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La batalla en la que los Tercios españoles aplastaron y conquistaron Portugal


Historia Militar / 435º Aniversario de Alcántara

El pasado 25 de agosto de 2015 fue el 435 aniversario de la batalla de Alcantara, el periodico ABC hizo un interesante directo de como habría sido la batalla. A continuación os relatamos la sucesión de actos.

Agosto 1578

Cuando en 1578 Sebastián I de Avís perdió la vida en una demencial incursión por el norte de África, Felipe II –emparentado con la dinastía portuguesa por vía materna– desplegó una contundente campaña a nivel diplomático para postularse como el heredero a la Corona lusa, que fue asumida brevemente por el Cardenal-infante don Enrique hasta su muerte.

«El reino de Portugal lo heredé, lo compré y lo conquisté», aseguraría Felipe II años después. El rey prudente contaba con el apoyo de buena parte de la nobleza portuguesa y el beneplácito de las potencias europeas (más bien resignación), pero el levantamiento popular promovido por Antonio, el Prior de Crato, hijo bastardo del infante Luis de Portugal, obligó al Imperio español a iniciar las operaciones militares.

Ficha

Aquel bastardo que quería ser Rey

Aquel bastardo que quería ser Rey


Hijo ilegítimo del duque Luis de Beja –hermano del Rey Juan III de Portugal– y de una hija de judíos conversos, don Antonio también fue capturado en la batalla de Alcazarquivir donde murió Sebastián I. A su regreso a Portugal, el prior de la orden de San Juan de Jerusalén reclamó el trono, pero las cortes portuguesas nombraron Monarca a su tío, el anciano cardenal Enrique. Don Antonio conspiró en las sombras para postularse como el heredero de Enrique, del cual nadie esperaba que tuviera descendencia, pero Felipe II presionó para que no se considerasen en serio sus aspiraciones al ser un hijo bastardo. Sin apenas apoyos entre la nobleza portuguesa –favorable al Rey de España–, el Prior de Crato se alió con Francia e Inglaterra para levantar un ejército. Confiando en que recibiría el apoyo popular, se autoproclamó Rey en su fortaleza de Santarem con el nombre de Antonio I, cuando las tropas españolas ya habían iniciado las operaciones militares.

Enero de 1580

Pero… ¿Por qué se había iniciado la batalla por la corona lusa? En la batalla de Alcazarquivir (1578) falleció Sebastián de Portugal, el instigador de una demencial incursión cristiana en África, y prácticamente la totalidad de la nobleza de armas lusa, entre muertos y prisioneros. Portugal quedaba herida de muerte y Felipe II, que había enviado tropas a Alcazarquivir al frente del militar y poeta Francisco de Aldana, aprovechó el contexto para elevarse como el principal aspirante a la Corona. Pero no era el único candidato:

Felipe II era hijo de Isabel de Portugal, la hija mayor del Rey Manuel I (abuelo de Sebastián).
Ranuccio Farnesio de Parma, de 11 años, hijo de la primogénita de Eduardo de Avís, el hijo menor del Rey Manuel I. Siendo Alejandro Farnesio –el padre de Ranuccio– sobrino de Felipe II y uno de sus principales generales, nadie defendió sus derechos.
La Emperatriz María de Habsburgo, hermana de Felipe II.
El Duque Manuel Filiberto de Saboya, el general victorioso de Felipe II en la batalla de San Quintín, era hijo de Beatriz de Portugal, la hija menor de Manuel I.
La Duquesa Catalina de Braganza era la segunda hija de Eduardo de Avís.
El Infante don Antonio, prior de Crato, era nieto por vía masculino de Manuel I, pero era hijo bastardo de Luis de Avís.

Con la muerte del Cardenal-infante don Enrique –senil y demasiado mayor para tener un hijo– se precipitó una carrera por el trono de Portugal que Felipe II no estaba dispuesto a perder. Había comenzado una guerra, y el «Prudente» hizo llamar a una buena parte de sus Tercios.

