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Especies y subespecies extinguidas de vertebrados


Especie
Año de extinción
Lugar
Causa
Bucardo
2000
Parque Nacional de Ordesa Caza
Tigre de Java
1976
Isla de Java Caza y destrucción del hábitat
Tigre de Caspio
1970
Suroeste de Asia Caza y destrucción del hábitat
Foca monje del Caribe
1952
Mar Caribe y golfo de México Comercio y caza
Tigre de Bali
1937
Isla de Bali Caza y destrucción del hábitat
Lobo marsupial
1930
Australia Caza
Periquito de Carolina
1918
Estados Unidos Caza, coleccionismo y destrucción del habitat
Paloma migratoria americana
1914
Norteamérica Caza
Ostrero canario
1913
Islas Canarias Coleccionismo y animales introducidos
Chochín de la isla de Stephen
1894
Isla de Stephen (Nueva Zelanda) Animales introducidos
Cebra cuaga
1880
África oriental Caza, comercio y destrucción del habitat
Alca gigante
1852
Atlántico norte Caza y coleccionismo
Garrio azul
1800
África del sur Caza
Vaca marina de Steller
1768
Pacífico norte Caza y obtención de pieles
Dodo
1662
Isla Mauricio Captura para alimentación

Bucardo (Capra pyrenaica pyrenaica),

El 5 de enero del año 2000 murió el último bucardo que vivía en España. Esta subespecie de cabra montés ibérica estaba en peligro de extinción desde principios del siglo XX, debido sobre todo a la caza excesiva.

Junto con el Mueyu o cabra montés portuguesa (Capra pyrenaica lusitanica), que se extinguió en 1892, es una de las dos subespecies de cabra montés que ha sido exterminadas directamente por el hombre. Se diferenciaba de las otras subespecies principalmente por su pelo más largo y denso en invierno y la base más gruesa de los cuernos, tanto en machos como en hembras. La cornamenta del bucardo era así mismo, la más larga de entre las cuatro subespecies de cabra montés que han habitado la Península Ibérica en tiempos históricos.

Historia y Extinción

Esta especie estaba difundida originalmente por ambas vertientes del Pirineo, extendiéndose por el sur hacia las zonas montañosas del País Vasco, Navarra, Lérida y Gerona.

Vestigios de que era una pieza de caza común desde la Prehistoria se encuentran ya en las cuevas de la zona, habitadas durante el Paleolítico por los neandertales primero y luego por nuestra propia especie. Con el paso de los siglos desapareció de las zonas más meridionales de su distribución hasta quedar circunscrita al área pirenaica, donde todavía era especialmente abundante durante el siglo XIX.

En la segunda mitad de ese siglo, multitud de cazadores europeos, de España, Francia y Gran Bretaña, sobre todo, acudieron a la zona en busca de ejemplares que abatir. La rareza de la cabra montés en el mundo (entonces distribuida únicamente por España, sur de Francia y noroeste de Portugal) y el imponente tamaño de la cornamenta de los machos, más gruesa y separada que la del íbice (Capra ibex) de los Alpes multiplicaron su valor y demanda en los círculos cinegéticos. La caza fue tan intensa que hacia el año 1900, la subespecie pirenaica ya se había extinguido en Francia y sólo quedaba un reducido grupo de menos de 50 individuos en España, demasiado pequeño para sobrevivir a largo plazo. Por si fuera poco, la protección estatal de la subespecie no llegó hasta 1973 y la declaración de Ordesa, única zona donde habitaba, como parque nacional, fue insuficiente para asegurar su supervivencia. Otras medidas como la cría en cautividad y posterior suelta en el medio de los animales, que podían haber disminuido las probabilidades de extinción, no llegaron a tomarse hasta 1996, cuando se capturó una hembra que murió poco después en cautividad sin llegar a reproducirse.

A pesar de ello, la población permaneció estable por encima de la treintena hasta 1981. Sin que se sepa todavía muy bien por qué, los animales disminuyeron rápidamente hasta ser 10 en 1993, y sólo 2 en 1997. En 1999, el último macho murió debido a su avanzada edad, quedando sólo una hembra, Celia, como último bucardo sobre la tierra. Celia murió en enero de 2000 cuando un árbol se desplomó sobre ella y le aplastó el cráneo.

