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Menes y Narmer


La tradición histórica atribuye la construcción del reino de Egipto, y la consiguiente instauración del poder real, a la iniciativa de un personaje legendario llamado Menes. El fue el primer faraón y mítico fundador de las bases administrativas, económicas y culturales que mas tarde caracterizaron a la civilización egipcia. Según cuenta la leyenda, Menes fundo la capital del país, Menfis, y estableció la división del territorio del Bajo y alto Egipto en distritos, organizo una burocracia central que hacia uso de la escritura y creo un vasto y eficaz sistema de regadío. A pesar de los múltiples intentos de atribuirle una identidad. Menes sigue siendo una figura legendaria. El primer soberano del que si encontramos una presencia concreta de testimonios, tanto en el sur como en el norte del país, es Narmer, que vivió hacia 3000 a.C. A este soberano se le atribuye normalmente el proceso de la unificación del país y el inicio de las llamadas <<dinastías tinitas>>, es decir, las dos primeras dinastías, originarias, según las fuentes antiguas y los datos arqueológicos, de la ciudad de Tinis, en el Alto Egipto. Sin embargo, recientes excavaciones en Umm el-Qaab, en los alrededores de Abydos, han sacado a la luz las tumbas de al menos una decena de soberanos que habrían llevado a cabo la unificación del país doscientos años antes del reinado de Narmer. Esta línea de soberanos predinasticos, de la que Narmer podría ser el ultimo exponente, se conoce habitualmente con el nombre de <<Dinastía 0>>. Narmer fue el primer faraón del Antiguo Egipto y fundador de la Dinastía I 3050 a.C.

El nombre de Narmer aparece en fragmentos de cerámica en la región del delta, e incluso en Canaán, siendo prueba evidente del comercio entre estas zonas. La riqueza agrícola del Delta, en minerales del Alto Egipto y la confluencia de diversas rutas comerciales ayudaron a levantar un gran imperio.

La tradición de dividir la historia egipcia en treinta dinastías se inicia con Manetón, historiador egipcio del siglo III a.C., que durante el reinado de Ptolomeo II compuso en griego la Aigyptiaka , obra desgraciadamente perdida pero transmitida y comentada parcialmente por Flavio Josefo, Julio Africano, Eusebio de Cesarea y el monje Sincelo.

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