Mayo de 1580

Para tan delicada tarea, y ante la insistencia de la nobleza castellana, Felipe II rehabilitó al Gran Duque de Alba, que se encontraba en Uceda (Guadalajara) desterrado de la corte desde hace un año. A sus 72 años y encamado a causa de la gota, Fernando Álvarez de Toledo se puso al frente de una operación relámpago que terminaría en menos de ocho meses. Por el camino, el veterano general recuperó su celo en que las operaciones salieran sin la menor quiebra.

duque-de-alba--146x1103 de junio 1580

En un día 13, característico por su mal fario en el calendario, Felipe II se desplaza a Badajoz para pasar revista al glorioso ejército que, al mando de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel -III Duque de Alba- se dispone a invadir Portugal.


El monarca, que ocho años después pondría al mundo patas arriba con la formación de la «Grande y felicísima armada», se maravilla ante la vista del ejército que avanzará sobre sus enemigos para hacer valer su derecho al trono. En su fuero interno, el cincuentón sabe que Antonio de Portugal -Prior de Crato- la ha montado buena tomando el poder en tierras lusas, pero espera poder tener el dominio de la región dentro de poco y conseguir así la ansiada unidad de la Península.


Para conquistar Portugal, Felipe II ha organizado una fuerza expedicionaria formada por tres contingentes con los que lanzarse sobre el Prior de Crato y llegar hasta la mismísima Lisboa. La primera, la del Duque de Alba, será la más cuantiosa y avanzará desde Extremadura a través del Alentejo. La segunda, dirigida por Don Álvaro de Bazán, partirá desde Sevilla con órdenes de molestar lo máximo posible a los enemigos por mar. Finalmente, la tercera estará al mando del Duque de Medina Sidonia y debería ocupar el Algarve.

13 de junio 1580

Por el contrario, el ejército de Felipe II se enfrenta a enemigos más peligrosos como las epidemias (un extraño «catarro» que se llevó a la muerte a decenas de soldados, según narra William S. Maltby en su obra «El Gran Duque de Alba»), la falta de moral de sus hombres debido al calor, y el abrupto terreno que hizo que muchas carretas de bueyes acabasen destrozadas sobre la tierra. Sin embargo, se mantiene estoico con un solo objetivo: llegar hasta Lisboa para enfrentarse al Prior.

26 de junio 1580

Felipe II ha dado su visto bueno a las tropas. El ejército sale hacia Portugal ansioso de dar un buen susto al Prior de Crato, quien -por cierto- se había hecho nombrar rey por sus partidarios el día 20.


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Las tropas que partieron hacia Lisboa

Aunque se desconoce el número exacto de soldados que partieron junto al Duque de Alba, se hace una primera estimación (ofrecida el catedrático en Historia Enrique Martínez Ruiz en su obra «Los soldados del rey») de 23.900 soldados de infantería, unos 1.300 a caballo y 57 piezas de artillería.

En lo que respecta a la infantería, el ejército del Duque de Alba abandonó la patria con (aproximadamente) los siguientes soldados:

Tercios de infantería española. 16.200 hombres.+

  • Tercio de Nápoles.
  • Tercio de Lombardía.
  • Tercio de Rodrigo Zapata.
  • Tercio de Martín Argote.
  • Tercio de Luis Enríquez.
  • Tercio de Antonio Moreno.
  • Tercio de Gabriel Niño de Zúñiga.
  • Tercio de Pedro de Ayala.
  • Tercio de Francisco Valencia.

Tercios de infantería italiana. 4.200 hombres.

  • Tercio de Próspero Colonna.
  • Tercio de Carlos Spinelli.
  • Tercio de Carlos Caraza.

3.500 infantes alemanes del regimiento de Don Jerónimo Lodrón.

Además, el Duque de Alba seleccionó un reducido grupo de caballería para la contienda con el objetivo de abaratar el coste de la campaña (pues es más caro alimentar a un hombre y a un animal, que únicamente a un infante). Así pues, salió para Portugal 12 compañías de Guardas Viejas de Castilla (846 jinetes) y 7 compañías de caballos ligeros (otros 400).

