de su gobierno, en 726 se lanzó a la conquista de la parte de Italia que todavía se encontraba bajo dominio bizantino. Entre aquel año y 744 se enfrentó con el papado, los exarcas y los duques de Espoleto y Benevento. Emitió una serie de leyes que tenían como objetivo establecer un Estado centralizado. Como defensor del catolicismo que era, se nombró a sí mismo Christianus ac Catholicus Princeps.

Caída del reino lombardo

En 727, Luitprando consiguió arrebatar Bolonia al exarcado y Sutri al ducado de Roma. Tras los breves reinados de Hildebrando y Raquis, la labor de conquista fue continuada por Astolfo (749-765), quien conquistó Rávena, Pentápolis, la Romaña y la Istria. Cuando se preparaba para lanzarse contra los territorios papales en 752, el papa Esteban II solicitó la ayuda del Pipino el Breve, rey de los francos, a quien nombró Patricio de los Romanos. Astolfo, ante las derrotas sufridas a manos de los francos, tuvo que ceder al Papa el exarcado de Rávena. Su sucesor Desiderio trató de evitar nuevas intervenciones de los francos, a la vez que intentaba organizar un partido favorable a sus intereses entre la curia romana. Casó a una de sus hijas con el hijo mayor de Pipino, Carlomagno.

Las relaciones con los francos se rompieron cuando Carlomagno repudió a la hija del rey lombardo. Éste, a pesar de las muchas peticiones que recibió, se negó devolver los Estados que los reyes lombardos habían quitado a la Iglesia. Ante esta actitud, el papa Adriano I pidió auxilio a Carlomagno, y éste acudió con un gran ejército. Carlomagno sitió y tomó Pavía en 774; Desiderio, que se encontraba en esa ciudad, fue hecho prisionero y trasladado a un monasterio de Corbie, tras lo cual Carlomagno se proclamó rey de los lombardos y los francos. En 788 recibió la sumisión del duque de Espoleto, Hildebrando. Todos los ducados lombardos se convirtieron en condados francos. Sin embargo, el ducado de Benevento, situado en el sur de Italia, consiguió mantener su independencia hasta el 1047.

Organización social

Los lombardos se ubicaban sobre todo en el valle del Po y en los ducados del noreste de Friuli e Istria. Los miembros de las principales familias fueron situados en posiciones estratégicas en las principales ciudades. Mantuvieron una organización militar que denominaban arimannia. Todos los lombardos eran soldados, arimanni o exercitales, con obligación militar. Según los códigos de leyes lombardos, la sociedad estaba dividida en varias clases: los consejeros reales (gasindi), los nobles (adelingi), los soldados, los campesinos (aldiones), que tenían un estatuto de hombres semilibres y que estaban adscritos a la tierra; y, finalmente, las capas más bajas de la sociedad estaban ocupadas por los libertos y los esclavos.

Los lombardos se mantenían gracias al tercio de la producción que les entregaban los propietarios italianos. El rey basaba su poder en las riquezas producidas por las tierras del patrimonio real. Los dominios reales eran administrados por los gastaldi, que tenían poderes judiciales y militares. La corte se apoyaba en un complicado sistema burocrático. La mayoría de los ducados estaban bajo la autoridad directa del rey, y en ellos el duque cumplía funciones militares. Los ducados de Friuli e Istria se encontraban relativamente libres de la supervisión real, ya que eran establecimientos fronterizos. Los que sí tenían una independencia total eran Espoleto y Benevento, los cuales se encontraban separados físicamente de la Lombardía.

Fuente: Encarta

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