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China y el Periodo de los Reinos Combatientes 475-221 a.c.


A mediados del siglo V los Estados Chinos que pugnaban por la hegemonía alcanzaron un punto crítico en su desarrollo histórico. Las continuas luchas habían llevado al deterioro de las estructuras feudales, y en consecuencia al relajamiento de los vínculos de vasallaje. Este fenómeno afectó primero a los reinos más pequeños, que desprotegidos al extinguirse los lazos de dependencia con la casa dinástica Zhou, fueron siendo paulatinamente absorbidos por sus vecinos más poderosos, pero también operó un cambio fundamental en el seno de los grandes Estados: al ampliar la extensión de sus dominios, se hizo necesaria la articulación de nuevos instrumentos que mantuvieran bajo control los territorios recién conquistados, para lo cual muchos soberanos comenzaron a preferir nombrar gobernadores/funcionarios cuyas prerrogativas se encontraban mucho más limitadas que en el caso de los nobles a quienes se les concedía un feudo. Además, un nuevo pensamiento político surgido de las filosofías de Mencio y Xun Zi abrió paso a una concepción moderna del poder que rápidamente hicieron suya algunos de los gobernantes. Esta concepción estaba basada en la idea del Estado unitario y centralizado, y en una cierta noción de “Imperio universal”, expresada en el concepto de tien-hsia, ‘todos los dominios bajo el cielo’.

chinaEsta nueva etapa histórica, conocida como Chan-kuo, estuvo no obstante igualmente caracterizada por la desunión política y los continuos enfrentamientos armados, aunque con la diferencia que ya no estaba en juego sólo la hegemonía sobre el resto de reinos, sino la idea de unificar todo el “espacio chino” bajo un único poder. Se trató por tanto de una época de transformaciones tanto de la estructura interna de los Estados, que comenzaron a esbozar un principio de centralización de tipo burocrática en sustitución de las estructuras feudales, como de las pautas que guiaban las relaciones entre ellos. Sin embargo, también hay que señalar el carácter confuso de este período, con cambios constantes en el mapa político, la influencia de múltiples factores sociales e ideológicos, a veces contradictorios, o la pervivencia de viejos patrones feudales entre los gobernantes, por lo cual cabe cierta cautela a la hora de hablar de una tendencia claramente definida hacia la configuración de un Estado unitario y burocrático.

China en el Periodo 245 to 235 BCE

China en el Periodo 245 to 235 BCE

El proceso de transformación ya señalado que afectó a la estructura feudal llevó aparejado otros cambios igualmente destacados, entre ellos la aparición de un aparato administrativo de ámbito local. En este sentido, el estado Qin fue el primero en introducir la figura del prefecto, quien rendía cuentas directamente ante el monarca. En la Corte, el cargo de canciller comenzó también a adquirir mayor protagonismo, con la función de un primer ministro que actúa no ya a favor de unos intereses particularistas, sino al servicio del “príncipe”, y por extensión, del Estado. La necesidad de controlar de forma más estrecha los asuntos de Gobierno requirió además la existencia de un cuerpo de supervisores, antecedente de lo que posteriormente será la Censoría, y aunque todavía es pronto para constatar el surgimiento de una clase funcionarial, en este período muchos miembros de la nobleza, desposeídos de sus feudos, pasaron a servir al monarca ya fuera en calidad de administradores civiles, jefes militares o consejeros cortesanos, en lo que cabe calificar como el origen de los futuros oficiales confucianos. En esta misma dirección, hay que citar la evolución experimentada por el término shih, que en la época plenamente feudal designaba a la alta nobleza y hacia el siglo III pasó a ser sinónimo de “intelectual” o “letrado”.

 

En el terreno militar, las transformaciones fueron incluso de mayor calado: las huestes de carácter feudal, formadas por la nobleza en sus carros de combate y un pequeño contingente de esclavos a pie, fueron progresivamente sustituidas por ejércitos más numerosos en los que la infantería, integrada por el pueblo, pasó a constituir el grueso de las fuerzas; esta evolución en la forma de hacer la guerra no sólo era el reflejo del cambio político-social, sino de la ampliación del contexto geográfico donde se desarrollaban las batallas -grandes extensiones, profundos valles fluviales y regiones montañosas- , necesidad que en el caso de los Estados septentrionales condujo a la creación de cuerpos de caballería para enfrentarse con éxito a los expertos jinetes de las tribus bárbaras del Norte. A todo ello hay que añadir un notable perfeccionamiento del armamento, fruto sobre todo de la sustitución del bronce por el hierro o de algunas invenciones como la ballesta, el progreso de las tácticas -en esta época se construyeron los primeros tramos de la Gran Muralla- y la aparición de los primeros tratados teóricos.

China a mediados del siglo IV a.c.

China a mediados del siglo IV a.c.

El comienzo de la época de los Estados Combatientes tuvo como primer hito relevante la desaparición del Estado de Qin, cuyo territorio, en la zona central de China, se repartieron tres nuevos reinos: Han, Zhao y Wei. Entre éstos y las antiguas posesiones de los Zhou se estableció un status quo consistente en que ninguno de ellos poseía la fuerza suficiente para imponerse a los otros; este fenómeno neutralizó posibles iniciativas expansionistas desde el centro, lo que tuvo una repercusión fundamental en el transcurso posterior de los acontecimientos: pasó la iniciativa de la conquista a los reinos periféricos. Entre estos últimos, el Estado Ch`u, que derrotó a Yueh hacia el año 330 a.C., ocupaba una gran extensión de territorios al Sur, en torno al valle medio del río Yangtzé, y aunque gozaba de un grado desarrollo menor que los reinos del Norte, manifestaba una vigorosa vocación expansiva bajo una estructura de Gobierno plenamente centralizada; el estado Qi (o Chi), que había logrado sobrevivir a la época de las “Primaveras y Otoños”, era en cambio el más desarrollado gracias a su activo comercio de la sal, pero militarmente débil. En la región septentrional de Manchuria, Yan constituía el poder hegemónico, pero absorbido en las guerras contra las tribus nómadas que amenazaban constantemente la frontera Norte, apenas tuvo influencia en la dinámica de los Estados en lucha. Por último, el Estado Qin (no confundir con el Qin de la época anterior), surgido en el valle del río Wei tras la desaparición de la dinastía Zhou occidental, fue acrecentando su tamaño en el Oeste de China a costa de las tribus bárbaras, para luego expansionarse hacia el Sur tras la conquista de los débiles reinos de Shu y Pa, en la actual provincia de Sichuan.

China a mediados del siglo IV a.c.

China a mediados del siglo IV a.c.

Hacia el año 300 a.C., las guerras entre los distintos Estados no habían resuelto nada, salvo la desaparición de los Estados más débiles desde el punto de vista militar. Así, se entró una nueva fase marcada por un fenómeno nuevo, el de la polarización en torno a los dos poderes más fuertes: Qin y Ch`u. Este último, consciente de la pujanza de su enemigo, estableció una amplia alianza con los frágiles reinos del centro que sin embargo sólo pudo contener el irresistible avance Qin durante poco más de medio siglo: en consecuencia, tras casi un milenio de desunión política, un único Estado se hallaba en condiciones de llevar a cabo la idea del tien-hsia, empresa que culminó en el año 221 a.C con la fundación del Imperio Qin que y supuso el comienzo oficial de la era imperial china.

Fuente: Espasa

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