Tigre de Java (Panthera tigris sondaica),

es una subespecie de tigre, hoy extinta, que se encontraba originalmente en la isla indonesia de Java. De aspecto bastante similar al tigre de Sumatra (Panthera tigris sumatrae), se diferenciaba de éste por su pelaje más oscuro y rayas negras más finas, abundantes y apretadas. Algunos ejemplares de esta subespecie llegaban a tener más de 100 rayas, muchas más que cualquier otra subepecie de tigre. Así mismo, el pelo de las mejillas de los tigres de Java era más largo que el de los demás tigres, y las rayas de los flancos y la espalda se distribuían por parejas.

Se conocen fósiles de tigres primitivos en Java (Panthera tigris trinilensis) de hasta 1.2 millones de años de antigüedad, pero los modermos tigres de Java no descendían de éstos, sino que llegaron a la isla a finales del Pleistoceno o principios del Holoceno, provenientes del norte. Fueron abundantes hasta el siglo XIX, cuando la población humana comenzó a incrementarse en Java y destruyó cada vez más areas de bosque para destinarlas a la agricultura. A esta pérdida de hábitat se añadió la caza, el tráfico de sus pieles y la disminución de las presas potenciales del tigre, que ocasionó a su vez un aumento de la competencia por conseguir lo que quedaba de éstas con otros depredadores de la isla como leopardos y perros salvajes. En menos de 100 años, el tigre de Java pasó de ser considerado una peste a un animal en peligro. En la década de 1950 la población total ya se había reducido a 20 o 25 individuos dispersos por toda la isla, y en 1960 desaparecieron incluso del Parque Nacional Udjung Kulon, famosa reserva natural de Java que acoge a los últimos rinocerontes de la isla. El último lugar donde persistieron los tigres fue una remota área montañosa del sureste de Java llamada Meru – Betiri, que fue protegida en 1972 (aunque eso no le salvó de padecer la tala y roturación ilegal). Ese año se produjo el último avistamiento confirmado en la zona, y en 1979 se localizaron por última vez unas huellas que podrían corresponder a tres ejemplares diferentes. Desde entonces no hay evidencias fiables de la existencia del tigre de Java, a pesar de que se han realizado algunos supuestos avistamientos en Meru – Betiri que probablemente corresponden en realidad a leopardos.

Se sabe que hubo tigres de Java en los zoológicos de Rotterdam, Berlín y varias ciudades de Indonesia, pero toda evidencia de los mismos se perdió durante la II Guerra Mundial. Las reservas creadas en Java a partir de los años 40 eran demasiado pequeñas para sostener una población de tigres y fueron por tanto incapaces de salvarlo.

El tigre persa o tigre del Caspio,

es una subespecie de tigre actualmente extinta. Su área de distribución original abarcaba la península de Anatolia, el Cáucaso, el Kurdistán, norte de Irak e Irán, Afganistán y gran parte de Asia Central hasta Mongolia. Esta subespecie, la más occidental de todas, era también la tercera más grande, después del tigre siberiano y de bengala.

El pelaje de esta especie era amarillo – dorado, un poco más apagado que el del tigre de Bengala y con más zonas blancas en costados y cara. Las rayas, en lugar de ser negras, tenían un color marrón de distintas tonalidades e incluso se volvían amarillentas en las zonas blancas cercanas al vientre. En invierno, el pelo crecía bastante para soportar el frío clima que se adueñaba entonces de las montañas de Asia centro – occidental, especialmente en el vientre y la característica barba o pequeña melena de la zona de las mejillas y garganta.

Los machos eran más grandes que las hembras, los primeros pesaban entre 169 y 240 kg, con una longitud de 2,65 – 2,95 m, mientras que las hembras pesaban hasta 135 kg.

El cuerpo era bastante robusto, y algo alargado, con patas fuertes y bien desarrolladas rematadas por unas garras excepcionalmente largas, más grandes que las de cualquier otro tigre. Las largas a la par que robustas patas les permitían recorrer largas distancias; de hecho, esta subespecie de tigre, al contrario que las otras, emigraba cada año siguiendo las manadas de saigas, asnos salvajes, ciervos y camellos de los que se alimentaba. Debido a esto, los kazajos lo conocían como “leopardo viajero”, en contrastre con el auténtico leopardo que aún habita en Turkmenistán y es de carácter sedentario. En cuanto a la cola, era bastante corta y estaba surcada por rayas blancas y pardo-amarillentas alternadas.

