Anuncios

* Origen de los Dichos populares


belchite21Los dichos, de uso corriente vienen de una historia, de una anécdota, de un cuento, de un personaje real o ficticio.  Todos tienen su porque, un motivo por el que se dicen.  El origen es muy diverso.

Entre los distintos orígenes de los dichos podemos distinguir:

  • La historia. Una batalla o una persona conocida dieron pie a estas frases sentenciosas que muy pronto repitió el pueblo: -“Armarse la de San Quintín”, recuerda la victoria de Felipe II sobre los franceses en la batalla de San Quintín. -“Los mismos perros con distintos collares”, frase pronunciada por Fernando VII.
  • La literatura es fuente inagotable, especialmente las fábulas.-“Peor es meneallo”, que Cervantes puso en la boca de don Quijote y de su escudero Sancho Panza.. -“Poner el cascabel al gato”, deriva de un cuento antiguo puesto en verso por Lope de Vega, popularizado por Samaniego en su fábula: El congreso de los ratones.
  • La religión en general y sobretodo la Biblia ha proporcionado muchos modismos: -“El tiempo de las vacas gordas”, fue el sueño particular que tuvo el faraón. -“Otro gallo le cantara”, tomado del gallo que cantó tres veces a San Pedro después de haber negado a Cristo.
  • Personas célebres por cualquier circunstancia o cualidad que poseían y que pronto pasaron al dominio de las gentes: -“Armarse la marimorena”, recordando las grescas armadas en la taberna de Mari Morena. -“Saber más que Lepe”, hombre muy docto que nació en 1641 en San Lúcar de Barrameda (Cádiz). Debió ser tan popular que el dicho se prolongó en Lepijo y su hijo.
  • La historia de otros países o la particular de algunos personajes reales o fantásticos son los que en otras ocasiones originaron algunos modismos: -“Ser como la lanza de Aquiles”, héroe griego. -“Saber más que Merlín”, personaje inglés. -“Ser una Mesalina”, en honor de la esposa del emperador romano Claudio, mujer muy libertina.
  • Hechos aislados , tal vez por curiosidad, también han pasado a la memoria del pueblo. Es el caso de: -“Atar los perros con longaniza”. -“Írsele a uno el santo al cielo”. -“Dar el pego”. -“Con azúcar está peor”.
  • El dicho es una frase breve y sencilla, características esenciales para retenerlo en la memoria.

DAR EN EL CLAVO

Antiguamente existía un juego llamado hito que consistía en fijar una barra en el suelo y arrojar desde lejos unas anillas de hierro hasta colar la anilla en la barra. El hito o barra era una especie de clavo metálico, por lo que “dar en el clavo” significaba ganar la partida. La expresión se extendió al hecho de atinar en averiguación de cosas difíciles.

QUIEN VA A SEVILLA PIERDE SU SILLA

Este dicho data del siglo XV cuando un sobrino de Alfonso Fonseca, prelado de Sevilla, fue nombrado arzobispo de Compostela. Como en aquella época había muchos disturbios en Galicia, Fonseca decidió ir personalmente a Santiago para preparar el camino. La sorpresa se la llevó cuando al volver a Sevilla comprobó que su sobrino le había robado el cargo de prelado.

SANTA RITA LO QUE SE DA NO SE QUITA

Se dice que una doncella le pidió un novio a Santa Rita de Cassia, abogada de los imposibles. No se sabe si fue un milagro pero el caso es que a los pocos días le salió un pretendiente, pero el mozo no estuvo mucho tiempo con ella, por lo que la doncella se plantó delante de la Santa y la dijo: -“Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”. El novio no volvió pero a nosotros nos dejó el popular dicho.

ESTO ES JAUJA

Jauja es una provincia en medio del altiplano del Perú, muy célebre por la fertilidad del suelo, el verde paisaje y el aire saludable. Tenía fama de reposo obligado para los enfermos respiratorios que curaban al llegar a Jauja. Los peruleros o indianos enriquecidos en América trajeron esta fama hasta España. La fantasía popular acabó por atribuirle las mismas cualidades que el paraíso y la expresión “esto es Jauja” quedó para describir situaciones de abundancia.