Finalmente, movilizó 57 piezas de artillería entre cañones de gran calibre, medios cañones, medias culebrinas, falconetes y esmeriles.

En cuanto a los oficiales, el Duque otorgó el mando de la caballería a Hernando de Toledo (su hijo) y a Francés de Álava el de la artillería. Como «maese» de campo general, el líder estableció a Sancho Dávila con el objetivo de organizar los lugares en los que «se hubiera de alojar, estar y residir toda dicha infantería y caballería en cualesquier partes»

En los dos meses siguientes, el Duque de Alba toma varias ciudades portuguesas sin apenas combatir. Su mera presencia y la de los Tercios tras de sí es factor suficiente para desmoralizar a los lusos, que se dan por vencidos antes incluso de recibir un arcabuzazo.

13 de junio

En los dos meses siguientes, el Duque de Alba toma varias ciudades portuguesas sin apenas combatir. Su mera presencia y la de los Tercios tras de sí es factor suficiente para desmoralizar a los lusos, que se dan por vencidos antes incluso de recibir un arcabuzazo.

Por el contrario, el ejército de Felipe II se enfrenta a enemigos más peligrosos como las epidemias (un extraño «catarro» que se llevó a la muerte a decenas de soldados, según narra William S. Maltby en su obra «El Gran Duque de Alba»), la falta de moral de sus hombres debido al calor, y el abrupto terreno que hizo que muchas carretas de bueyes acabasen destrozadas sobre la tierra. Sin embargo, se mantiene estoico con un solo objetivo: llegar hasta Lisboa para enfrentarse al Prior.

27 de julio

Una vez tomada la región costera de Outao, a unos 60 kilómetros de Lisboa, el Duque de Alba reúne a sus oficiales para decidir la mejor forma de acometer la conquista de la plaza fuerte. Finalmente, se decide que el plan de actuación será embarcar al ejército en la flota de Álvaro de Bazán y llegar hasta Cascais, al oeste de Lisboa. Desde allí, el ejército marchará bordeando la costa y tomando a la fuerza las posiciones de San Julián y la Torre de Belém (las dos fortalezas más destacadas de los lusos en el camino hacia la ciudad)

Ubicación de Cascais:

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30 de julio

La flota de Bazán cumple su primer objetivo al llegar a Cascais por mar. El Duque de Alba desembarca junto a sus soldados y procede al asedio de la ciudad. Pisa tierra en una de las primeras oleadas y, tras ser preguntado por la posibilidad de morir al no quedarse en retaguardia, se limita a decir: «Hay que dejar algo a la fortuna cuando no existe el riesgo»

Las galeras de Álvaro de Bazán

bazan--480x270Para acompañar las operaciones terrestres, Felipe II puso al veterano Álvaro de Bazán al frente de una flota de al menos 59 galeras procedentes sobre todo de las Armadas de la Península Itálica y de la Armada Real de las Galeras de España.

Desde su participación en Lepanto, Bazán se había convertido en un héroe de la cristiandad y un experto en operaciones anfibias. Sus órdenes eran llegar a Setúbal a tiempo de suministrar víveres a las tropas del Duque de Alba y, juntos, conquistar las fortificaciones portuguesas en la desembocadura del Tajo con el objetivo de aislar Lisboa.

Las galeras de Álvaro de Bazán, que incluían los tercios embarcados de Rodrigo de Zapata y Martín de Argote, cumplieron con su tarea asignada y fueron tomando una a una las fortificaciones remontando desde el sur.

El veterano marino, además, consiguió capturar varios galeones portugueses, la mejor flota oceánica del mundo. Esos 11 gigantescos galeones de altura, de entre 700 y 1.000 toneladas, servirían para vertebrar las fuerzas españolas en la batalla de islas Terceiras y más tarde en el malogrado ataque de Inglaterra en 1588

1 de agosto

Cascais cae tras un asedio de dos días. Diego Meneses, el portugués encargado de defender la ciudad por orden del Prior, es encontrado dentro, escondido. Alba no muestra piedad y le cuelga. En las jornadas posteriores, la región es saqueada hasta los cimientos por los Tercios