Los tigres del Caspio evitaban las zonas más secas y descubiertas de su entorno, fijando su hábitat característico en los tugai, las zonas cubiertas de bosques, matorrales y hierbas que se concentraban en torno a los cursos fluviales, y de las que el tigre dependía para camuflarse y acechar a sus presas.

Tigre-del-Caspio-01

Foca monje del Caribe (Monachus tropicalis)

era un mamífero caribeño que se extinguió en el siglo XX. Habitaba en el mar Caribe desde las aguas tropicales de Florida a las zonas costeras de Texas, Grandes y Pequeñas Antillas y la península de Yucatán. Los relatos de avistamientos ocurren esporádicamente, pero varios intentos de encontrar al animal no dieron resultado.

Características

La foca monje del Caribe medía entre 2,20 y 2,40 metros de longitud y pesaba unos 130 kilos. Su pelaje era castaño en todo el cuerpo menos en la barriga que era blanco amarillento.

Las crías nacían totalmente negras. Las hembras tenían cuatro glándulas mamarias, en vez de dos como el resto de focas. Los hábitos de reproducción de esta especie son desconocidos, lo único que se sabe es que daban a luz a una cría en torno al mes de diciembre.

Estos animales se alimentaban de peces, cefalópodos y crustáceos y eran muy activos, sobre todo desde el amanecer al crepúsculo. Sus únicos depredadores eran los tiburones caribeños y, más tarde, el hombre.

Tigre de Bali o tigre balinés (Panthera tigris balica)

es una subespecie de tigre extinta desde 1937. Esta subespecie, endémica de la isla indonesia de Bali, era la más pequeña de todas, rondando el tamaño de un jaguar.

Los machos rondaban los 90 – 100 kg de peso, un tercio de lo que alcanza la subespecie más grande, el tigre de Amur, y medían entre 2,20 y 2,31 m de largo, las hembras eran aún más pequeñas, con un peso de 65 – 80 kg y una longitud de entre 1,9 y 2,11 m. Por su aspecto recordaba fuertemente al también extinto tigre de Java, del que se diferenciaba por su menor tamaño y color más oscuro. Éste era un naranja fuerte en costados, dorso y cola, surcado por finas rayas negras, bifurcadas y apretadas, en menor número que en otras subespecies. También se daban manchas negras ocasionales entre las rayas. El vientre y parte de la cara eran blancos; ésta última aparecía surcada por rayas características de esta subespecie. El pelaje era corto y denso en todo el cuerpo. La estructura del cráneo del tigre de Bali presenta importantes diferencias en el hueso nasal y los dientes que lo diferencian claramente de los cráneos de otros tigres, vivos o extintos.

Dada la escasa extensión de Bali, esta isla no podía sostener una alta población de tigres, que necesitan amplios territorios de caza, por lo que la subespecie nativa nunca fue abundante. Con la llegada del siglo XX la población humana aumentó y se aclararon cada vez más zonas de bosque tropical para destinarlas al cultivo; también se persiguió duramente a los tigres por el miedo que inspiraban. Tras la Primera Guerra Mundial, varios cazadores occidentales llegaron a la parte oeste de la isla (única zona donde habitaba para entonces) y abatieron animales por deporte. El 27 de septiembre de 1937 se cazó el último ejemplar, una hembra, en esta zona. Durante la década de los 40 y en menor medida hasta 1972 se produjeron varios avistamientos no confirmados, pero en fechas posteriores la extinción ya se puede considerar totalmente segura. Hoy en día, los escasos restos del bosque original que quedan en Bali son demasiado pequeños para mantener a un gran felino viviendo en ellos. No obstante, se han documentado en las últimas décadas animales muertos por algún tipo de carnívoro salvaje en la isla que no ha podido ser identificado.

En ocasiones se ha dudado de la autenticidad de esta subespecie, cuestionándose que se originara al quedar separada de la población javanesa por la subida del nivel del mar tras la última glaciación. Los tigres son buenos nadadores, y en ocasiones se les ha observado vadeando pequeños brazos de mar. Si los tigres podían cruzar los apenas 2,4 km que separan Bali de Java, las dos subespecies se habrían mantenido en contacto, e incluso podría ser que la población de Bali se hubiese originado por medio de una migración de este tipo y adquirido una serie de diferencias superficiales posteriores debido a las mayores condiciones de insularidad del territorio. Por ahora, la falta de material de ambas subespecies, ya desaparecidas, impide investigar este asunto.