CAMBIAR DE CHAQUETA

En la época de la reforma luterana, los partidarios de cada tendencia se distinguían de otros por sus chaquetas. Como el forro tenía otro color, los partidarios de uno u otro bando las volvían de vez en cuando del revés, para despistar o pasar inadvertidos. Cambiar de chaqueta se quedó como frase que definía un cambio oportunista de opinión.

QUE SI QUIERES ARROZ CATALINA

Parece ser que Catalina, esposa de un judío converso y nacida en tiempos de Juan II de Castilla, consumía grandes cantidades de arroz; además lo recomendaba a todo el mundo como remedio a cualquier mal. En su lecho de muerte, los vecinos se reunieron en torno a ella y recitaron a coro: “¡que si quieres arroz, Catalina!”. Pero ella, moribunda, hacía oídos sordos. Desde entonces, esta frase se dice cuando alguien no hace caso a lo que dicen.

QUE NO HAY QUE PASAR POR DEBAJO DE UNA ESCALERA

Al colocar una escalera contra una pared, se forma una especie de triángulo con el suelo. En muchas religiones, esta figura geométrica simboliza la divinidad. Por eso, muchos consideran que, al pasar por debajo de una escalera se está haciendo una intromisión en terreno sagrado. Esta acción podría desatar las iras de los dioses y traer mala suerte.

QUE BIEN HUELE EL DINERO

Para conocer el origen de este simpático refrán hay que trasladarse a los tiempos del antiguo Imperio Romano. Tito, hijo del emperador Vespasiano, estaba enfadado porque su padre había establecido una tasa por el uso de los urinarios públicos de la ciudad. Para el joven, aquello era indigno de un Cesar y, enfadado, le comentó que era maloliente el dinero que recaudaba de esa forma. Vespasiano le escuchó sin inmutarse y, llevándose una moneda a la nariz, dijo con cinismo: “y a mí, que no me huele mal…”

HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

Este refrán procede del libro Secreto Tíbet de Fosco Moraini, en el que nos cuenta cómo una comunidad de monjes japoneses tenía una regla que sólo les permitía comer carne de animal marino. Entonces, listillos ellos, decidieron llamar al jabalí “ballena silvestre” y desde ese momento se comían al puerco sin ningún escrúpulo.

A BUEN ENTENDEDOR, POCAS PALABRAS

Cuéntase que un día un mendigo pidió ver al cardenal Mazarino, primer ministro de Luis XVI, para hacer le saber la penuria que padecía. Después de dudarlo bastante, el cardenal aceptó recibirle, pero con una condición: el pobre hombre tenía que expresar sus deseos en dos palabras. Este, obediente, entró en el despacho y dijo: “Hambre, frío…”. Mazarino, volviéndose a su secretario, contestó: “Comida, ropas…”. La entrevista había terminado, pero dejó un buen ejemplo: “A buen entendedor, pocas palabras”.

PONER LOS CUERNOS

Según dicen todos los diccionarios, “cornudo es todo hombre cuya mujer es infiel”. Pero, ¿por qué los engañados son cornudos y no rabudos, peludos o dentones? Porque, por lo visto, poner los cuernos deriva del viejo símbolo del buey, ese viejo animal castrado, que se somete paciente al trabajo que le impone su amo. De ahí, que los maridos o esposas infieles, le pongan los cuernos a su pareja. Esta expresión empezó a usarse en España hace cuatro siglos, pero pronto se extendió al resto de Occidente. Hoy no hay nadie en este planeta que no sepa qué quieren decirle si le señalan con los dedos abiertos a modo de cuernos.