8 de agosto

Tras una marcha de menos de una semana, el ejército de Alba llega hasta San Julián de Oeiras, 12 kilómetros al este de Cascais, desde donde habían partido. Alba tarda tres días en tomar la región, la cual es considerada la entrada natural por mar hasta Lisboa. Si quiere que la flota de Bazán le ayude en la posterior toma del corazón de Portugal, no puede hacer más que conquistarla. Los Tercios le secundan y la región cae en manos españolas

23 de agosto

10 días después de tomar San Julián de Oeiras, los Tercios conquistan la Torre de Belem. Sin esta fortaleza, el camino hacia Lisboa está libre. ¡Santiago y cierra España! El objetivo de Alba está a tiro de piedra. Durante ese día, el Duque inicia el camino hacia el río Alcántara (ubicado inmediatamente al oeste de Lisboa)


 

El Prior de Crato ya ha llegado a Lisboa y empieza a reunir soldados para enfrentarse a los españoles. A su vez, guiado por los consejos de sus generales, decide presentar batalla fuera de los muros de la ciudad, a orillas del Alcántara, para así aprovechar las ventajas estratégicas que le ofrece

Tras reconocer la ciudad y percatarse de que su enemigo está formando un ejército, el Duque de Alba sitúa a sus hombres en la margen derecha del río.

Hospital de campaña y epidemias

reina-anna--480x270Conocedor de los problemas de higiene que se podían ocasionar en una campaña militar del siglo XVI, Felipe II ordenó, en un alarde logístico fuera de lo común en ese periodo, que se creara un hospital de campaña y no se descuidara el abastecimiento de las tropas.

Sin embargo, lo que no pudo evitar es que las enfermedades asaltaran su propia comitiva. Mientras el Rey seguía el transcurso de las operaciones desde Badajoz, la Reina Anna y muchos de los cortesanos murieron de una epidemia de catarro, e incluso Felipe II enfermó de gravedad.

Cuando el 5 de diciembre de 1580 montó en caballo para entrar en su nuevo reino vestido de herreruelo, los cronistas observaron que «manifestaba en el color de su rostro lo que la soledad y enfermedad le causaban» y en su ánimo estaba de luto.

24 de agosto

Durante la tarde, el Duque se reúne con los capitanes de caballería y los «maeses» de campo. A lo largo de varias horas, les informa del plan para acabar con el ejército de Don Antonio.

A su vez, les recuerda que Su Majestad no quiere excesos con la población civil en el caso de que se venza al enemigo y se tome la ciudad. Al fin y al cabo, la idea es atraer a los ciudadanos portugueses (muchos de los cuales odian a España, todo sea dicho) para que sean posteriormente buenos súbditos de Felipe II. Según explica Antonio de Escobar (un vecino de Valladolid que, además de luchar del lado español, lleva un diario de lo sucedido) el de Alba está confiado de su victoria


 

La reunión ha acabado. Antes de despedir a sus oficiales, el Duque ordena que todo lo dicho en aquel «consejo de guerra» sea puesto por escrito. Antes de disolver la tertulia, Alba se encomienda al apóstol Santiago.

Finalmente, se despide de sus oficiales y establece que «pongan en buen orden a su gente con todas las demás cosas que fuesen convenientes para la ocasión».

En esta misma tarde, el Duque de Alba empieza a mover las piezas de este macabro y sangriento juego. Durante la noche, sus soldados se dedican a aullar y a hacer disparos al aire para asustar a las ya acobardadas fuerzas del Prior de Crato

10:34

¡Comienza el día de la batalla!

25 de agosto

Aproximadamente a las tres de la mañana del 25 de agosto, el Duque de Alba se despierta y escucha misa. El día promete. La conquista de Lisboa está solo a unos metros de distancia.