El tilacino (Thylacinus cynocephalus),

también conocido como lobo de Tasmania, lobo marsupial o tigre de Tasmania; era un carnívoro marsupial de tamaño medio, nativo de Australia.

El tilacino es un ejemplo clásico de convergencia evolutiva en la literatura científica, dado su notable parecido con los cánidos de otros continentes (el cognomen taxonómico cynocephalus significa “cabeza de perro”). Al igual que éstos era un carnívoro adaptado a la captura de presas de tamaño pequeño o medio tras lanzarse a la carrera. Tenía un cuerpo estilizado, patas finas aunque no demasiado largas y cola delgada. El pelaje era corto y de color leonado, con rayas negras (o café oscuro) en los cuartos traseros y cola (de ahí el apelativo de “tigre”). Las mandíbulas, provistas de 46 dientes, podían abrirse hasta extremos asombrosos (aproximadamente 120°), más propios de un reptil que de un mamífero, permitiéndoles engullir grandes pedazos de carne sin masticar.

La especie se extinguió antes de ser estudiada en profundidad por zoólogos, por lo que no se sabe muy bien qué técnicas usaba para cazar, aunque varios testimonios recogidos hacen suponer que detectaba a sus presas preferentemente por el olfato, seguido del oído; mas el colorido desarrollado de su pelaje proveía camuflaje que indica que era un predador que podía esperar a su presa, ya que antes de la llegada de los colonos ingleses y de los dingos, el tilacino no tenía competencia, por ser marsupial y animal más desarrollado.

Según los colonos ingleses del siglo XIX, este animal emitía unos sonidos similares al ladrido de un fox terrier. Los machos eran más grandes y robustos que las hembras. Éstas poseían una bolsa que se abría hacia atrás, donde se alojaban hasta cuatro crías que nacían muy desvalidas, y seguían a su madre un tiempo después de abandonar el marsupio.

Periquito de Carolina (Conuropsis carolinensis)

era la única especie de loro natural del Este de Estados Unidos . Fue encontrado desde el Golfo de México a los Grandes Lagos, y vivio en viejos bosques a lo largo de ríos.

El último espécimen salvaje fue matado en el Condado Okeechobee en Florida en 1904, y el último pájaro cautivo muerto en el Zoo Cincinnati en 1918. Esto era el espécimen masculino “incas”, que murió un año antes de su compañero ” la Señora Jane. ” Era no antes de 1939, sin embargo, fue determinado el periquito de Carolina se había extinguido.

Paloma migratoria (Ectopistes migratorius)

es una especie de ave, hoy extinta, que pertenecía al orden de las Columbiformes, el mismo grupo en el que se clasifican las tórtolas y palomas comunes. Se trata del animal que ha sufrido el declive poblacional más acusado de la Historia reciente, pues en un sólo siglo pasó de ser el ave más abundante de Norteamérica (y tal vez del mundo) a engordar la lista de especies extinguidas.

En 1914 moría en cautividad la última paloma migratoria americana. Con ella desaparecía para siempre una especie que, sólo medio siglo antes, podía considerarse el ave más abundante de la Tierra.

El ostrero unicolor canario ( Haematopus meadewaldoi ),

también llamado ostrero canario, fue una especie endémica del Archipiélago y observada en las islas orientales hasta mediados del siglo XX. El área de distribución se circunscribía a Fuerteventura, Lanzarote y el Archipiélago Chinijo (La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza, Roque del Oeste y Roque del Este) y Lobos.

Entre la población, era conocido por los pescadores y mariscadores de las islas orientales, que llegaron a darle diferentes nombres, tales como grajo marino, grajo de mar, graja, cuervo marino, corvino o lapero. Esta última denominación estaba probablemente relacionada con sus costumbres alimenticias, ligadas al consumo de lapas y moluscos de la franja litoral. El resto de nombres hacían referencia a su coloración oscura, similitud con el plumaje de los córvidos, sus hábitos estrictamente costeros e, incluso, a su característico reclamo semejante al del córvido.

