Historia

Ejércitos de un Solo Hombre

marzo 27, 2019

Ejércitos de un Solo Hombre

A veces la bravura de un hombre es tal que lo consideramos capaz de todo, de realizar cualquier acción que el resto es incapaz de siquiera pensar. Hombres como el General George Patton, del que hablamos hace un tiempo por aquí, o el héroe de la internet Chuck Norris, sobre quién existen tantas bromas.

Pues, en esta ocasión, siguiendo esta línea, les traigo verdaderos ejércitos de un solo hombre:

Horacio, El Centinela:

En primer lugar tenemos a Horacio. Este fue el protagonista de una verdadera historia de sacrificio y valentía. Sucedió en el año 508 a.C. En aquel año, Roma, se vio invadida por un ejército etrusco, el cual fue contenido gracias a nuestro amigo Horacio.

Horacio era un centinela romano y, al ver el avance del ejército etrusco, decidió morir por su patria y, con su sacrificio contuvo en solitario al ejército invasor durante el tiempo suficiente como para que sus camaradas romanos destruyeran el paso y, de esta manera, evitar la invasión etrusca a su pueblo.

El Valor alcohólico de Corsamantis, el Ávaro

En Segundo lugar hablaremos de Corsamantis, el Ávaro. Su historia ocurre durante el sitio a Roma en el año 538. Con su ciudad rodeada por los campamentos barbaros, Corsamantis bebió en abundancia, lo cual, combinado con las heridas que había recibido durante la invasión que derivó en el sitio, lo llevó a la locura total.

Resultó así que, Corsamantis tomó su caballo y, completamente en solitario, cabalgó hasta el campamento bárbaro, con la idea de vencer a sus enemigos y salvar a su ciudad. Una vez allí, entabló una lucha en la que consiguió, a pesar de su total grado de embriaguez, derrotar a 20 enemigos antes de morir.

El vikingo solitario:

En último lugar, pero no por ello menos valiente y bravo, tenemos al anónimo Vikingo Solitario. Esta historia sucede en 1066, el ejército sajón de Harold Godwinson marchó hacia York para rechazar la invasión de los noruegos de Harald Hardrada.

Resultó ser que Harold pilló a sus enemigos por sorpresa, pero tenía que cruzar el puente de Stamford para llegar hasta ellos. Parecía tarea fácil, sin embargo no lo fue: El puente estaba defendido por un único campeón vikingo, quien logró acabar con los primeros cuarenta hombres que trataron de cruzar.

Para cuando se pudo reflotar una barca para situarse bajo el puente y matarle con una larga lanza a través de los tablones, el guerrero había dado a sus camaradas el tiempo suficiente para guarnecer con armas y armaduras y prepararse para la cruda batalla.

 

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