Las tropas se arman

Ahora le toca el turno a la infantería. Los soldados de los Tercios se atan la espada al cinto, mientras que los arcabuceros cogen el «recado» y hacen acopio de munición. La lucha va a comenzar

Dos horas antes de que amanezca. Un solitario jinete recorre el campamento. Con una trompetilla, llama a los soldados a caballo a armarse, a formar sus unidades y, finalmente, a seguir al abanderado de su unidad hacia el campo de batalla

Así era el campo de batalla

mapa-alcantara--480x270El lugar donde acaeció la batalla fue a ambos lados del río Alcántara, una pequeña corriente de agua ubicada inmediatamente al oeste de la ciudad de Lisboa. Concretamente, la contienda se sucedió en la desembocadura de este arroyo en el Tajo (cerca de la cual había, además, un puente de dimensiones considerables). Sus aguas eran escasas durante la mayoría del año y, cuando las tropas de Alba llegaron –en pleno agosto- la cuenca estaba casi seca.

La orilla en la que se situaron los defensores contaba con una serie de trincheras construidas por los portugueses -con mucho acierto- a la derecha del puente. Y es que, fueron edificadas inmediatamente después del lecho del río. Este sencillo hecho hacía que los españoles que pretendieran cruzarlo se tuvieran que enfrentar a una doble dificultad. En primer lugar, subir la pendiente de arena creada por la erosión del agua y, en segundo término, superar las defensas ideadas por los lusos. A la izquierda de la pasarela, casi a orillas del Tajo, se ubicaban varios molinos de viento. Finalmente, a una ligera distancia tras el río se destacaba un olivar.

De la orilla desde la que atacaron los españoles poco hay que decir, salvo que contaba en su flanco izquierdo con unas pequeñas colinas que permitieron protegerse, en un principio, a las fuerzas del Duque cubrirse de la artillería enemiga

Esquema del campo de batalla:

alcantara_1Fuerzas de combate

Alba tenía bajo su mando 18.000 infantes, entre 1.000 y 1.500 jinetes, y 18 piezas de artillería. «Los demás que el exército tenía del Duque los havia dexado de presidio en los pueblos y castillos que hasta allí habían sido ganados, y muchos d’llos que havian muerto de enfermedad», destaca de Escobar.

A su vez, contaba con la ayuda de la flota de Bazán, que avanzaba por el Tajo (a la derecha de su posición) dispuesta a acabar con las naves que defendieran Lisboa. Estaba formada por unas 60 galeras y 25 barcos menores.

Puedes ver las tropas totales salieron de España en la ficha previa: Las tropas que parten hacia Portugal (más abajo)


 

El Prior de Crato (como cabeza visible) y el conde de Vimioso (como general) dirigían a los siguientes soldados:

10.000 infantes. A pesar de que era un número considerable, la mayoría eran (según explica Cesáreo Fernández Duro) campesinos, presos salidos de las cárceles a la fuerza y soldados bisoños.

-Aproximadamente 70 «moros» al mando de Muley Nacer.

-Una fuerza de jinetes formada por 2.500 soldados.

22 piezas de artillería. Entre ellas, destacaba una de gran calibre que los portugueses llamaban «El tiro de dios». De 21 pies de largo, este «armatoste» había sido capturado por los lusos en una batalla acaecida en las Indias.

-Una flota de 14 navíos. Nueve de ellos galeones dirigidos por Gaspar Brito, y cinco galeras bajo la dirección de Diego López de Sequeyra.

ESPAÑA

Llegado el día de la batalla las fuerzas españolas expanden sus líneas para así aprovechar su superioridad numérica. Y es que, según pensaban, llegado el momento este despliegue les permitiría flanquear a un enemigo que, por falta de efectivos, debería concentrar más a sus hombres.

A la izquierda de la línea española, bastante al norte, se ubica la caballería española al mando de Fernando, el hijo del Duque de Alba. Su objetivo sería atravesar el molesto riachuelo por un lugar en el que no hubiese enemigos. De esta forma, se evitarían bajas innecesarias y no tendrían que cargar colina arriba por las cuestas de tierra.

En el centro y parte del flanco derecho, el Duque de Alba comanda a seis Tercios de infantería española (entre ellos, los de Nápoles y Lombardía) y a los alemanes del regimiento de Don Jerónimo Lodrón. Sin duda, es una de las posiciones más fuertes de los asaltantes. En palabras de Antonio de Escobar, la mayoría de los militares optan por ubicarse tras algunas elevaciones del terreno para así evitar que los cañones enemigos les manden al infierno.

