La historia la escriben los ganadores… y los historiadores, supongo – Sir Winston Churchill
Historia

¡Apaga y Vámonos! – Saber Historia

diciembre 2, 2018

¡Apaga y Vámonos! – Saber Historia

Supongo que todos conocen el dicho que encabeza la entrada. Según nos explica el gran “Diccionario de la Real Academia Española (RAE)”, es empleado al conocer que una cosa toca a su término o al oír o ver algo muy absurdo, disparatado o escandaloso, de este modo abandonando un problema insoluble.

Sin dudas, determinar el origen de un dicho como este, o la veracidad de ciertas historias antiguas es bastante complicado; sin embargo, las leyendas son bonitas de narrar y aún más de hoy. Con esto quiero decir, que no hay confirmación certera de la historia que sigue a continuación, pero eso no nos impide disfrutarla.

José María Sbarbi y Osuna.

Dicho esto, este dicho tiene sus orígenes en una competencia entre dos religiosos que aspiraban a la plaza de capellán castrense. Según escritos de José María Sbarbi y Osuna (1834-1920), sacerdote, crítico y erudito gaditano, recopilador y analista de refranes, adagios y locuciones proverbiales, el suceso tuvo lugar en Pitres, un pueblo de la Alpujarra granadina, término municipal que se conoce con el nombre árabe de La Tahá, y que se alza a orillas del río Bermejo.

El caso es que esta historia nace, como decía más arriba por dos sacerdotes. Ambos aspiraban a la plaza de capellán castrense, y decidieron realizar una apuesta. El fin de esta apuesta era el de ser capaz de decir la misa con mayor brevedad. Cabe aclarar que las misas se daban al mismo tiempo en lugares distintos aunque se podía divisar el otro sector desde donde estaba cada uno de los sacerdotes.

Llego el momento de la misa, y el uno de ellos, comenzó con su misa, pero en lugar de usar la fórmula inaugural de la liturgia, Introibo ad altare Dei, abrió la ceremonia por el final y dijo: Ite missa est (Lo que equivaldría a decir “Hemos celebrado la Misa. Podéis ir en paz”).

Al oír el segundo de qué manera comenzaba su competidor con la eucaristía, decidió que él podía ser más pícaro y que no se dejaría ganar tan fácilmente. Con esto en mente se volvió hacia el monaguillo que lo acompaña y le dijo: “¡Apaga [las velas] y vámonos!”.

Ni que decir que el segundo se llevó el premio.

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