EL HUÉSPED Y LA PESCA A LOS TRES DÍAS APESTAN

Cuentan que en cierta ocasión Voltaire invitó a su castillo a un filósofo que, aunque muy ingenioso, tenía fama de abusar de la generosidad de sus amigos. Tanto era así que la visita, que en un principio iba a ser de días, se prolongó por espacio de varios meses. Como Voltaire intuía que su acomodado huésped no tenía ninguna gana de despedirse de él, un día comentó entre algunos amigos la diferencia entre don Quijote y este caballero y es que mientras aquél tomaba las posadas por castillos, éste toma los castillos por posadas.

OTRO VENDRÁ QUE BUENO ME HARÁ

En la antigua Roma, una anciana de Siracusa que vivía en tiempos de Dionisio el Antiguo rogó a los dioses para que alargaran la vida del último tirano y éste, sorprendido por el ruego de la mujer, le preguntó por qué le tenía tanta devoción. Ella contestó: “siendo niña, tuvimos un tirano muy cruel. Rogué a los dioses que se lo llevasen. y me oyeron. Pero después vino otro peor, y también rogué por su muerte. Ahora has llegado tú, que no eres mejor que ellos. Escarmentada, pido porque los dioses te den una larga vida”.

A REY MUERTO REY PUESTO

Cuenta la historia que tras llegar noticia del asesinato del rey de Francia Enrique IV a manos del fanático Ravaillac a la corte, la reina que vio aparecer en ese instante al primer ministro, Sillery, imperturbable, contestó: “Os engañáis, señora, el rey de Francia no muere jamás”. Nacía así la fórmula de consagración del principio sucesorio de la monarquía: “El rey ha muerto, ¡viva el rey”. Con este refrán se proclama la norma de continuidad de cualquier institución.

MANDAR A LA PORRA

En la antigua ordenación militar, el tambor mayor del regimiento portaba un largo bastón al que se le conocía con el nombre de la porra. Era hincado en un lugar determinado del campamento y señalaba el punto al que debía retirarse todo soldado sancionado con un arresto. Con el tiempo, esta forma de arresto fue suprimida, pero la frase, con una gran carga despectiva, quedó incorporada al lenguaje popular.

MARCHARSE A LA FRANCESA

Durante el siglo XVIII, entre las gentes de la buena sociedad de Francia se puso de moda la costumbre de no despedirse al abandonar una reunión y hacerlo se consideraba rasgo de mala educación. Esta costumbre dio pie a que en España se adoptase esta frase para reprobar el comportamiento de quien se ausenta sin despedida alguna.

COMO PEDRADA EN OJO DE BOTICARIO

A veces pasan cosas que favorecen nuestros planes. Nos vienen “como pedrada en ojo de boticario”. La expresión se gestó en antiguas boticas, donde los remedios contra males rebeldes se guardaban en estanterías ovales a las que se llama “ojos”. De forma chocante, el ingenio popular, ideó la frase para referirse a un hecho favorable e inesperado.

ACABAR COMO EL ROSARIO DE LA AURORA

Ocurrió en España, en un pueblecito de la provincia de Cádiz. Existía una cofradía conocida como el Rosario de la Aurora. Sus componentes salían en procesión de madrugada, rezando el rosario a la luz de un farol. Pero, al igual que los cofrades, abundan los camorristas. Y hubo una madrugada en que los devotos se cruzaron con un grupo que los provocó de tal manera que la cosa acabó a golpes.

EL HOMBRE Y EL OSO CUANTO MÁS FEO MAS HERMOSO

A veces no nos fijamos en la belleza, sino en otras cualidades que hacen deseable a una persona. Mirabeu, célebre personaje de la Revolución Francesa, tenía la cara llena de cicatrices a causa de la viruela. Sin embargo, su fama de seductor era bien conocida. En una ocasión fue acusado de seducir a la esposa de un marqués. Mirabeau, en su defensa, pidió a la acusación que colocara su retrato sobre la mesa. Y fue absuelto.