Finalmente, en el flanco derecho se destacan los soldados italianos.

La artillería, por su parte, se ubica frente a los infantes, ocupando buena parte del flanco derecho

Portugal

Por su parte, los portugueses hacen un despliegue sencillo, pero –en principio- sumamente eficaz. En su flanco derecho (frente al izquierdo de Alba) ubican a parte de su infantería, bien pertrechada en las trincheras excavadas tras el río.

El centro queda reservado para el resto de sus combatientes a pie (los cuales protegían también el puente) y para los jinetes lusos. Todos ellos, ubicados al abrigo de un olivar cercano para no ser vistos por los cañones del Duque. Frente a estos soldados, a su vez, están las piezas de artillería del Prior dispuestas a repartir disparos por doquier entre los Tercios.

El flanco izquierdo (frente al derecho español) lo toman para varias compañías de arcabuceros, las cuales se protegen en los molinos de viento cercanos a la desembocadura del Tajo para molestar lo más posible a las tropas de Felipe II. La batalla va a comenzar.

¡FUEGO!

Según Antonio de Escobar, bien entrada la mañana comienza la contienda. En palabras del cronista, los primeros en disparar son los portugueses. Desde la orilla contraria del Alcántara, las tropas de Alba observan como varias bolas metálicas cruzan el cielo. Una de ellas cae al suelo y rebota, acabando en su camino con tres soldados y un alférez del Tercio de Nápoles. Este, sin vida, deja caer la bandera de la unidad, que es recogida inmediatamente por otro combatiente. El balazo se salda, además, con otros cuatro contusos. Como respuesta, la unidad cierra filas.


 

Ha pasado media hora, la artillería de Don Antonio sigue cercenando las vidas de los leales a Felipe II a base de zurriagazos. Parece que el Prior se siente confiado, pues ordena a sus tropas que salgan de sus escondrijos tras los olivares. Los soldados de Alba le imitan.


 

Al ver a los portugueses, Francés de Álava, al mando de la artillería española, da la orden de fuego. Así comienza, como un baile de truenos, la descarga de los de Alba aproximadamente a las seis de la mañana.

Destierro del III Duque de Alba

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Los consejeros de Felipe II se mostraron unánimes al recomendar al Rey que fuera el veterano Duque de Alba, de 72 años, quien encabezara la campaña portuguesa. Intimidado por sus consejeros, Felipe II volvió a llamar a Fernando Álvarez de Toledo al servicio activo tras casi 7 años alejado del frente y desde hace un año desterrado en Uceda, Guadalajara.

«Sois el único monarca de la tierra que sacáis de la prisión a un general para daros otra corona», afirmó el Duque, que por su edad y causa de la gota debía trasladarse en litera en todo momento. La caída en desgracia del Gran Duque tuvo como fondo la mala relación entre el Rey y el noble tras ser relevado del mando en Flandes y como detonante el comportamiento del hijo y heredero del castellano. Fadrique dio promesas de matrimonio a Magdalena de Guzmán, dama de la Reina Ana de Austria, pero no las cumplió, lo que le costó el arresto y encarcelamiento en el Castillo de La Mota, en Medina del Campo (Valladolid), aunque fue puesto en libertad al poco tiempo.

En 1578 Felipe II ordenó reabrir el proceso contra Fadrique, en el transcurso del cual se descubrió que a fin de evitar su boda con la reclamante, Fadrique se había casado, por tercera vez, en secreto y por poderes con María de Toledo, hija de García Álvarez de Toledo, valiéndose de una autorización emitida para tal fin por su padre el Duque de Alba. Fadrique quedó confinado en su prisión, en el Castillo de la Mota y su padre fue desterrado de la Corte, por un período de un año, de donde partió al exilio a Uceda con la prohibición de salir de la población


 

Los primeros proyectiles han caído sobre la posición de Don Antonio, causando pavor entre sus poco aguerridos defensores. En palabras de Antonio de Escobar, «una bala de cañón llega incluso a pasar a escasos metros del Prior», cuyo caballo no puede evitar dar un respingo y un bufido.

