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* El Ritual de Preparación del Ayahuasca


Ayahuasca es el nombre común que reciben tanto las plantas, como la bebida de ellas obtenida, pertenecientes a la familia Malpigiáceas.

La bebida que se prepara a partir de especies que contienen alcaloides con propiedades psicotrópicas, como la harmalina y la triptamina (dimetiltriptamina). El principal componente de la ayahuasca son trozos de tallos y hojas del yagé o bejuco de oro, planta trepadora de nombre botánico Banisteriopsis caapi (Spr. ex Briesb.), perteneciente a la familia Malpigiáceas (Malpighiaceae). Como componentes se encuentran combinados otras especies como Psychotria carthaginensis, P. viridis, Justicia pectoralis y Tetrapteriis methystica, las cuales permiten asimilar y potenciar la actividad de Banisteriopsis caapi.

Hoffman y Schultes, botánicos que estudiaron la flora de la cuenca del Amazonas, señalan otras especies como componentes secundarios entre las que se encuentra el tabaco y la datura; algunas de estas fórmulas según Schultes son altamente peligrosas, en especial, la mezcla con plantas solanáceas de los géneros Datura y Brugmasia.

Los componentes de este brebaje comprenden varios alcaloides de conocidas propiedades psicotrópicas: la triptamina (dimetil triptamina), d-tetrahidroharmina, harmalina y la harmina. Su combinación y dosis forma parte de las fórmulas particulares de los brujos ayahuasqueros que la elaboran. Esta bebida alucinógena se prepara en Brasil, Perú, Ecuador y otros países de la cuenca del Amazonas, donde se encuentran las plantas que lo componen. Esta combinación de plantas se toma bebida, sin embargo, existen preparados que se fuman debido a que la triptamina se asimila mejor de esta manera.

Banisteriopsis caapi y las otras plantas secundarias de la fórmula de la ayahuasca contienen un alcaloide intensamente investigado por el etnólogo chileno C. Naranjo, denominado Harmalina. Este alcaloide parece permitir la asimilación del triptófano consumido por vía oral y tiene de por sí propiedades pscotrópicas. Por ello, ambos se encuentran en el complejo preparado de la ayahuasca.

La harmalina tiene la propiedad de extender el efecto de la dimetiltriptamina (DMT) más allá de las seis horas, ya que en estado puro este alcaloide produce un efecto fulminante muy rápido pero que desaparece a la media hora aproximadamente (tal como se ha observado en experiencias de laboratorio con los alcaloides aislados introducidos por vía venosa). Curiosamente, las dosis de Harmalina o dimetiltriptófano, que para los humanos son pequeñas, resultan letales para ratones y otros animales de laboratorio. Lo cual indica lo inoperante de la experimentación con animales, al menos en el caso de las sustancias psicotrópicas

El término ayahuasca proviene del Quechua que se habla originalmente en Perú y Bolivia. Está compuesto por la doble raíz aya que significa ‘espíritu’ y huasca que significa ‘vino’, por lo que literalmente viene a significar ‘bebida del espíritu o alma’. El término yagé o yaqué significa ‘viña de los muertos’. Estas denominaciones indican el potencial psicotrópico que poseen estas plantas consideradas mágicas y sagradas en sus lugares de origen.

En otras regiones del mundo se preparan tradicionalmente bebidas similares a la ayahuasca, que han sido rebautizadas como Ayahuasca de Norteamérica, la cual se prepara con semillas de Peganum harmala y raíces de Desmanthus illinoensis. En Australia se utiliza una acacia Acacia complanata y otras especies del mismo género que contiene dimetiltriptofano; con ellas preparar una bebida conocida como acaciahuasca.

La ayahuasca es una bebida que produce potentes alucinaciones y un curioso efecto en la vocalización y emisión de sonidos, ya que afecta a los músculos faciales, los cuales producen una vibración de la cual es consciente la persona que se encuentra bajo los efectos de la ayahuasca. Ha sido descrito como un sonido interior que brota en forma de canto.

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Historia

En el museo Etnológico de la Universidad de Quito se conserva un vaso de piedra grabado con ornamentaciones que sugieren la planta del yagé. Este vaso pertenece a la cultura de Pastaza del ecuador y está datada entre 500 a.C. y 50 d.C., lo cual indica teóricamente una antigüedad de más de dos mil años para este ceremonial.

La primera referencia de la que se tiene noticia se debe al geógrafo ecuatoriano Manuel Villavicencio, quien en 1858, describió el yagé, uno de los sinónimos de la ayahuasca. Villavicencio describió la sensación de volar con el yagé y explicó que los indios utilizaban la planta para hacer preguntas sobre situaciones difíciles de la colectividad.

Los exploradores occidentales que exploraron la cuenca del Amazonas se encontraron con la costumbre de ciertos pueblos indígenas que consumían una bebida denominada yagé. El botánico inglés Richard Spruce identificó la planta fundamental del yagé en 1851 y escribió sobre ella en Notes of a Botanist on the Amazon and Andes. Spruce padeció en las selvas disentería y malaria, a las cuales sobrevivió.

En1923 se presentó una película de la ceremonia de la ayahuasca ante la Asocoación Farmacéutica Americana (American Pharmaceutical Association). En 1963, apareció publicado el primer libro sobre la experiencia de la Ayahuasca: Cartas sobre el yagé (The yagé Letters) escrito por los teóricos de la generación “Beat” William Burroughs y Allen Ginsberg.