Pudo nidificar en playas arenosas con una escasa perturbación humana y dunas de pequeño tamaño y vegetación psammófila o halófila ocasional, que le servia de refugio para sus huevos. El nido debió consistir en una pequeña depresión en la arena, recubierto de pequeñas conchas, piedras e incluso unas pocas ramas, tal y como hacen otros miembros de su familia.

Su alimentación debió estar ligada principalmente a la presencia de lapas y mejillones, además de otros moluscos que podían quedar en la superficie durante la bajamar. De esta forma, seguramente centró su atención gastronómica en las cuatro especies de lapas que se encuentran en Canarias: lapa de pie negro ( Patella tenuis crenata ), lapa de pie blanco ( Patella ulyssiponensis aspera ), lapa curvina ( Patella piperata ) y lapa de sol o majorera ( Patella candei ), siendo quizá esta última la más consumida, debido a que frecuentaba la franja más alta de la zona de mareas o intermareal (mesolitoral superior) de las costas rocosas, especialmente en áreas no sometidas a fuertes oleajes. Un molusco que suele ser observado sobre la banda de sacabocados o clacas ( Chathamalus stellatus ). En Canarias, su posición en la zona de mareas se solapa con la de otras dos especies de lapas. Por debajo, se encuentra lapa de pie negro y, por encima, la lapa curvina o lapa de sol. Es la más grande de todas ellas, teniendo una concha muy alta comparada con las otras especies, aportando mayor biomasa.

Probablemente, la presencia del ostrero estuvo muy ligada a la lapa majorera, que en el pasado se encontraba en todas las Islas, tal y como muestra su abundancia en muchos yacimientos subfósiles, aunque en los concheros antiguos ya se presentaba en proporciones reducidas en comparación con las otras especies de lapas, apareciendo principalmente en los de las islas orientales. Pese a esto, hasta hace tres décadas menudeaban en la costa de Fuerteventura, donde eran recolectadas por los hombres de la mar con relativa frecuencia. Su distribución actual se restringe a algunas localidades de Fuerteventura, Archipiélago Chinijo y de las Salvajes, donde aún es abundante.

Esta relación convirtió al ostrero en un ave vulnerable ante el intensivo marisqueo, que se remonta a los antiguos isleños, como lo evidencia la presencia en los concheros repartidos por todas las Islas. Pero, la excelente calidad de la carne de las lapas, provocó que sus poblaciones disminuyeran rápidamente en la mayoría del Archipiélago, llegando a desaparecer de muchas localidades. Aunque en Fuerteventura y Lanzarote esta práctica en época precolonial debió de tener menos incidencia e impacto que en las islas occidentales, debido probablemente a una población humana más reducida, lo que pudo motivar que sobreviviera en estas islas hasta fechas más recientes.

Así, el uso humano de la costa hasta mediados del siglo XX, fecha en la que desaparece el ostrero unicolor canario, se limitaba a la pesca artesanal a caña desde tierra; al pardeleo o captura de pollos de pardela cenicienta ( Calonectris diomedea ) como recurso alimenticio; la construcción y explotación de salinas artesanales en la franja costera; la extracción y exportación de la cal; el cultivo de tomates y leguminosas en los terrenos fértiles cercanos a la costa; el marisqueo intensivo ya nombrado y todo un sinfín de acciones humanas vinculadas a pequeñas economías locales de subsistencia y limitada exportación interinsular, que mantuvo una población humana en pésimas condiciones de vida y aislamiento socioeconómico, agravada por los periodos de entreguerra y miserias de la época franquista.

El golpe de gracia sobre la especie lo asestaron los propios naturalistas y coleccionistas, que, al servicio de los grandes museos de historia natural del siglo XIX, recorrían fusil en ristre distintos lugares del planeta en busca de raras especies de flora y fauna, con el objeto de aumentar las numerosas y vastas colecciones científicas. De este modo, fue muy cotizado el ostrero canario a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De hecho, oportunistas locales ofertaban huevos y pieles de adultos en sus catálogos por cuantiosas cantidades de dinero de la época. Hoy en día, algunas de esas aves colectadas en las Canarias figuran entre las luctuosas colecciones científicas de prestigiosos museos, como el British Museum de Londres, etiquetadas con el rubro EXTINGUIDO. Una ‘extinción’ que representa la desaparición total de todos los ejemplares o individuos vivos de una especie, la liquidación de un taxón en todo el mundo, la pérdida para siempre de una forma de vida.