ENTRAR CON EL PIE DERECHO

Proviene esta expresión, que significa el comienzo correcto y favorable de algo, de la liturgia de la misa, aunque parezca más bien una superstición. En los misales, por ciertos motivos antiguos, se prescribe que el cura celebrante de la misa, debe disponerse a subir las gradas del altar iniciando el paso con el pie derecho.

A ZARAGOZA O AL CHARCO

Siempre se le ha atribuido al aragonés fama de tozudo. Dice la leyenda que un baturro iba camino de Zaragoza con tal empeño que no cesaba de repetir: “Llegaré, quiera Dios o no”. El Altísimo, harto de tanta soberbia, lo convirtió en rana. Pasando un tiempo, lo devolvió a su estado natural, pensando que aquél había enmendado su falta. Pero, cuando alguien le preguntó hacia donde iba, él respondió: “a Zaragoza o al charco”.

VIVA CARTAGENA

Se dice que un cantante mediocre estaba interpretando la ópera Marina en un teatro de Cartagena cuando le salió un pequeño gallo. Para disimular no se le ocurrió otra cosa que gritar: ¡Viva Cartagena!, ante lo cual, a la concurrencia no le quedó otro remedio que ovacionarle, en lugar de patearle. La expresión quedó para definir un recurso fácil y barato.

PARA MUESTRA BASTA UN BOTÓN

Cuentan que el mariscal prusiano Hindemburg decía: “Me falta echar en falta el botón de una guerrera para saber como es un soldado”. Cuando alguien cercano a él le dijo que eso no era suficiente para juzgar a alguien, él le contestó que, precisamente, las pequeñas faltas son las que nadie se molesta en descubrir.

MAS VALE TARDE QUE NUNCA

Esta famosa sentencia tiene su origen en un filósofo de la antigua Grecia, Diógenes Laercio. Ese hombre, cuando ya gozaba la vejez, sintió unos deseos irreprimibles de estudiar música. Alguien cercano a él, al conocer tal propósito, recordó al sabio que ya era demasiado mayor para enredarse con esas contemplaciones. Diógenes, sin inmutarse respondió con la archiconocida frase.

OTRO GALLO LE CANTARA

Jesús, durante la última cena, había predicho a Pedro que, poco después, le negaría tres veces antes de que el gallo cantara. De aquél pasaje del Nuevo Testamento arranca este dicho, con el que se da a entender que algunas cosas, de haberse planteado de distinta forma, hubiesen rendido mejores resultados.

PERRO QUE MUCHO LADRA, POCO MUERDE, PERO BIEN GUARDA

Este refrán procede de otro: perro ladrador, nunca buen mordedor. Pero observen lo que le pasó a un médico cuando fue a una casa de labor. Llegando a la finca le salió al paso, ladrando furiosamente, un dogo enorme. El dueño de la casa le dijo: “¡No tenga miedo, que está capado!” Y el médico le contestó: “¡si no tengo miedo a que me j…, temo que me muerda!”.

MATAR EL GUSANILLO

En el pasado era creencia generalizada que el “gusanillo” mañanero, un supuesto parásito alojado en el estómago, existía realmente, por lo que se hacía preciso eliminarlo, o por lo menos adormecerlo, mediante un buen trago de alcohol. Y aunque ahora se sabe que tal gusano es una invención, el dicho permanece vigente como hábito de obsequiarse en el desayuno con una copa mañanera.

CADA UNO ARRIMA EL ASCUA A SU SARDINA

Este refrán nació en Andalucía, cuando la sardina era plato habitual entre los braceros. Las comidas se hacían en común y todos se disponían alrededor de una fogata de manera que cada uno asaba su ración, tomaba un ascua, y la iba arrimando sólo a su propia sardina. De este modo, la hoguera se debilitaba, e incluso llegaba a apagarse. Nadie se preocupaba de volver a encender porque no lo entendían como cosa suya. El asunto llegó a tal punto que acabaron por suprimir la sardina de los almuerzos. El refrán quedó como muestra de la insolidaridad de los hombres.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s