Portugal

La caballería portuguesa responde al fuego. Al menos, así lo explica el cronista español: «La caballería portuguesa a este tiempo baxava por unas laderas de los olivares donde habían estado emboscados, los quales trayan cantidad de arcabuceros a caballo, y escaramuzando daban su carga a nuestra infantería y luego se volvían a subir por donde havian baxado, y se tornaban a emboscar por hazer otra carga, y desta manera peleavan sin parar, alsando grande alarido»


 

Animados por el desconcierto, los oficiales de Alba dan la orden de ataque. Así, gritos de ánimo mediante, el Tercio de italianos de Próspero Colonna (formado por 1.940 soldados al salir de España) pone sus picas en ristre y se lanza a la carga. Su objetivo: pasar el puente de Alcántara y arremeter contra los portugueses hasta obligarles a retirarse


 

Tras un tiempo interminable de intercambio de arcabuzazos, comienza el frío baile de aceros, y a cargo de un Tercio italiano. La batalla es cruenta y los lusos, faltos de entrenamiento, ceden un poco al principio.

¡¡El prior carga!!

Sangre, picas, espadas… Todo eso se sucede en el puente de Alcántara, frente a una Lisboa desde la que los ojos de cientos de personas de agudizan para discernir lo que frente a ellos se sucede. En esas, el Prior se percata de que sus combatientes flaquean y, llamando a la resistencia, se lanza él mismo a la carga contra el Tercio de Colonna.

¡¡Retirada!!

La valentía del Prior ha logrado aumentar la moral de los defensores del puente. Tras minutos de encarnizada lucha los portugueses han logrado que el Tercio italiano se retire hasta en dos ocasiones. Por su parte, desde los molinos, los arcabuceros colaboran para que los hombres de Colonna tengan que abandonar sus posiciones… ¡El primer revés de España!


 

¡Atención! Cuando todo parece perdido para los hombres de Colonna, llegan en su ayuda los soldados alemanes al mando de Lodrón. Armas en ristre, logran detener la matanza a la que están sometiendo los portugueses a los italianos y evitan el desastre

Sobre la leyenda del regreso de Sebastián I

Sobre la leyenda del regreso de Sebastián I

Incluso Felipe II intentó persuadir a su primo Sebastián de Portugal de que no acudiera a una cruzada en el reino de Marruecos. No hubo manera de conseguirlo. El Rey contestó a la llamada del sultán Muley Ahmed pidiendo ayuda para recuperar su trono perdido y organizó una expedición militar. Al frente de 17.000 soldados, el portugués perdió la vida en la conocida por los marroquíes como la batalla de los Tres Reyes, dado que además de Sebastián murieron los dos sultanes que se disputaban el trono de Marruecos.

El hecho de que los restos del Monarca nunca fueran encontrados dio lugar a la leyenda de carácter mesiánico de que el Rey regresaría algún día a salvar a su pueblo de sus males. Valiéndose de la leyenda, varios farsantes intentaron hacerse pasar por Sebastián. El primero de ellos fue el llamado Rey de Penamacor, que terminó sirviendo en galeras como castigo. En 1585, un tal Matheus Alvares pagó con su vida la farsa de nombrarse Rey aprovechándose del parecido físico, e incluso llegó a acumular un amplio séquito. Por su parte, el español Gabriel de Espinosa, «el Pastelero de Madrigal», se hizo pasar por Sebastián a pesar de tener 60 años, cuando el soberano en esos años habría tenido 40.

Cruzan el rio

Mientras los alemanes socorren a los italianos en el puente, una compañía de arcabuceros del Tercio de Antonio Moreno (ubicados en el flanco derecho español, frente a los molinos) están cruzando el río sin que los defensores puedan impedirlo. Apenas se han percatado de ello debido a que estaban disparando sus armas contra el bullicio acaecido en el puente.