Chochín de la isla de Stephen(Xenicus lyalli)

El Xenicus de Lyall (Xenicus lyalli) era una especie de pequeño pájaro que vivía en la isla Stephen, situada entre las dos islas principales de Nueva Zelanda, y se extinguió a finales del siglo XIX.

Fue descrito en 1895 por Lionel Walter Rothschild, que se lo dedicó a D. Lyall, guardián del faro de la isla Stephen. Sobre este islote rocoso vivía esta especie y en ningún otro lugar. Se conocen en total 13 especímenes, que fueron todos llevados al faro por el gato del guardián. Aficionado a la ornitología, el guardián decide disecarlos y enviarlos a eminentes ornitólogos como lord Rothschild, que recibió ocho ejemplares. Desde entonces no se encontraron más ejemplares, por lo que este pájaro constituye un caso único en la historia de especie que se extingue casi al mismo tiempo de ser descubierta para la ciencia.

No se sabe nada de las costumbres ni de la reproducción de esta especie, aparte del hecho de que era incapaz de volar o al menos era reticente a hacerlo, lo que explica la facilidad del gato del farero a la hora de exterminarla.

La cebra de llanura, de los llanos,

de planicie o simplemente comun (Equus quagga, anteriormente Equus burchelli), es el tipo más común y extendido de cebra, una vez halladas en las llanuras y sabanas desde el sur de Etiopía a lo largo del África oriental, y tan al sur como Angola y la parte oriental de Suráfrica. La cebra de la llanura es hoy menos numerosa de lo que fue en el pasado debido a que las actividades humanas, tales como la caza -por su carne y cuero-, así como la reducción de su hábitat natural ha reducido su número, pero aún es común en ciertas reservas.

Características y comportamiento

La cebra de la llanura es de tamaño mediano, cuerpo ancho y patas relativamente cortas. Los adultos de ambos sexos tienen una altura de unos 1,4 metros y una longitud de unos 2,3 metros de largo; pesan unos 230 kg. Igual que las demás cebras, sus cuerpos están cubiertos por franjas negras y blancas, y dos individuos nunca lucen idénticamente iguales. Actualmente, se reconocen tres subespecies, además de dos ya desaparecidas. Todas tienen franjas verticales en la parte delantera del cuerpo, las cuales luego se tornan horizontales según se acercan a la parte posterior. Las especies norteñas tienen franjas más estrechas y definidas; las poblaciones del sur tienen un número más variado, pero menor, de franjas en la parte baja del cuerpo, las patas y la parte trasera. La primera subespecie en ser descrita, la Quagga, que ya se ha extinguido, tenía la parte posterior de color marrón, sin franjas.

Las cebras de la llanura son muy sociables y comúnmente viven en pequeños grupos compuestos por un sólo macho y una, dos o varias hembras con sus crías. Estos grupos son permanentes, y tienden a variar según el hábitat: en campos pobres, los grupos suelen ser pequeños. De vez en cuando, familias de cebras de la llanura se agrupan en grandes manadas de cebras y otras especies, especialmente el ñu y otros antílopes.

A diferencia de la mayoría de los ungulados del África, las cebras de la llanura prefieren, pero no requieren, hierba de poca altura para pastar. Consecuentemente, se extienden más que otras especies (por tener más campo), incluso en regiones boscosas. Frecuentemente, son las primeras especies en aparecer en zonas con abundante vegetación. Sólo después de que las cebras han consumido y pisoteado los pastos altos, entonces aparecen los antílopes y las gacelas. No obstante, para protegerse de los depredadores, las cebras de la llanura se retiran a áreas abiertas donde tienen buena visibilidad en la noche, y se turnan los momentos de guardia. Las cebras se alimentan de una gran variedad de hierbas, aunque prefieren las tiernas y jóvenes si las hay disponible; también comen hojas y tallos de vez en cuando.

Alca Gigante o Pinguinus impennis

La más grande de las alcas, también llamada alca imperial, gran pingüino o simplemente pingüino. Originalmente, la única ave que recibía este nombre (derivado del gaélico penwyn) era el alca gigante. Posteriormente, los marineros y exploradores de los mares antárticos (en su mayor parte británicos, norteamericanos y escandinavos) comenzaron a llamar también pingüinos a las aves no voladoras del hemisferio sur (hasta entonces conocidas como pájaros o patos bobos), debido a su fuerte parecido externo fruto de la convergencia evolutiva. El nombre científico del alca imperial es Pinguinus impennis.