Claudio Naranjo, un antropólogo chileno se internó en las selvas llevando ciertas dosis de LSD, que ofreció a los indígenas como una medicina. Los indios le enseñaron a cambio varias plantas y ente ellas el vino del alma, la ayahuasca. Sus experiencias fueron escritas en The Healing Journey y publicadas en 1967.

Bruce Lamb publicó en 1971 Brujos del alto Amazonas (Wizard of the Upper Amazon), en el cual narró la historia real de un ayahuasquero, Manuel Córdoba Ríos, en el que se explica como utilizan los indios Amahuaca del Perú la ayahuasca para cazar y curar y las visiones de animales y transmisión telepática que utilizan en el trance.

En 1972, Marlene Dobkin de Ríos, profesora de antropología un la Universidad del estado de California, conoció los rituales en Perú y superó el tabú fuertemente arraigado en la tradición de que el ritual y la bebida del yagé estaban vedadas a las mujeres, su experiencia ha sido un avance en el conocimiento de la cultura del yagé

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Ritual de preparación

El consumo de la ayahuasca va precedido de una preparación tradicional que incluye un aislamiento sexual y una dieta vegetariana y de pescado. Supuestamente esta preparación puede durar más de un mes. Se escuchan y aprenden las canciones que los chamanes recitan para atraer el espíritu de las plantas que componen la ayahuasca. Estas canciones se denominan ícaros.El Chamán que prepara la ayahuasca en Brasil va colocando capas alternadas de hojas y tallos de la planta Banisteriopsis caapi y de otras hojas o trozos de planta en el fondo de un recipiente nuevo de barro al tiempo que entona canciones pidiendo a la planta trepadora con marcas de serpiente para que ceda sus hojas y dé fortuna.

Las plantas que el chamán combina con la planta principal de la ayahuasca forman parte de la fórmula de cada chamán; las plantas más utilizadas corresponden al propio género Banisteriopsis, o bien, a especies de los géneros Psychotria, Justicia y Tetrapteriis, como se ha descrito más arriba.

El chamán llena la olla de hierbas hasta la mitad y vierte agua recién recogida y pura; coloca el cazo en un fuego de brasas para que todo entre en una lenta ebullición. Esto puede tomar varias horas hasta que el agua se haya evaporado, aproximadamente a la mitad. El preparado se deja en maceración durante un tiempo. A continuación, se retiran cuidadosamente las hojas y se vierte el líquido, que es verdoso y ligeramente espeso.

El contenido de la olla se vierte en copas nuevas de barro y se tapa cuidadosamente con paños hasta el momento de su consumo. Este ritual siempre va acompañado de cantos de la ayahuasca y puede durar de uno a tres días, al final de los cuales el oficiante reúne a las personas que invita a tomar parte y forma un círculo con ellas; reparte las copas a cada participante para que las tomen en medio de cantos, todo ello rodeado por los sonidos de la selva amazónica.

Este tipo de rituales colectivos se realizan en otras regiones de américa, ya que existe una antiquísima tradición de reuniones colectivas cuyas pautas son comunes: se realizan cantos en los que se habla con la planta para que entre en los participantes y para ahuyentar a los malos espíritus que por doquier acechan, como los rituales de San Pedro o los mitotes del peyote oficiados por los huicholes de México.

Las primeras visiones que produce la ayahuasca son eminentemente colectivas y se refieren a animales, como gatos o tigres, fácilmente identificables por los participantes pero siempre de una manera colectiva, ya que la ayahuasca requiere y representa la comunión de los miembros del grupo. El papel que juega la ayahuasca en la colectividad indígena es de lazo de unión en un mundo de contenidos del subconsciente colectivo y permite el reforzamiento de los lazos sociales, psíquicos y emocionales del grupo. Tradicionalmente, los participantes son los varones que van a cazar o a conseguir alimento para la colectividad.

La ayahuasca reproduce también historias pasadas que se encuentran en la memoria colectiva o individual, como si fueran acontecimientos reales, tal como ocurre en las representaciones oníricas. Las personas que han tomado esta combinación de plantas perciben las imágenes comunes como transmisión de pensamiento o telepatía y las visiones interiores de los demás como la energía (positiva o negativa) que rodea los participantes.

Estas visiones pueden llevar al conocimiento y percepción intuitiva del estado del cuerpo propio o ajeno, por lo que los curanderos la han utilizado tradicionalmente para curar. Las reuniones para el trance de la ayahuasca derivan en una catarsis individual y colectiva que el oficiante debe saber como controlar, ya que cada individuo se enfrenta a los contenidos de su propio subconsceinte no en estado no de represión, como ocurre en el estado consciente, sino en un estado de liberación catártica mediante la ayahuasca. Los estados anímicos provocados por el afloramiento se muestran con actitudes de miedo, agresión u otras formas que el ritual con sus cantos encauza cuidadosamente.

Los Yurupari realizan el rito de la pubertad con la ayahuasca de una manera bien distinta; aquí la catarsis desencadena los demonios y los jóvenes se golpean violentamente hasta que caen bañados en sangre; sin embargo, la pauta general de los ayahuasqueros se dirige a la curación y a provocar y guiar con los cantos que resultan especialmente impactantes en el estado de la ayahuasca.

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