 

¡Ya están en su destino! Contra todo pronóstico, estos aguerridos soldados han llegado hasta la otra orilla y, ahora, están apoyando con su fuego a las tropas del Duque de Alba que tratan de desbaratar la defensa portuguesa en el puente. Además, han conseguido expulsar a los arcabuceros ubicados en los molinos

PUNTO CLAVE

La suerte está echada. El Duque de Alba cree que debe presionar a los lusos en el puente y ha ordenado enviar dos Tercios más, entre ellos el de Martín Argote. ¡Picas al cielo soldados!


 

El conde de Vimioso no se queda atrás. Es partidario de que la contienda se va a decidir en el puente de Alcántara y manda a la refriega a las tropas que se ubican en su flanco derecho, que queda levemente desprotegido. Su finalidad no es otra que expulsar de una santa vez a los de Alba y evitar que crucen por el puente

Tablas

El centro está bloqueado, nadie es capaz de tomar el puente de Alcántara y más tropas llegan en ayuda de la que están combatiendo a pica y espada por preservar el lugar y sus vidas

Aparece Dávila

¡Increíble! Cuando todo parecía en tablas, Sancho Dávila ha cruzado el río por el flanco izquierdo español (el derecho portugués) con 2.000 hombres entre piqueros y arcabuceros. Ha aprovechado el momento justo, cuando estaba más desprovisto de defensores. El Prior no puede contener su asombro. Puede ser el movimiento que decida la lucha.

Ceden Terreno

Parece que la superioridad de las tropas del Duque de Alba comienza a notarse, tanto a nivel numérico (lo que ha permitido hacer este magistral movimiento de flanqueo) como en calidad, pues el puente sigue todavía disputado y los Tercios presentes en él siguen presionando al enemigo a base de sangre y sudor.


Ante la imposibilidad de mantener el frente, el ejército portugués comienza a retirarse hacia las trincheras. Esperan defenderse hasta la muerte en las posiciones


«¡Por Santiago!¡Por la Magdalena!¡Arremeta ahora la caballería!». La voz del Duque de Alba ha resonado por todo el campo de batalla. A su orden, la caballería al mando de su hijo avanza por el flanco izquierdo del río, ya sin oposición, dispuesta a acabar con los portugueses que tratan de retirarse ordenadamente hacia las trincheras

Final

Al ver a Hernando de Toledo –hijo del duque– y sus jinetes, la desbandada es general. La batalla ha terminado, y aproximadamente a las once. El terreno pertenece a las tropas del Duque de Alba, que tendrán que enterrar a 500 de sus compañeros

Consecuencias de la batalla

Con la contienda finalizada y 2.000 fallecidos portugueses en la campiña cercana a Lisboa, todo estaba decidido. El Duque de Alba no tuvo problemas posteriormente para imponer su poder en la ciudad, a pesar del odio a los españoles que se respiraba en la zona. Por su parte, Portugal rindió pleitesía a Felipe II, que fue coronado rey en marzo del año siguiente, logrando así la ansiada unión de la Península. Al menos, hasta 1640. El Prior Antonio trasladó el combate al terreno naval con la batalla de la isla Terceira, perdiendo con igual estrépito y viendose obligado a pasar el resto de su existencia en el olvido.

Nuevo lema

 

El mundo no es suficiente para Felipe II

Tras la unión de coronas en 1580, Felipe II asumió un nuevo lema «Non sufficit orbis» (el mundo no es suficiente), en clara referencia al emblema de su padre «Plus ultra» («Ir más allá»). Cabe mencionar que al principio del reinado, había empleado otros lemas y divisas como es el caso de la famosa «nec spe nec metu» (Ni por esperanza ni por miedo). La unificación de la península ibérica puso en manos de Felipe II el Imperio portugués, es decir, la mayor parte de los territorios explorados del Nuevo Mundo además de las colonias comerciales en Asia y África, entre ellas Filipinas y Angola. No en vano, el Rey se cuidó en mantener en manos portuguesas el comercio de esas regiones y la estructura del Imperio portugués para no despertar los recelos de sus nuevos súbditos.

 

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