Esta especie se encontraba difundida en la época romana a lo largo de las costas del Océano Atlántico, desde Florida a Groenlandia, Islandia, Escandinavia, Islas Británicas, Europa Occidental y Marruecos, viéndose también en todo el Mar Báltico y más raramente al oeste del Mar Mediterráneo.

Los ejemplares adultos tenían alrededor de un metro de altura. El plumaje era negro en las alas y la espalda, cuello y cabeza. A los lados de ésta destacaban dos manchas blancas (pen gwyn significa precisamente “cabeza blanca” en gaélico), del mismo color que el abdomen. Las patas eran oscuras y palmeadas, y el pico, usado para arponear peces bajo el agua, era muy robusto, razón por la cual los escandinavos la conocían como geirfugl o garefowl, que significa “ave lanza” en castellano. El rasgo más distintivo de estas aves era su incapacidad para volar, fruto de su adaptación al buceo. Formaban parejas que incubaban un único huevo extraordinariamente grande sobre los acantilados o las playas durante la época de reproducción.

Su incapacidad para volar y lo apetitoso de sus huevos y carne las hicieron unas presas perfectas ya en la prehistoria, como demuestran varios yacimientos paleolíticos. A finales del siglo XVI el alca gigante ya había desaparecido de la Europa continental y en América del Norte sólo abundaba al norte de Nueva York. Los naturalistas del siglo XVIII describen su sabor como atroz, pero parece que los marineros no tenían un paladar tan exquisito y paraban a menudo durante sus viajes para aprovisionarse de carne y huevos sobre todo. Cuando Linneo nombró la especie inicialmente como Alca impennis, en 1758, el alca gigante era un animal sumamente raro en Europa, incluso en islas del Mar del Norte donde un siglo antes abundaba. En 1790 se capturó un ejemplar en Kiel, lo que causó gran extrañeza por ser el único visto en el Mar Báltico en años. Hacia 1800, la especie ya se había extinguido en Norteamérica y su distribución se reducía a Islandia.

Sorprendentemente, mientras el ave se extinguía en el resto del mundo, las alcas abundaban por cientos en algunos lugares de Islandia, como la isla de Geirfuglasker, adonde se dirigían con frecuencia los marineros para aprovisionarse de carne, pero debían pagar antes la mitad de lo que lo que cazasen a las cercanas iglesias de Kyrkjevogr y Utskála, que controlaban el acceso a las rocas de la isla, azotada también por fuertes marejadas durante todo el año. Peligrosidad y poca rentabilidad mantenían a salvo a las últimas alcas gigantes, de tal manera que algunos años ni siquiera arribaba allí un solo barco. Su suerte cambió durante las Guerras Napoleónicas, cuando dos barcos arribaron allí en 1808 y 1813 (ésta última vez en plena época de anidación) y se cobraron cientos de aves y huevos, sin respetar los privilegios de las iglesias cercanas. Para colmo, un terremoto hizo desaparecer la isla de Geirfuglasker bajo las aguas en 1830. Las alcas imperiales emigraron a otros lugares de Islandia donde no se habían visto en años (y fueron cazadas igualmente), e incluso apareció una, casi muerta de hambre, en las costas de Irlanda. La Isla de Eldey, cerca de la desaparecida Geirfuglasker, se convirtió en el hogar de las últimas parejas supervivientes.

Un ave tan sumamente rara despertó entonces el interés de todos los coleccionistas europeos, que pagaron cantidades cada vez más desorbitadas por hacerse con una piel o un ejemplar disecado de alca gigante. En 1840, los marineros de la zona informaron de que la población había desaparecido después de varias expediciones furtivas. En 1844, Carl Siemsen, de Reykjavík, persuadió al pescador Vilhjalmur Hakonársson para realizar una última expedición a la isla, pues había oído que en Dinamarca ofrecían 100 coronas por un solo pellejo de alca gigante que pudieran encontrar. Hakonársson desembarcó en Eldey el 2 de Junio junto con otros tres hombres, y dos días más tarde consiguieron divisar entre las gaviotas una sola pareja de alcas en su nido. Las mataron y ya no se volvió a conocer la existencia de ningún otro ejemplar vivo.

Varios museos de Europa y Estados Unidos conservan plumas, huesos y huevos de alcas gigantes, especialmente de la “cosecha” de 1830-1831.

Garrio Azul

Sin informacion

Vaca marina de Steller(Hydrodamalis gigas, antes Rhytina gigas)

fue un enorme sirenio de 8 metros de longitud (hasta 10 en algunos casos) y de 4 a 10 toneladas, el mayor sirenio que ha existido jamás. Fue descubierta por la expedición rusa de Vitus Bering en 1741, y desde ese momento se convirtió en una presa codiciada por los marineros, que la cazaron en gran número hasta su extinción en 1768, apenas 27 años después de su descubrimiento.

Este enorme mamífero era un animal estrechamente emparentado con el dugongo (Dugong dugon) que habita actualmente en las costas del Océano Índico y parte del Pacífico desde Taiwán a Nueva Guinea. Al contrario que otros sirenios, la vaca marina de Steller era el único conocido que habitaba en aguas frías, aunque tenía el mismo temperamento excepcionalmente manso (hasta el punto de dejarse matar con facilidad) y se alimentaba también de una amplia variedad de algas. El registro fósil demuestra que durante el Pleistoceno hubo momentos en que su distribución se extendía desde las costas de Japón a las de California, pero a finales del mismo la especie quedó restringida a las islas Komandorskie, cerca de la Península de Kamchatka.

Las causas de su extinción están en la demanda humana de su carne, grasa y piel, de gran calidad. El naturalista alemán Georg Steller, que viajaba en la expedición de Bering, las describió de la siguiente manera:

La carne de los individuos adultos no se distingue de la de buey y la grasa… es… dura, glandulosa y blanquecina… cocida supera en suavidad a la mejor grasa.

La piel era tan resistente que podía usarse para revestir el casco de los buques, y la grasa y carne, además de gratos alimentos, se demostraron como potentes remedios contra el escorbuto debido a su riqueza en vitamina C. Las islas Komandorskie se convirtieron en un importante centro de cazadores de vacas marinas hasta la extinción del animal.

En años posteriores se comunicaron algunos avistamientos en las Komandorskie y otras islas cercanas, pero la existencia de este animal después de 1768 no ha podido ser probada nunca de forma fiable.

Dodo o dront (Raphus cucullatus, llamado Didus ineptus por Linnaeus)

era un ave no voladora de aproximadamente un metro de altura, con un peso que oscilaba entre 13 y 25 kg. Era originaria de las islas Mauricio, situadas en el Océano Índico, y se alimentaba de frutas. Su pico, particularmente por la forma, le permitía romper las cortezas de los cocos, y anidaba en el suelo.

Se piensa que evolutivamente surgió de palomas que migraban entre África y el sudeste asiático, por esto se trataba de una peculiar ave “áptera”, ya que en la ausencia de depredadores, hizo que esta ave no desarrollara su sistema muscular para el vuelo. Era un pariente cercano del solitario de Rodríguez, otra ave de las Mauricio que también se extinguió apenas un siglo después. Se cree que la paloma de Nicobar es el pariente más cercano todavía vivo.

El ser humano llegó a su hábitat en el siglo XVII. Las primeras noticias que en Europa se tuvieron del ave parecen datar de 1674; en 1681 un conquistador español llevó un ejemplar a Europa. Los descubridores portugueses llamaron dodo («estúpido» en el habla coloquial portuguesa) al ave por su torpeza y la facilidad con que podía ser cazada. También se la ha llamado dronte, una denominación algo más científica.

La llegada del hombre acarreó la propagación de nuevas especies a la isla, incluyendo cerdos, macacos cangrejeros, perros, gatos y ratas , la aparición de nuevas enfermedades y la propia destrucción de bosque, del cual dependía en gran medida la subsistencia del dodo. Se estima que el saqueo de sus nidos por parte de las nuevas especies tuvo un efecto más devastador que el de la caza. Como consecuencia se produjo la completa extinción de esta ave un siglo después de la llegada del ser humano a la isla.

Sir Thomas Herbert, el introductor de la palabra “dodo”, dedicó al animal en 1627 un dramático epitafio: “Tienen un semblante melancólico, como si fueran sensibles a la injusticia de la naturaleza al modelar un cuerpo tan macizo destinado a ser dirigido por alas complementarias ciertamente incapaces de levantarlo del suelo”.

dodo

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